Salud y Sexualidad

El feo y las fiestas

Y el hombrecito feo está ahí, tomado de la barra, sacudiendo el negocio, y Julia con billetes de 10 pesos metiéndoselos entre los calzoncillos

Julia, feliz como sólo pueden ser las mujeres cuando saben que otra no se fija en su hombre chaparro y feo, quiere para Navidad algo muy especial. Aunque el feo es hombre y como típico hombre quiere comprarse “la araña” con el propósito de pasar la Nochebuena “dándole al hueso”.
--Feo y calenturiento --dice Margarita-–, con vos se sacó la lotería el chaparrito barrigón.
--Ya lo puse a dieta.
--No parece, porque lo veo más pesado --observa Estelí.
--Es que él quiere la de Lucho. Y tendría que dejar de trabajar para mantenerlo en línea los tres tiempos.
--¿Por qué los feos son tan calientes? --pregunta Estelí.
--Pues casi nunca les toca, y cuando les toca tienen que agarrar lo que puedan --se burla Estelí, como sólo las buenas amigas pueden burlarse, con sinceridad.
--Yo me compré una araña --comenta Margarita.
--¿Y qué tal? ¿Mejora el asunto? --quiere saber Julia.
--Se pueden hacer cosas que en una cama es imposible.
--Promesas, promesas, los hombres quieren esas cosas porque no cumplen --dice amargada por su pasado Estelí.
--Es diferente, tu marido era del otro bando, por eso siempre andaba confundido –-señala Margarita, como sólo pueden hacerlo las amigas, sin pelos en la lengua.
--¿Qué van hacer en Nochebuena chicas? --les pregunta Julia.
--Con mi hija y esperar que el ingrato de mi hijo me llame.
--Voy a contratar un hombre.
Margarita deja caer la noticia como si se tratase de algo perverso, pero es un hombre para presentarlo a la familia como el novio con el cual sentará cabeza, aunque secretamente espera sea uno de esos hombres que les han dado servicio particular a todas las mujeres de su familia.
Estelí, con su hijita de 12 años, esperará toda la noche a que su hijo la llame, él no se acordará.
Y Estelí se sentirá un poquito más vieja, abandonada como una muñeca fea.
Pero Julia, ella sí tendrá más de lo que quiere, su feo después de todo es un entusiasta de la buena comida y la mejor cama, así que ha mandado a instalar en el cuarto una barra para hacerle un baile erótico, como regalo de Navidad a Julia.
Y el hombrecito feo está ahí, tomado de la barra, sacudiendo el negocio, y Julia con billetes de 10 pesos metiéndoselos entre los calzoncillos. Finalmente el movimiento especial, colgarse de la barra con la ayuda de los pies.
--Ay, ay Dios mío --dice el feo al segundo de romperse la cabeza con el piso.
Pero lo que está encendido no puede apagarse como una candela, y en medio del terrible dolor de cabeza y la sangre Julia lo acorrala, lo muerde, lo abraza, lo escupe, lo desgarra, lo repara, le acalambra, obtiene 1, 2, 3, 4, 5 y pierde la cuenta de los siguientes.
Y el pobre feo, riéndose del susto, preocupado por el dolor de cabeza, con la esperanza puesta que al final Julia lo llevará al hospital cuando esté totalmente satisfecha.