Salud y Sexualidad

Los detalles

Ya en el auto, Estelí le salta encima, lo besa, muerde, exprime y enloquece a besos, luego se detiene

Jove

Se llama George --dice Estelí el primer nombre que se le ocurre a las chicas para evitarse la verdad, aunque una de ellas ya lo conoce y la lógica implacable de "no es el hombre perfecto", pues no hay hombres perfectos, acaso piezas de hombre, retazos de piel que de noche en noche se aman; un par de ojos, una sonrisa, un trasero ejercitado, y claro, un gesto amable y desinteresado, pero de ahí en más, todos los hombres son iguales.
¿Huele rico? --se mantiene Julia en su guión de que un hombre ideal se reconoce por el olor.
Es limpio --responde Estelí-- pero lo que me gusta de él es... es…
Está bien dotado --afirma Margarita fiel a lo que ella realmente le importa; un hombre bien dotado que conozca los secretos del amor, cualesquiera que éstos sean no es realmente importante, es un asunto estrictamente fetichista.
No...
Pobrecita --se burla Margarita del sujeto, no de la amiga.
Es decir, todavía no hemos llegado a esa parte de la relación.
Ahhh, ¡qué lindo!, un hombre que se toma su tiempo --observa románticamente Julia.
O alguien con alguna disfunción --dice Margarita.
O gay --afirman al unísono Julia y Margarita.
No, no es gay, es simplemente un hombre que se toma su tiempo, además, es bien detallista. Ayer me trajo una flor, pasó horas eligiendo una sólo para mí.
¿Una flor? ¡Qué lindo!
Es un avaro.
Que amargada que estás Margarita --afirma ya molesta Estelí.
... Es cierto, es que el Bobby me dejó plantada... otra vez.
Lo siento amigas, quedé de verme otra vez con él esta noche, así que esperen mañana los sucios detalles.
Estelí abandona el bar, está entusiasmada con el George, de él lo quiere todo, bueno, casi todo, un compañero para estos años difíciles de su vida, alguien con quien pueda relajarse y ser ella, un hombre para quien no debe ser siempre una princesa. George tiene eso que le gusta en los hombres: cuida su imagen, es intelectual, seguro de sí mismo (usa camisas moradas) y la escucha.
Estelí decide invitarlo a una cena romántica, si bien no tiene idea de lo que es una cena romántica, imagina que debe ocurrir en un restaurante italiano, con meseros tocando música napolitana y mucho espagueti. George come poco, deja su plato casi completo.
¿No te gustó la comida George?
Está excelente, pero las cosas buenas de la vida hay que disfrutarlas en pequeñas cantidades.
Pero esta pasa es excelente.
Sí, ésta... pero mañana sentirás en los rellenos de los costados la pasta.
¿Qué?
Las cosas buenas de la vida hay que disfrutarlas en pequeñas cantidades, Estelí --le dice George, filosóficamente. Está claro que en ese momento el asunto de las pequeñas cantidades ya no le parece entretenido, y empieza a sospechar que el pensador le ha dicho gorda --por eso te di una sola rosa, una docena serían demasiadas, no disfrutarías la belleza de la rosa entre tantas rosas similares.
George, qué profundo sos --apunta Estelí en un sarcasmo imperceptible para George.
Ya en el auto, Estelí le salta encima, lo besa, muerde, exprime y enloquece a besos, luego se detiene.
¿Por qué te detienes? --pregunta confundido George.
Las cosas buenas de la vida, George, hay que disfrutarlas en pequeñas cantidades, si continuamos con esto no disfrutarás el hecho que te di unos besos que casi te vuelven loco y empezarás a odiar mis besos.
No, te juró que no.
Adiós George, más vale tener y perder, que nunca tener --Estelí se baja del auto a esperar un taxi que la lleve a casa.
En realidad nunca fui buena en filosofía, George.