Salud y Sexualidad

Viviendo con un misógino

Para entrar en este tema, primero hay que recordar que la misoginia es una tendencia a la aversión, que puede ser patológica o no, a las mujeres

La misoginia forma parte de los patrones culturales de muchas sociedades, donde el rol de la mujer siempre está supeditado exclusivamente al hogar y la reproducción, y toda actividad por fuera de esto sólo es justificada si conforma una extensión de su actividad maternal.
La relación con un hombre misógino no es realmente satisfactoria, ni para él ni para su compañera. Sin embargo, la que sufre más es la mujer.
El tremendo desequilibrio de fuerzas que hay entre ellos, y que a ella tanto daño le hace, los mantiene a ambos encerrados, es una trampa de dos. Siempre que entre dos personas se establece una relación íntima se produce cierta polarización y, por consiguiente, un desequilibrio de fuerzas.
Acaparando el poder
En las relaciones sanas, el poder va y viene de uno a otro, de manera que cada miembro de la pareja tiene, en algún momento, más poder que el otro. Cuando el hombre es misógino, sin embargo, se da una relación donde solamente él tiene el poder, sin que éste se desplace jamás a la mujer.
Tanto el misógino como su compañera han aprendido en la niñez a ver el mundo en función del poderoso y el desvalido, y a considerarse a sí mismos débiles e inferiores. Sin embargo, en la vida adulta el hombre da la impresión de fuerza, porque es quien arremete, ataca e intimida, en tanto que la mujer aparenta ser débil, en la medida en que lo aplaca y cede a sus exigencias. Pero lo que se manifiesta hacia el exterior no es necesariamente lo que está sucediendo por debajo de la superficie.
El atractivo del misógino
Con frecuencia nos sentimos atraídas hacia una pareja que actúe, es decir, que traduzca en acción aquellos sentimientos que nos resultan más incómodos.
Ésta es una de las formas en que encuentran expresión los sentimientos que nos avergüenzan.
Por ello, a muchas mujeres les atraen los misóginos: son hombres que parecen poderosos, agresivos, dinámicos, y capaces de dar cauce a su enojo siempre que les place.
Si desde niña la mujer se ha sentido incómoda con su propia cólera y le ha tenido miedo, verá en el misógino a alguien capaz de expresar por ella algunos de sus sentimientos coléricos.
Él, a su vez, se siente profundamente avergonzado de sus carencias y su desamparo. Una de las razones de que se sienta atraído por su compañera es que ella puede expresar por él algunos de sus sentimientos de vulnerabilidad.
Cuando ella expresa estas emociones, el misógino tiene de ellas una experiencia de segunda mano.
Además, al controlarla a ella, puede tener la sensación de que domina al muchachito asustado que él mismo lleva oculto dentro de sí.
Estas atracciones, lo mismo que los intercambios furtivos de sentimientos ocultos, no tienen lugar en el ámbito de lo consciente y, sin embargo, este intercambio que impulsa al misógino y a su pareja a conducirse en la forma en que lo hacen cuando están juntos es una poderosa fuerza subyacente en la relación de ambos, una relación irracional.

Lic. Ledia Gutiérrez Lanzas
Psicóloga
Consultorio Psicológico
Mente Sana
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