Salud y Sexualidad

Verónica Rodríguez: Carnalidad Femenina


Eunice Shade

Verónica Rodríguez, poetisa joven con voz propia, dueña de un tono interior calmo que a veces combate a favor de la carnalidad.
Abstracta y concreta, sin juegos artificiales y sin rebuscamientos de rata de biblioteca, Verónica se presenta como otra promesa más de la poesía joven nicaragüense.
A pesar de que es administradora turística y hotelera, ha despertado su sensibilidad intelectual a través de la poesía. Reflexiva sin caer en la retórica, Verónica Rodríguez nos ofrece estos poemas de reciente data.
Originaria de Managua, con 24 años, ha participado en diferentes actividades culturales, que incluyen recitales de poesía en varios departamentos del país.
Fue ganadora del segundo lugar en el primer seminario literario de la revista Horizonte de Palabras que se llevó a cabo en Catarina el presente año.

Ingenuidad

Sentada en ese piso maldito
se conectan pensamientos friolentos
ya casi no siento
no sé lo que pasa
reflejos de planos desnudos
esculpen caras maltratadas
oigo sus voces aturdidas
talvez las voces del infierno.

Como si me estuviesen llamando
sostengo el azufre en mi pecho,
deseo la muerte, lo provoco
me ofrezco desnuda
aun así se excita en hacerme el amor
más bien se prepara para ser el amante inesperado

Me desvelo,
se marcan las ojeras profundas en mi rostro
Como gata callejera, maúllo en los tejados,
rasguño el suelo infértil, huesudas de noches endiabladas
lo busco,
pero algo me indica que ya he muerto..!

Noche

El árbol
Sostiene
las estrellas
en sus ramajes
de luto.

Agua

Ojos de pez que miran la luna de marea alta
corrientes de líquidos aproximándose al infierno: Mar Rojo
al infierno incontenible del sabor de mis manos en tu pecho
y nos perdemos
y no sabemos a dónde vamos
¿Será el Triángulo de las Bermudas o la misma Isla del Diablo?
Solo sé que retamos las circunstancias y rompemos las olas de los deseos…
humedad

Humo
Hum

llueve
y volver a llenar el tanque marino, marinos tanques de salobres olores
Luego, se aquieta todo: el mar está tranquilo…
Te veo nadar dentro y fuera de mí
Todo se aquieta
cuando en mi oído terminamos ahogados,
ahogados terminamos en nuestra intimidad.