Salud y Sexualidad

El mundo de las geishas de Kyoto

En la ciudad de Kioto, desde hace tres siglos, las geishas ofrecen los secretos de su arte a unos pocos privilegiados detrás de las puertas cerradas de las casas de té, pero deploran los "fantasmas" o "incomprensiones" que sufren en el cine o en la literatura extranjera

KIOTO, Japón/AFP

Coincidiendo con el estreno mundial (entre enero y marzo en América Latina) de la superproducción hollywoodiense "Memorias de una Geisha", adaptación del éxito editorial del norteamericano Arthur Golden, una de ellas, Mamehiro, salió de su reserva a petición de la AFP con el fin de levantar el velo sobre un mundo ancestral.
Cuando se editó traducida al japonés en 1999, la novela de Golden motivó una viva controversia en Japón, donde Mineko Iawasaki, la geisha que inspiró al escritor, le reprochó que las presentara como meras mujeres públicas.
Estas damas de compañía refutan la denominación de "geisha", la cual dejan para las mujeres que ejercen en los barrios calientes, y prefieren los nombres de "maiko" (bailarina) o "geiko" (muchacha del arte).
"A veces, los clientes, con frecuencia gente de edad que viene del campo, me preguntan si fui vendida para pagar deudas: es la idea preconcebida que más me molesta", cuenta Mamehiro (su nombre artístico) a la AFP.
Pero esta versión desvirtuada se explica también por su universo misterioso, el cual tiene su cuna histórica en el barrio de Gion, en Kioto.
Sin una recomendación es prácticamente imposible entrar en las casas de té de Gion, en las cuales trabajan estas mujeres dedicadas a las artes.
Pero una vez introducidos, los agraciados tienen derecho a los manjares más finos, a las mejores bebidas, y pueden apreciar toda la gama de los talentos (danza, música) de las geikos.
Profesionales de la diversión
Desde el siglo XVII las casas de Gion forman, al abrigo de las miradas, a estas profesionales de la diversión, en el seno de una comunidad sometida a reglas muy propias.
Los establecimientos de Kioto reclutan, desde los 15 años, a las futuras geikos. A éstas las obtienen de los grupos de adolescentes exentas de la escolaridad obligatoria.
Ella empiezan de inmediato el largo aprendizaje de las artes tradicionales japonesas, los modales refinados y el arte de la conversación.
Pasan rápidamente a maikos y reciben a los primeros clientes permaneciendo sentadas y silenciosas a su vera.
Cuando adquieren, hacia la edad de 20 años, cierto dominio de la danza y de la música, obtienen el estatuto de geiko.
Al igual que las otras 90 geikos que trabajan hoy en día en Gion, Mamehiro, de 36 años, ha seguido este aprendizaje durante cinco años.
Primero vivió con una docena de geikos, sus "hermanas mayores", y con la matrona que llamaban "la madre", en un establecimiento del barrio donde se instruyó.
Allí aprendió el respeto de los mayores, que pasa por fórmulas de excusas obligatorias como "Le ruego que me disculpe que tome un baño con usted".
"Mis únicos instantes de intimidad eran cuando me lavaba o tomaba un baño", cuenta.
Sometidas a una presión constante, estas jóvenes adquieren, con el paso de los años, los modales sofisticados requeridos.
Sus jornadas son intensas, entre lecciones de danza, de música, de ceremonia del té y de teatro tradicional No, transcurre la preparación ultrameticulosa de su desarrollo.
"Cuando vuelvo a casa, no es extraño que sea más de la una de la madrugada", destaca Mamehiro.
Nada que ver con el estatuto de prostituta
Las geikos, que pueden contraer matrimonio y fundar una familia mientras siguen trabajando, han conservado una visión tradicional del lugar de la mujer en la sociedad, algo que nada tiene que ver con el estatuto de prostituta que algunos le confieren.
"Nuestros clientes vienen a vernos para olvidar por un momento su vida real. Todas pensamos que los hombres tienen mayor valor que las mujeres y que debemos caminar tres pasos detrás de ellos, a una distancia respetable", explica Mamehiro con toda naturalidad.