Salud y Sexualidad

Para qué tener hijos

Ésta es una muy buena pregunta para reflexionar sobre cuál es nuestra intención de traer hijos al mundo, si luego no los vamos a querer

Muchos padres tienen hijos por accidente, otros porque los planificaron y los desearon, contaron con ellos en el proyecto de vida al contraer compromisos e integrar una familia.
Como haya sido, se asume que los hijos no han tenido más opción que nacer, no se les pide permiso para traerlos, es una decisión personal y única de los padres.
La responsabilidad
Pero bien, nuestros hijos son responsabilidad nuestra, y como tal, hay que ocuparse de ellos en sus necesidades materiales y satisfacerlos, también proporcionándoles el amor, protección y educación, entre otros elementos básicos.
Esto es harto sabido, sin embargo, existen miles de padres que abandonan a sus hijos. Los dejan a la madre y nunca más los vuelven a ver, como si de objetos se tratara.
Los padres ausentes son aquellos que, aún estando con ellos, no se ocupan ni se preocupan, son indiferentes. Nunca tienen tiempo para los hijos, el trabajo los consume, y “en casa hay de todo, nada les hace falta”. La indiferencia mata.
Otros “dizque” son buenos padres porque les pasan y dicen: “Yo les ayudo (como si de caridad se tratara), les llevo la provisión, les pago el colegio”, mas no saben que es su responsabilidad. Ven el proveer como el único papel al ser padre.
Consecuencias
Hay algunos padres que pasan a tener nuevas parejas, para que no intervengan en su nueva relación, dejan a los hijos con familiares, ya sea la abuelita, con una tía, o algún otro familiar, pasando a sustituir a la madre o al padre. Pero sepan: ¡nadie los sustituye. Nadie se despoja de los hijos, como quien se deshace de algo que estorba o como una carga que no pueden llevar!
Otros se escudan de que la abuelita le quitó al hijo, aprovechando que hay abuelitas que siguen haciendo el papel de mamá, cuando son los padres los llamados a educar, a amar, a estar con sus hijos, que es su responsabilidad. No me refiero a casos especiales donde la ayuda y la colaboración de los familiares resulta necesaria.
Pareciera que a los hijos los consideran seres insensibles, impensantes. Mientras tanto, los hijos traducen la actitud de sus progenitores como que su persona no vale nada, que no importa, y ponen en la balanza el menosprecio destruyendo su autoestima. Formándose una persona llena de incapacidades, desprovistos del cariño elemental que sólo los padres pueden dar.
Este tipo de actitud irresponsable crea grandes inseguridades, ansiedad, angustia en el muchacho o muchacha que desesperadamente quiere se llegue ese día anhelado de reencontrarse con sus padres.
En su espera se va gestando el sentimiento de rechazo, de abandono. Esto se llama trauma psicológico.
Las reacciones se pueden traducir en rebeldía, depresión, deseos de morir, desmotivación por los estudios. Posteriormente, la sociedad los acusará de malcriados, exigentes, desobligados, malagradecidos. No formemos a desadaptados, antes de tener un hijo pensemos antes en el daño que le haremos a un ser humano por nuestro egoísmo e irresponsabilidad.


LIC. LEDIA GUTIÉRREZ LANZAS,
PSICÓLOGA CLÍNICA
CONSULTORIO PSICOLÓGICO “MENTE SANA”
REPARTO BELLO HORIZONTE B II 84
TELÉFONOS 2490536 Y 8122460
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