Salud y Sexualidad

La vida te da sorpresas... entre sábanas

Adelgazar favorece la calidad de la vida sexual al hacernos sentir más atractivos y saludables. La pasión amorosa dura de uno a tres años, y después la relación se prolonga gracias al amor y a la confianza. Uno de cada 25 hombres puede estar criando a los hijos de otro hombre sin saberlo. Son algunas de las últimas revelaciones sobre la cara más oculta y desconocida del amor

EFE/Reportajes
"Sólo existen dos cosas importantes en la vida. La primera es el sexo y la segunda no me acuerdo", ha afirmado Woody Allen, según el cual, "el amor es la respuesta, pero mientras usted la espera, el sexo le plantea unas cuantas preguntas".
Algunos estudios recientes relacionados con el sexo sin duda merecerían algún comentario, igualmente ocurrente, por parte del famoso actor, director y escritor estadounidense.
De acuerdo con investigadores de Estados Unidos, una pérdida sustancial de peso puede significar grandes mejoras en la cama, ya que las personas obesas que adelgazan disfrutan de mejoras en su vida sexual y se sienten más saludables.
En un estudio liderado por el doctor Martin Binks, Director de Salud Conductual del Centro de Dieta y Bienestar Físico de la Universidad de Duke en Durham (EU), se
examinaron los datos de la calidad de la vida sexual de un ensayo sobre pérdida de peso, en el que habían participado 161 mujeres y 26 hombres, todos obesos.
Kilos y orgasmos
Al principio del ensayo, todos los participantes indicaron que experimentaban dificultad significativa en todas las áreas de la calidad de su vida sexual, como sentirse sexualmente inatractivos, falta de deseo y disfrute sexual, mostrarse reacios a ser vistos desnudos, dificultad con el funcionamiento sexual o evitar los encuentros amorosos.
"Para las mujeres resultaba especialmente problemático el hecho de no desear ser vistas sin ropa y no disfrutar de la actividad sexual", ha señalado el doctor Binks.
Las vidas sexuales de hombres y mujeres mejoraron sustancialmente a medida que sus "kilos de más" iban desapareciendo. Las personas del estudio perdieron en promedio el 13 por ciento de su peso corporal inicial durante los dos años del estudio.
El cerebro y la pasión
¿De qué depende la duración de la pareja? De acuerdo al estudio de una antropóloga norteamericana, la pasión amorosa persiste de uno a tres años, aunque en una relación sólo la mitad es hormonal y para que el amor dure hace falta confianza mutua.
Pasión con fecha de caducidad
Para la antropóloga estadounidense Helen Fisher, el amor se asocia con la presencia de dopamina, un mensajero químico cerebral relacionado con la motricidad, las emociones y el placer, que además produce taquicardia e hipertensión arterial.
Aunque en la atracción por el ser amado intervienen otros dos neurotransmisores: la noradrenalina y la serotonina, los que están relacionados, por distintos mecanismos, con los impulsos y la motivación.
La doctora Fisher llegó a estas conclusiones en base a dos estudios, uno de los cuales consistió en observar, con un escáner, el cerebro de 34 personas mientras miraban la foto de la persona por la que sentían atracción física y ver cómo se modificaba en su cerebro la presencia de los tres neurotransmisores: dopamina, noradrenalina y serotonina.
El otro trabajo ha sido un cuestionario efectuada a 800 personas que han vivido alguna vez el amor pasional. El 80 por ciento de las respuestas mostró que la pasión sólo duró entre doce y treinta y seis meses.
Según la antropóloga americana, "después de la fase pasional, el amor y la confianza pueden extender la duración de la pareja una década o más, aunque quienes deseen una pareja duradera deberán compartir actividades interesantes, ingeniosas y excitantes".
Sea como sea, a veces el amor pasional -o más precisamente una de sus consecuencias: la infidelidad- puede jugar malas pasadas a algunos matrimonios o parejas: según calcula una investigación británica, uno de cada 25 padres podría estar criando a los hijos de otro hombre.
Los hijos de la infidelidad
Un equipo científico de la Universidad John Moores, de Liverpool, ha efectuado este cálculo estimativo basándose en investigaciones publicadas entre 1950 y 2004, develando que el creciente uso de pruebas genéticas, por razones médicas y legales, hace que cada vez más parejas descubran quién es el padre biológico verdadero de sus hijos.
"Las implicaciones de la llamada “discrepancia paterna” son enormes y bastante ignoradas, aunque sus consecuencias crecen", ha señalado el profesor Mark Bellis, que encabeza el grupo investigador y asegura que las consecuencias de que un hombre descubra que no es el padre biológico de su hijo pueden ser devastadoras.
Por ejemplo la "mala noticia" suele producir un rechazo de los padres hacia los hijos, quienes, sin embargo, los siguen viendo como sus padres verdaderos, esto pueden provocar en los menores problemas de baja autoestima y ansiedad. El descubrimiento de la falsa paternidad también puede conducir a que se rompa la relación, a que surjan problemas psicológicos en la pareja e incluso a que se produzcan episodios de violencia doméstica.
Buena parte de las pruebas de paternidad, que vienen aumentando vertiginosamente en países como Estados Unidos y el Reino Unido, son ordenadas legalmente para dirimir quién debe pagar la manutención de un menor, mientras que otras se hacen para investigar sobre problemas de salud hereditarios.
Los expertos de Liverpool han encontrado que las tasas de los casos en los que el padre "oficial" de un niño o niña no es su progenitor biológico varían desde 1 por ciento, en algunos estudios, hasta el 30 por ciento en otras investigaciones, aunque la mayoría de los expertos suelen coincidir en que la tasa es menor al 10 por ciento.
Si la tasa de "falsa paternidad" se sitúa en un conservador cuatro por ciento, ello implica que uno de cada 25 padres podría recibir la "mala noticia", aunque, según los autores del estudio, el creciente uso de las pruebas genéticas hará que aumente el porcentaje de discrepancias.