Salud y Sexualidad

Una feria del sexo a la que le faltó “picante”

La primera Feria del Sexo de Singapur se realizó la semana pasada con la intención de superar el tabú existente en la Ciudad-Estado, pero se quedó corta respecto a las expectativas creadas, pues los comentarios más reiterados en las críticas se refieren a la falta de “picante”.

La exhibición contó con cincuenta expositores, en ella se destinó espacio para la ostentación de numerosas piezas procedentes del Museo Chino de Cultura Sexual Antigua. Durante el evento un gran dispositivo policial se encargó de vigilar las vías de acceso al recinto, ya que las piezas son de gran valor histórico.
Kenny Goh, alma máter de la muestra, comentó a EFE que la tarea de llevar a cabo una exposición de este tipo, “en un país donde el sexo es un tabú”, no fue fácil.
Durante el proceso tuvieron que trabajar con la Policía y respetar la orden de no incluir desnudos, artículos u actos obscenos ni insinuaciones de carácter homosexual.
Goh manifestó su intención de enfocar la muestra en el aspecto educativo y científico por lo que consiguió el respaldo de las autoridades singapurenses.
Muy educativa
Así, la feria difundió información sobre el sida, que en Singapur no ha parado de proliferarse desde 1985, y la abstinencia sexual para los más jóvenes.
El profesor de sociología Liu Dalin, fundador del Museo Chino de Cultura Sexual Antigua e invitado de honor a la exhibición, comentó que al igual que la cultura china es milenaria, la historia sexual de Singapur va a la par.
“No se puede hablar de que un país tiene una cultura larga y rica sin hablar de sexo”, sentenció Dalin.
Singapur cuenta con una población de 4.430.000 habitantes, según cálculos provisionales de julio de 2005, de las que el 78,6 por ciento forman parte de la comunidad de origen chino.
“Esta exposición puede ayudar a cambiar ideas sobre el sexo como algo vulgar y obsceno y animar a mirarlo de una manera científica, natural y saludable”, opinó Liu.
La muestra, que se dividió en dos partes, una para todos los públicos y otra exclusivamente para mayores de 21 años, incluía artículos eróticos de adoración y de tortura, algunos de 3.000 y 5.000 años de antigüedad procedentes de China.