Salud y Sexualidad

Altos y bajos en una relación lésbica


Leyda Rosales tenía 17 años cuando su hermano mayor la encontró en brazos de otra mujer, inmediatamente lo hizo del conocimiento de toda familia y, después, de los vecinos. Desde entonces asegura que “estaba preparada para todo lo que estaba por venir”.
“Yo era chavala, pero mucho antes de que yo anduviera con la Martha --su pareja-- los vecinos, como siempre, me molestaban, me decían machorra, los chavalos me enamoraban por fregar. Yo siento que la gente siempre supo sobre mi orientación”, dijo Leyda.
Cuando su madre se enteró dio cuatro gritos al cielo y dos más al infierno, asegura Leyda. Avergonzados de la situación, su familia resolvió echarla de la casa sin nada en mano.
“Pasé toda la tarde en un parque, hasta que vi pasar a la Martha y ella me llevó al cuarto que alquilaba, ahí me quedé hasta el día de hoy”, agregó.
Poco importó que el cuarto de alquiler quedara a pocas cuadras del hogar de donde Leyda fue expulsada. Asegura que muchos “chismosos” pasaban a cada rato para ver en qué condiciones vivía.
Vivir para contarlo
Leyda asegura que todos los malos ratos que pasó sirvieron para reforzar más su amor por Martha. “La gente creía que por sus chismes me iba a separar, pero fue al contrario, ella --su pareja-- era mi apoyo en ese momento.También aseguró que podría contarlo una y mil veces, pero no es lo mismo que vivirlo.
Cuando ambas compartían el cuatro no pudieron faltar los insultos. La pareja fue objeto de burla por parte de las personas conocidas.
“Por la casa había una venta y algunos decían andá compra allá por donde las cochonas”, recuerda. Sin embargo, con el tiempo todo fue formando parte de la rutina y aunque las ofensas no desaparecían, por fortuna disminuyeron.
Separadas, pero no por falta de amor
Actualmente Leyda tiene 23 años. Su pareja es ocho años mayor, aunque hoy están separadas, no porque el sentimiento que las une haya acabado, sino por la crisis laboral de nuestro país. A pesar de todas las ofensas que recibieron, Leyda asegura no arrepentirse: “Hoy me considero muy feliz, mucho más que antes de conocerla a ella y si me dieran la oportunidad lo volvería a hacer, porque no me importa lo que la gente diga, si lo hacés o no, la gente vive encima de uno”.
Apoyo psicológico
Aunque la pareja jamás optó por buscar apoyo psicológico para continuar encarando las adversidades, ellas supieron cómo hacerlo. Fueron víctimas de lo que Aura Lacayo, Comunicadora de la Fundación Xochiquetzal (FX), llama “machismo y patriarcado”. Ambos factores son los que impiden, según Lacayo, expresar libremente la sexualidad.Para contrarrestar la discriminación y el rechazo, al igual que otras organizaciones no gubernamentales de apoyo, la Fundación Xochique-tzal, a través de terapia grupal, brinda charlas y capacitaciones sobre los derechos a defender, cómo y cuándo salir del anonimato.
Fundación Xochiquetzal está ubicada en Ciudad Jardín, de la ITR 1 ½ cuadra al sur.
Según Aura Lacayo, a las participantes se les recomienda salir del anonimato paulatinamente, porque “hay múltiples factores en juego, está la familia, los amigos y el miedo de lo que pasará después (…) es un proceso lento, hasta que tengan el valor de decir: “Sí, yo soy lesbiana”
Enfrentar la discriminación y el prejuicio es la tarea más difícil, sin embargo, el elemento clave para poder enfrentarla es conociendo sus derechos y defenderlos ante la sociedad. De hecho, quien discrimina viola uno de los derechos inherentes de la humanidad. Cada caso es distinto y cada mujer tiene algo distinto que contar.