Salud y Sexualidad

Fuera de lo común

Ellas querían saber por qué una mujer, el día de su boda, se metería en el baño de un hotel con un hombre desconocido

Jove

Por la entrada principal entra como un sol José Antonio Berger; a Julia le tiemblan las piernas, Estelí quiere comérselo a besos y Margarita lo contempla indiferente. Él se acerca.
- Hola chicas – saluda el Berger.
Margarita trata de pretender que él no esta ahí.
- ¿Seguís resentida conmigo? – pregunta juguetón.
- No, no estoy resentida.
A las chicas no les queda más remedio, por impertérrita solidaridad femenina, que tratarlo con la ley del hielo, hacerle saber que en su barra no es bienvenido.
Berger se va, quizás busca otra presa o un
argumento que le merezca el perdón de Margarita.
- Hay una regla universal en todos los matrimonios – dice Margarita citando casi textualmente al sabio Crish Rock –, la razón principal por la cual las mujeres se mantienen de mal humor es porque se han casado con la tercera opción. La primera es un príncipe; la segunda, un tipo bello con billete y la tercera… bueno la tercera es lo que caiga. Me da pesar este pobre Héctor.
- ¿Por qué? – pregunta con tono inocente Julia –, si vos decís que no era buena persona.
- Ay amiga – interviene Estelí – hasta las malas personas merecen de vez en cuando algo bueno en su vida y el Héctor no merece, sinceramente, una jugada como la que le hicieron.
- ¿A ver cómo es eso? – quiere saber Julia, enemiga del chisme, pero con una cervecita adentro relaja un tanto sus principios.
- ¿Conocés a José Antonio Berger? – interroga Margarita a Julia.
- Si, es tu, no sé… bicicleta.
- ¡Era mi motoneta!
- ¿Qué paso, pues, que le diste la patadita? – prosigue la curiosidad malsana de Julia.
- Lo baño, mando a hacerle las uñas, un facial, corte de pelo, le compro ropa nueva, le asigno un auto de la empresa y le pago tres meses de
gimnasio más unas clases de sexo tantrico con la Soaud.
- Ajá y salió más veloz que el gallo – trata de adivinar Julia, interrumpiendo el preámbulo de Estelí.
- ¡No! – recuerda Margarita furiosa – lo llevo a la boda de Héctor.
- No me digás, le gustó el Héctor – sigue en sus adivinanzas Julia.
- Lo encontraron con la recién casada en el baño – revela Margarita.
- ¿Cómo?, ¿y el novio? Es decir, el Héctor.
- Abriendo los regalos muy seguramente – ríe Estelí de la desventura ajena.
- En el fondo es mi culpa, lo dejé muy bien, si parecía un príncipe – trata de finalizar la cuestión Julia.
- ¿Y el novio qué hizo?
- Tragársela, ¿qué le quedaba? Fingir demencia – sigue riendo Estelí.
Berger regresa a la barra, Julia y Estelí quieren saber por qué una mujer se metería en el baño de un hotel con él el día de su matrimonio.
- Lo siento Margarita, pero tengo que preguntar – se excusa Julia.
¿Vos José Antonio, qué le hiciste a la Teresa que se metió en el baño con vos a coger?
- ¿Yo? Nada, si no estábamos teniendo sexo.
- No te creo – dice Estelí, Margarita sigue pretendiendo que José Antonio no está ahí ante ella.
- Estaba desmayada en el baño – explica Berger – parece que se pasó de alguna sustancia y yo le estaba dando respiración boca a boca – aclara
con picardía casi imperceptible.
- ¿Fue por eso? – pregunta Margarita intentando creerle.
- Y por qué creés que el marido no la dejó ese mismo día, él entendió – analiza Berger.
Margarita sonríe, lo abraza y besa en un mismo movimiento.
Al fondo, Luis Miguel canta "Miénteme como siempre, por favor miénteme".