Salud y Sexualidad

Educación sexual


Después de mucho tiempo, al fin las chicas han coincidido en el bar, el feo tiene trabajo en Houston y no puede estar con Julia; el chele internacionalista anda viendo a sus padres en Inglaterra, para anunciarles que llevará a su prometida --Estelí -- en las siguientes vacaciones, con el propósito de formalizar el asunto; y Margarita ha aceptado que tiene un problema con el juego, su visita a la Comisaría de la Mujer lo ha confirmado; por tanto, prefiere tener problemas con la bebida y el sexo casual.
El Año Nuevo trajo la preocupación de Estelí, pues su niña tiene 11 años, y su primera menstruación.
- ¿Qué vas hacer? – pregunta Julia – ahora los niños son más rapaces.
- ¿Qué voy a hacer?, ¿pegarme un tiro?
- El gobierno proveerá ahora clases de educación sexual – señala Margarita, sorprendentemente informada.
- Eso no me preocupa, ya sabe todo acerca de preservativos.
- Por vos que haga lo que quiera – sondea la posición materna algo indignada (Julia), convencida en ese momento que ella sería mejor madre.
- ¿Ya les conté mi luna de miel?
- Fueron esas vacaciones encerradas en un hotel de Cancún mientras tu marido paseaba con todos los meseros – agrega venenosa Margarita.
- Olvidemos los detalles, ¿Saben cómo me di cuenta de los orgasmos?
Viendo televisión.
- ¡Recién casada y con películas porno! – salta sorprendida Julia.
- ¡Ojalá! ¡Eran eróticas!
- Bah, ésas no son de verdad – dice medio desesperada Margarita, quien ya ha visto a su víctima en la barra.
- Durante varios años pensé que un orgasmo se conseguía gritando: ¡Qué rico papi!, ¡así, así, qué grande!
- Ja, te creíste el cuento que el sexo es 99% mental y 1% físico – trata de no burlarse Julia.
- Pues sí, mi marido no me enseñó nada.
Margarita cree que sus amigas han llegado al límite de la banalidad, como están comprometidas, enamoradas, amarradas, esclavizadas y fijas a su hombre se dedican a charlar de sus mejores tiempos, como si la vida se acaba con el amor; por tanto, ella ha guiado sus cañones hacia un joven universitario, está segura que aún está en la universidad (por la sudadera y los jeans algo ajustados); además de no captar las señas, ella tiene dos minutos viéndolo con su vaso vacío; y el pobre chico no ha captado que debe -- para romper el hielo -- invitarla a un trago.
- Si las cosas siguen así, volveré a jugar maquinitas o lo que es peor, al celibato.
Para su suerte, un hombre con más experiencia capta la señal y le envía un trago, es mucho mayor que ella, unos 30 años (para sus 28, claro), aunque está bien cuidado, seguramente se ejercita y cuida la línea. Ella decide aceptar la invitación del hombre mayor y posponer al universitario para otra ocasión.
- Hola – dice él –, Ramiro.
- Hola Ramiro – ¿tu casa o la mía?
- ¡Veloz!
- No pierdo mi tiempo, cara bonita.
En resumen, el hombre huele bien, viste bien, desviste mucho mejor con besos y caricias incluidas, bien dotado y dedicado en el placer ajeno, pero… sus palabras tiraron todo por el caño.
- Sí, sí, mami, quieres más duro – gritaba el hombre mayor y Margarita tuvo la sensación que ya había vivido eso antes, pensó que por primera vez en su vida había olvidado a un amante, pero no era el caso, estaba estrenando cuerpo, fibras y olor; luego, una imagen se formó en su mente, primero una instantánea, luego una secuencia completa y ríe a todo pulmón dejando al hombre mayor sorprendido.
- Discúlpame, es que esa película ya la vi – justifica la situación y le da la razón a Estelí, la gente está aprendiendo de sexualidad en la televisión y lamentablemente lo que funciona ante las cámaras, en la cama no sirve para nada, aunque queda la anécdota de escuchar las palabras de Wesley Snipes en la boca de otro hombre – el cine va a arruinar la vida sexual de todos, ponele más músculo y menos bla, bla.