Salud y Sexualidad

El vino erótico de Pedro Alfonso Morales


Eunice Shade

Pedro Alfonso Morales es oriundo de Telica. Nació en el año de 1960.
Es poeta y escritor. También músico. Pertenece en membresía al Centro Nicaragüense de Escritores. Es licenciado en Ciencias de la Educación con énfasis en español.
También es abogado.
Trabaja como profesor en diferentes centros educativos leoneses. En la actualidad, es subdirector del Colegio Tridentino San Ramón.
Empezó a escribir a los quince años. Ha ganado tres reconocimientos en música y dos en literatura. Entre sus libros de cuentos se encuentran “Serenito”, “León es hoy a mi…”, “El duende”, entre otros. Su más reciente poemario es “Vino Tinto”, del cual tomamos los presentes poemas.
Francisco Arellano ha dicho que la poesía de Morales es “evocadora de la plástica, escultura y pintura, particularmente las renacentistas”.
En esta edición, la pluma erótica de Pedro Alfonso Morales.
La cámara de los esposos
No estamos solos, amor:
mira en los lacunarios a Julio César,
a Tiberio, a Galva, a Otón y a tanto bandido
que nos roba nuestra dulce intimidad.
¡Que no te preocupen esos lunetos, amado mío!
Olvida los tímpanos y guirnaldas. ¡Abrázame!
Me da miedo la vida así, amor mío.
Me dan miedo las pilastras, los modillones,
El ósculo del cielo que aparece desparramado.
¡Cuando los veo, amada mía, el amor se me olvida!
No tengas miedo, esposo. ¡Revitalízate!
¿No ves al gran Arión amando sobre el delfín?
Eso deberías hacer, amor. ¡Bésame, toda, amado mío!
Te digo amor que las paredes me ahogan!
Me aturde la música de Orfeo en los lunetos.
Preferiría un rancho, un árbol, un río triste
o cualquier lugar inhóspito como animal.
Perdona, querido, pero me asustas. ¡Suéltame!
Tu impotencia no se la atribuyas a la cámara.
No, no te engañes, acéptalo. ¡Mejor, muérete!
Andrea Mantenga no es el culpable. ¡Vete, ya!
¡Una caricia de argamasa nunca será buen alimento!

La Gran Odalisca
Me miras así, con ganas,
y notas mis manos y mi intención.
Deja el turbante, premonición de tu pelo,
y que se resbalen mis ojos sobre tus trenzas.
¡Después te lo pondré, cuando duermas feliz!
Aparta la pipa, el cigarro y sus suciedades.
El abanico de plumas, tiéndelo ya,
sobre la almohada y que goce como yo.
¡Acuéstate, ya he venido! ¡Ay, tu amor!
El mueble tíralo bajo la cama nuestra,
donde se arrulle algún hombre imaginario
que dándoselas de Jean Auguste- Dominique Ingres,
robe tu carne rosada, tal vez mía, ahora y siempre.
¡Tu seno derecho, dulce, te delata como un ojo!
¡Por eso, el mundo ansioso, esplendoroso, no ha muerto!