Salud y Sexualidad

Comunión entre carne y espíritu


Eunice Shade

Trío erótico: Argentina, Nicaragua y España

En esta edición de la Pluma Erótica presentamos tres poetas de probado talento: Juan Gelman, Joaquín Pasos y Rafael Alberti, de Argentina, Nicaragua y España, respectivamente.
Oración, Canción de Cama y Amaranta, tres poemas eróticos que reflejan la comunión entre el espíritu y la carne, tres poemas aventurados verbalmente, que no conocen límites axiológicos. Son para que los disfrute. Para muestra, tres botones.

Oración

Juan Gelman

Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar.
Desgárrame.
Caigas entera entre mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed.
quemándome.

Con esta sed quemándome.

La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.

Canción de cama

Joaquín Pasos

Este gozo de alcoba, tan de lino, lleno de sábanas,
este palpitar de almohadas bajo las sienes dormidas,
este nuevo llegar hasta el corazón de la cama
y luego saber que el pie, la mano, lo que a uno le queda
de pecho, busca, dice, escribe, grita tu nombre
y cualquiera siente el momento que se aproxima de morir
acostado.
¿Qué es esto sino la ausencia de tu sueño,
la pérdida de tu respiración a mi lado?
Se ha perdido ya el hueco de tu cuerpo
que era la voz de tu carne desnuda hablándole
íntimamente a la ropa planchada,
diciéndole a qué horas el brazo serviría de almohada
y cómo el tibio vientre palpitaría como otra almohada viva,
funda de seda de nervios y de sangre.

Amaranta

Rafael Alberti

Rubios, pulidos senos de Amaranta,
por una lengua de lebrel limados.
Pórticos de limones, desviados
por el canal que asciende tu garganta.

Rojo, un puente de rizos se adelanta
e incendia tus marfiles ondulados.
Muerte, heridor, tus dientes desangrados,
y corvo, en vilo, al viento te levanta.

La soledad dormida en la espesura
calza su pie de céfiro y desciende
del olmo alto al mar de la llanura.

Su cuerpo en sombra, oscuro, se le enciende,
y gladiadora, como un ascua impura,
entre Amaranta y su amador se tiende.