Salud y Sexualidad

Una historia invertida


Doren Roa

Entre pícaros comentarios con amigas (os) se me ocurrió cómo sería una historia invertida sobre el tema abordado en ese momento de estruendosas carcajadas.
Conversábamos ni más ni menos de las peripecias que hacen los hombres, quienes a pesar de convivir con sus mujeres, hacen de las suyas fuera de casa.
Visita a los burdeles, entradas madrugadoras a casa con aliento alcohólico y a cigarrillo, entre otras cosas más a las que los hombres, según ellos, por el solo hecho de serlo, tienen derecho. Pero, si las mujeres fueran quienes tomaran esas actitudes, ¿cómo sería la historia? Veamos.
Ellas en los bares nocturnos
Qué bonito sería que las mujeres luego del estresante y cansado trabajo se fueran con sus colegas a echarse unas ricas y heladas cervecitas a un buen bar nocturno. Estando ahí, entre “chelas” y el humo del cigarrillo, se les ocurre aventurarse a una pasadita de cartas apostando la quincena.
Y así, sin más, salen sin dinero, borrachas, hediondas a cigarro y muy de madrugada agarran camino a casa. ¿Qué dirían sus maridos, novios o compañeros de vida por tal comportamiento? Aquí es donde habrá reclamos, porque no hay para el gasto de la casa.
Ellas en un local “Sólo para damas”
Con esto sí que les da un derrame… hay pocos o mejor dicho, casi cero locales de esta categoría para damas en la capital, y menos aún en departamentos.
Pero imaginarlo no cuesta nada. Imaginate que hay tantos lugares “Only for ladies” como prostíbulos, donde algunos se van de parranda y hacen de las suyas a espaldas de la respectiva señora de la casa.
En el caso de las mujeres, ahí en medio de hombres bien formaditos, músculos y cuerpazos con poca ropa; nosotras nos dispondríamos a pasarla muy bien en su compañía.
Es aquí donde debés tomar medidas preventivas que no interrumpan tu quehacer: celulares apagados, disposición activa, ropa sensual y platita en mano: ¡a la carga!
Pero al llegar a casa “se arma la de San Quintín” porque su celoso cónyuge está como fiera enjaulada por la entrada al hogar a las tres de la mañana, por el aliento alcohólico y por la carita de felicidad que trae la susodicha…
Ellas en una disco ligando
De pesca. Sus maridos en casa y ellas con un grupazo de “amigochas” ligando con cuanto hombre se les ponga enfrente, y éstos preguntándoles: ¿Tenés novio? ¿Estás comprometida? ¿Sos casada? Le preguntan los “cazados”. “No”, responden ellas a tan indiscreta pregunta… “solterita y sin compromiso”, agregan.
Al fin se la pasan bailando, gozando y toqueteando al susodicho que le entró al jueguito y según creyó, ¡ya la hizo!, pero el cuento acá tiene otro matiz, porque recordá que ésta es una historia invertida… ¡ellas mandan!
Ellas en la cama
Y bueno, ya que estamos refiriéndonos a la fantasía de “poder” hacer lo que a ellas se les venga en gana, igual sería en la cama. Cuando ella sienta ganas, el hombre debe estar dispuesto y bien atractivo con sus tangas o mini boxer. Nada de negativas, aunque estén cansados por el trabajo y demás pormenores.
Sin embargo, al terminar la jornada sexual, lo óptimo para ella es darse la vuelta y recetarse una bien merecida siesta por tanta labor sexual… pues sin duda ella decidió cuántas veces, cuáles posiciones y dónde hacerlo.
¿Verdad que se ve bonito y antojado? ¿Por qué no? Si ellos pueden, ¿por qué nosotras no? Lo único que nos hace falta son ganas, pero desgraciadamente la cultura machista en nuestro país es tal que las mujeres nos reprimimos, pero sin duda ellos desconocen ese término.
Digamos no a la frustración y tené en cuenta que fantasear a veces no hace daño y, además, no te mete en problemas, pues queda sólo entre tu conciencia y vos.
Si te interesa que aborde sobre éste y otros temas de interés, podés hacérmelo saber a la siguiente dirección: droa@elnuevodiario.com.ni que con gusto atenderé tus comentarios y/o solicitudes... de temas. Hasta la próxima.