Salud y Sexualidad

La indiferencia mata

Sí señores y señoras, la indiferencia es un arma mortal que puede destruir vidas

Sí señores y señoras, la indiferencia es un arma mortal que puede destruir vidas. Muchas veces es tomada concientemente, a propósito de lastimar, ya sea por venganza, o el hecho caprichoso de maltratar a su pareja.
También se da por desconocimiento. Por eso es bueno que hagamos una reflexión acerca del tema de la indiferencia.
En los hogares a los niños se los deja en total abandono, traduciéndose para ellos en “no me interesas”. Puede haber de todo: comida, vestidos, lo básico en un hogar, electrodomésticos, todo lo que va saliendo de moda. Sin embargo, falta el interés por la persona, el diálogo, compartir, discutir, reír, disfrutar de la compañía.
Todos sabemos que nos mantenemos llenos de compromisos, el trabajo, los estudios, los negocios. Eso los niños no lo saben, o al menos no lo entienden: así les es incomprensible que después que los trajeron al mundo los dejen a un lado para priorizar tareas, amigos, vicios u otras cosas que les dejan apartados.
¿Qué puede asimilar un niño que es dejado en casa con la señora de la limpieza o en el colegio? ¿Qué de bueno tiene todo esto si no hay lo elemental? Que se interesen en uno es lo más importante para cada ser humano, o es que ¿existe alguien que pueda vivir o sobrevivir al aislamiento?
El aislamiento se toma como instrumento de castigo, y de los más insoportables. Se encierra a las personas para torturarlas, se les aísla de forma brutal, que no tengan comunicación con el exterior, ni siquiera con la luz del día.
¿Por qué? Bueno, porque es una forma cruel, llevando a algunas personas a sus límites, llegando a la locura y hasta la muerte.
Posiblemente usted se puede estar diciendo: “Yo nunca haría ni he hecho esto con mis hijos”, pero lo novedoso es que en muchos hogares esto es lo que se acostumbra: la poca o nula comunicación afectiva. No se tiene el cuido o el conocimiento que los seres humanos vivimos de la comunicación. Vivimos por lo que podamos despertar en otros, en una necesidad básica de ser reconocidos, ser tomados en cuenta.
Los seres humanos nos comunicamos, nos alimentamos de caricias y atenciones, si no se comunica sufre. Nuestros niños mueren lenta, y silenciosamente, por la enorme carencia afectiva.
Madres y padres no toman en serio esto de las caricias, del ser afectuoso, cariñoso, de atender, escuchar, creen que esto es necedad de los y las psicólogas, que es un invento creado para hacer “marica” a los niños y desvalidas a las niñas.
Yo prefiero darles el consejo de que seamos más expresivos con nuestros hijos. Está comprobado que quienes han recibido atención, caricias, expresiones de amor, son personas con una estima más positiva. Por lo tanto, son más seguras de sí, tienen más confianza para alcanzar las metas y enfrentar los retos que la vida les depara.
Mis saludos para todas las familias, padres, madres e hijos.
Lic. Ledia Gutiérrez Lanzas
Psicóloga Clínica
Consultorio Psicológico “Mente Sana”.
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