Salud y Sexualidad

El callejón

Después de salir negativa en los resultados médicos, Estelí se fue a celebrar con sus amigas, y de paso se encontró un semental criollo

¿Y si es verdad que Dios juega a los dados? --piensa Estelí mientras espera el resultado del análisis de sangre-- ¿dónde los lanzará?
En algunas noches, cuando pierdo la cuenta de los tragos, me encierro en el baño, espejos en mano, para encontrar ese número secreto que Dios echó sobre mí.
Es, una y otra vez, mi piel como reloj de arena desgastándose en el tiempo. Son mis esperanzas decoloradas que gritan desde alguna parte “tenías 20, ya no tienes 20, el tiempo de las rosas se fue para nosotras” --prosigue Estelí a la espera del papel que la Condena-- la doctora sonríe, es un gesto de solidaridad.
- Tengo el resultado de sus pruebas --dice la doctora sonriente con una voz propia de las terminales de aeropuertos--, es negativo. La doctora queda a la espera que Estelí salte de felicidad, pero ella la observa como si espera algo más de la noticia.
- Aunque yo le recomiendo --explica la doctora de la voz chillona-- otros exámenes --la doctora prosigue con una explicación técnica que a Estelí ya no le importa, conoce el resultado de los siguientes exámenes, siente ese dolor en el vientre que anuncia la fatalidad de sus días.
- Doctora --interrumpe Estelí-- otro día. ¿Qué le parece si vamos por unos tragos, tacones altos, para celebrar que por ahora no tengo nada grave?.
En otras circunstancias, con otra gente, Jacqueline, así se llama la doctora, acepta la invitación. Para ella es la única oportunidad de codearse con la crema de la crema nacional.
El alcohol hace amigos a cualquiera, Estelí lleva a Jacqueline; quiere ser fuerte, con las chicas lloraría, y no podría separarse de su destino. Como su karma es automática, tiene que tolerar dos horas de llantos, y “si somos amigas” de la doctora, la que debilitada por los años de estudio no tiene hígado para la bebida.
- Deberías de llevar a tu amiga a su casa --le dice un defensor de los pobres.
- Estoy ebria, no puedo manejar --responde Estelí.
- Las llevo --ofrece el semental criollo.
- Vos también estás ebrio --advierte Estelí.
- Pero soy hombre, manejo en automático --ríe el macho.
Jacqueline vive en uno de esos barrios capitalinos que se anuncian como residenciales, agradece la oportunidad de tocar la alta sociedad con sus manos de pobre.
- ¿Entonces? --pregunta el hombre cuando se queda a solas con Estelí.
- Hazme el amor Bobby --pide Estelí, olvidándose de la ley por redactar: “No tocarás la ilusión de tu amiga”.