Salud y Sexualidad

El buen nombre de la familia

Sólo la sala es habitable, en medio hay un colchón, y en las sábanas se siente el aroma del sexo salvaje y despreocupado

Jove

- Tu padre está hospitalizado --anuncia Lidia con vos metálica e indiferente a Margarita--, yo tengo que quedarme en Miami un par de días --culmina con el mismo tono indiferente y cuelga para no escuchar a Margarita pasar del asombro al temor de perder a su progenitor.
Durante todos los años de matrimonio, Margarita siempre apostó a que la tradición granadina les obligaría a permanecer juntos, para salvar el buen nombre familiar.
Su padre no dejaría a su madre enferma mientras él cierra un negocio, y hasta antes de la llamada telefónica de Lidia, que nunca aceptó lo de mamá, estaba segura que siempre estarían juntos en la salud y enfermedad, en los buenos y malos momentos, pero toda esa reflexión no le sirve para nada con su padre enfermo, en alguna cama de hospital abandonado a su suerte.
El doctor le explica, intenta explicarle, que la mitad del cuerpo se le paralizó, que son cosas posibles para un hombre de su edad, quizás una impresión bien fuerte... usted vaya a saber por qué uno empieza a morirse de casi cualquier cosa a cierta edad, incluso una gripe le abre la tumba a la más sana de las personas.
Papá, papá, no puede hablar, apenas parpadea con un gesto sorprendido y llora, sin consuelo, no puede contar su tragedia, y aunque pudiese, no se atrevería, "de esas cosas sólo los mayores hablan".
Margarita no puede ver a su padre en ese estado, sabe que sin Lidia va a morirse, compra el primer boleto a Miami y se va en busca de la madre, sabe que para gente tan tradicional lo más importante es la familia, debe encontrar a su madre y convencerla de que la gente habla de esas cosas.
Pero Lidia no está en la residencia, ni en el condominio de la playa, tampoco en el hotel. Margarita visita a las amigas de Lidia, ellas se niegan a hablar, "de esas cosas sólo los mayores hablan", hasta que al fin, cuando cae de rodillas llorando, una de las señoras se compadece y le pasa en un papel una dirección. Margarita se confunde, la dirección está en medio de un barrio conocido por su mala fama, pero se va en busca de su madre.
Encuentra la casa, está casi en el piso, y Margarita no puede imaginar que alguien viva ahí, menos que su madre visite el lugar, y no se sorprende al encontrar la casa sin llave. Sólo la sala es habitable, en medio hay un colchón, y en las sábanas siente el aroma de sexo salvaje y despreocupado, su madre duerme con una sonrisa en los labios complacida, va a salir y se encuentra de frente con un adolescente, en calzoncillos.

- ¿Chica, y tú quién eres?
- Margarita.

- ¡Vieja! --grita el hombre-- vino tu hija a buscarte.