Salud y Sexualidad

Una relación enfermiza

Si concentramos toda nuestra energía en la gente y en los problemas, nos queda poco para dedicar el acto de vivir nuestra propia vida

Apegarse es involucrarse a una persona y a los problemas que le rodean de manera excesiva, en ocasiones de una forma desesperantemente intrincada.
En este caso, sobreinvolucranos de alguna manera puede mantenernos en un estado de caos y puede mantener a la gente que nos rodea en ese estado.
Si concentramos toda nuestra energía en la gente y en los problemas, nos queda poco para dedicar el acto de vivir nuestra propia vida.
Si la tomamos toda para nosotros, no queda nada para la gente que nos rodea. Esto nos hace trabajar en exceso a nosotros y quitarles bastante trabajo de encima a los demás. Y aún más, preocuparnos por la gente y por los problemas no funciona. No resuelve los problemas, no ayuda a los demás y no nos ayuda a nosotros mismos.
La obsesión
Preocuparnos y obsesionarnos nos mantiene con tal maraña en la cabeza que no podemos resolver nuestros problemas, cada vez que nos apegamos de esa manera a alguien o a algo, nos separamos, perdemos contacto con nosotros mismos.
Damos en prenda nuestro poder y nuestra capacidad para pensar, sentir, actuar y cuidar de nosotros mismos, perdemos el control.
Es destructivo estar obsesionado con otro ser humano o con un problema. Esa persona no puede hablar, o pensar en otra cosa, aunque parezca oírte cuando le hablas, sabes que no te escucha, su mente está dando vueltas sobre el mismo pensamiento compulsivo de una forma interminable.
Cuando estás obsesionado, no podés apartar tu mente de esa persona o de ese problema. No sabe lo que está sintiendo. No sabe lo que está pensando, ni siquiera está segura de lo que debe hacer.
Preocuparse, obsesionarse y controlar, son ilusiones. Son trucos que construimos nosotros mismos. Sentimos que estamos haciendo algo para solucionar nuestros problemas, pero no es así. Muchas personas han reaccionado de esta manera con justificada buena razón.
Podremos haber vivido con problemas complicados y serios que han perturbado nuestra vida, y que a cualquier persona normal podrían volverla ansiosa, perturbada, preocupada y obsesionada.
Aprender a amar
Tercamente algunas personas han desarrollado una actitud de apego, de preocuparse, reaccionar y obsesivamente tratar de controlar, que ya no queda una vida propia por vivir.
Entonces hay que trabajar el despego, desapegarnos no quiere decir que nada nos importe, significa que aprendemos a amar, a preocuparnos y a involucrarnos sin volvernos locos.
Nos volvemos capaces de tomar buenas decisiones acerca de cómo amar a la gente y de cómo solucionar nuestros problemas. Nos liberamos para comprometernos y para amar de modo que podamos ayudar a los demás sin lastimarnos a nosotros mismos.
LIC. LEDIA GUTIÉRREZ LANZAS
PSICÓLOGA CLÍNICA PSICOLÓGICA MENTE SANA
REPARTO BELLO HORIZONTE, B II 84
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