Salud y Sexualidad

Antidepresivos fracasan como terapia

La anorexia registra una de las tasas de mortalidad y suicidio más altas de todas las enfermedades psiquiátricas

Chicago/ AFP
La prescripción de antidepresivos para tratar la anorexia, un desorden alimenticio que afecta en general a mujeres jóvenes, no ayuda a reponerse de la enfermedad ni a evitar recaídas, según un estudio publicado en Estados Unidos.
"Los hallazgos actuales, unidos a estudios publicados antes, indican que la práctica común de prescribir antidepresivos no genera un beneficio sustancial para la mayoría de pacientes con anorexia", afirmó Timothy Walsh, autor principal del estudio publicado en el Journal of the American Medical Association.
Obsesionadas por adelgazar
La anorexia nervosa, nombre médico de la dolencia, ocurre cuando una persona se niega a mantener el peso normal mínimo para su edad y estatura. Este desorden alimenticio afecta principalmente a mujeres jóvenes obsesionadas con estar delgadas.
En los países desarrollados, al menos una de cada 200 mujeres ha experimentado alguna forma de anorexia.
Esta dolencia registra una de las tasas de mortalidad y suicidio más altas de todas las enfermedades psiquiátricas, según información citada en el informe.
Poco efectivo
El tratamiento de este desorden también es en general poco fructífero: del 30% al 50% de los pacientes precisan ser nuevamente hospitalizados en el correr del año siguiente a la recuperación del peso adecuado.
La ansiedad y depresión que se le asocia a la anorexia también ha llevado a tratamientos con diversas drogas, aunque muchos estudios demostraron que no evitaban las recaídas.
Este último estudio se realizó en 93 mujeres de entre 16 a 45 años, quienes volvieron a su peso normal luego de ser hospitalizadas.
Las pacientes recibieron 12 meses de terapia conductual cognitiva y algunas fueron medicadas al azar con un placebo o el antidepresivo fluoxetina, popularmente conocido como Prozac y que parece ayudar con la bulimia nervosa, otro desorden alimenticio.
El estudio no halló casi diferencias entre las que tomaban un placebo y las que tomaban el antidepresivo.
"Estos datos implican que los esfuerzos terapéuticos deben dirigirse a intervenciones psicológicas y conductuales que han mostrado alguna evidencia, aunque modesta, de eficacia", según los autores del estudio.