Salud y Sexualidad

Una tentación irresistible

La curiosidad mató al gato. Así se refieren cuando nos tiramos a la calle del chisme, la curiosidad y la inspección rutinaria, cuando metemos nuestros hocicos en casos y cosas que no nos competen o en otras situaciones donde no estamos autorizados para hacerlo.

Doren Roa

La irresistible tentación de espiar a tu pareja es una pulga que se pasea por toda nuestra anatomía. Sin duda, al ser humano por naturaleza le fascina ser “testigo Masaya” y así soñar que alguna vez somos parte de la CIA o el FBI y podemos tener a nuestro alcance las herramientas para darnos cuenta hasta del minuto en que nuestro tormento respiró y hacia dónde miró.
Billeteras o carteras mal parqueadas, celulares al alcance, papeles sueltos, igual a “¿registro o no registro?” He aquí la curiosidad. Pero como en el pecado está la condena, lejos de enterarnos de algún secreto, esto más bien nos llena de dudas y ansiedades.
Viviendo con Sherlock Holmes
Toda relación estrecha inspira pánico. Uno de los grandes desafíos que debe llevar adelante una pareja que convive es lograr el equilibrio entre los espacios comunes y los propios, respetando esferas fuera del “somos dos”. Claro que el mundo privado del otro sin mí produce ciertos calambres.
En la actualidad está de moda “juntarse” con tu novia (o), quienes viven cada quien por su lado hasta que toman la decisión. Luego de unos cuantos meses empieza la vida “junta, pero no revuelta” y es ahí donde se instalan las dudas y desconfianzas.
¡Pero, ojo! Es importante conocer las reglas del juego. Respetar la intimidad del otro.
Hasta que llega el día en que ella va a llegar tarde, él buscando un libro se encontró con un “sospechoso” sobre y es ahí donde la “pulguita” hace su acto de aparición. O por el contrario, el dejó abierto su e-mail, o se le olvidó el celular donde guarda mensajes de texto y registro de llamadas recibidas.
¡Malditos celos!
Ese gusanito que provoca cosquilleo y de paso te hace experimentar temblores, terremotos y tormentas eléctricas a la existencia: los malditos celos, dirían las rancheras. Ésos que te hacen querer saber adónde anda, con quién está, de qué habla, por qué no te ha llamado, quién le escribió, de quién es ese número telefónico que anotó en su libreta… ¡Uff! Demasiado estresante, ¿no?
Finalmente llega por la noche el (la) inocente autor (a) de nuestros absurdos desvelos, mientras se cambia de ropa, busca sus chancletas para ponerse cómodo (a), se acerca y con toda naturalidad nos cuenta su día, pero por dentro nos lleva la que nos trajo imaginándonos escenas pasadas de tono en donde empezamos a sentirnos incómodos y a la vez desconfiados.
Aprendamos a confiar
Es mejor hablar “claro y pelado” cuando se trata de lidiar en pareja. No es sano andar por el mundo viviendo una vida ajena: la de tu pareja.
Y, ¿qué hay de la tuya? ¿Acaso no vale la pena vivirla? Además tené en cuenta que tu pareja podría conservar datos de alguien del pasado que no ha desechado por diversos motivos: olvido, falta de importancia o tal vez le sirven para alguna cosa fuera del romance.
Por otra parte, no es sano mantenerte encima del quehacer de él o ella, porque puede ocasionarte un colapso nervioso, vértigos y mala digestión. Proponete darle su espacio a tu “peor es nada”, igual dale confianza y comunicale lo que te gusta o no te gusta que haga por la relación.
Y un último consejo: es mejor nunca poner el ojo en el mundo privado de un hombre o una mujer, porque siempre, inevitablemente, se nos mete una basurita en la mente o en los ojos.
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