Salud y Sexualidad

Aventuras en Ciudad Gusano


Al Norte, Julia se ha ido a Miami con su feo, medio traumado porque no pudo comprar de última hora entradas para el clásico de fútbol: Madrid vs. Barcelona. Y no es que Julia necesite ir a “Ciudad Gusano” porque ella prefiere la capital del mundo, Tokio, pero su chico barriga de cervezas ha querido viajar a Miami a terminar un negocio de condominios y comprarse su perfume favorito. Su olor es una de las razones por las cuales a Julia le gusta estar con “chaparro y feo”.
Es obvio que el hombrecito feo quiere sexo y mucho, pero Julia prefiere jugar a la señorita respetable, así que propone un sistema de citas, en las cuales deben abundar las rosas, chocolates, películas de amor, una buena cena con vino y pasear por la avenida Collins.
En el colmo de las jinchadas, Julia se antoja de un gallo-pinto, y apenas tenía 4 horas en Ciudad Gusano. Conste que su desayuno en Nicaragua no fue otra cosa que huevos a la ranchera con gallo-pinto.
- El que es indio es indio – dice el hombre feo y la acompaña con su servicio de frijolitos con crema.
Como parte del juego de citas, el feo intenta con vehemencia emborrachar a Julia, así se regresan al apartamento temprano, pero Julia, nicaragüense al fin, redefine la expresión “hígado de hierro” y no cae a pesar de las mezclas y variedad de las bebidas. Por el
contrario, es míster feo quien, rojo de tanta bebida, decide contratar mariachis y le canta a Julia, quien siente que se enamora, dos horas de canciones rancheras.
Luego, en uno de esos arranques tan comunes del nicaragüense en el extranjero, el feo decide llevársela a la Exponica, pues sabe que está su cantautor favorito, Carlos Mejía Godoy, y la Julia se pasa toda la noche con la boca abierta, haciéndole ojitos al Carlos Mejía Godoy, que si el venerable estuviera como en sus viejos tiempos ahí mismo
detrás del escenario se la voltea. Poco les importó los nicas, gringos con caites al fin, preguntando “qué ser eso’” a una señora que vendía jocotes.
Finalmente, deciden regresar al apartamento, Julia espera terminar con broche de oro la noche y hacer el amor hasta el amanecer, el feo quiere fornicar, pero esas son diferencias puntuales en el funcionamiento del cerebro masculino y femenino, se besan, estrujan, apapachan, lamen, sorben, muerden, raspan, hieren en el taxi y luego amasan, revisan los orificios, saborean, maceran la carne que está a su alcance hasta la puerta del apartamento en el octavo piso y prosiguen, se desnudan, amamantan, marcan, rasguñan, destrozan (cuadros y floreros), rozan, inflan y erizan hasta que el feo grita:
- ¡Oh my god fue la gran puta! – y es que el mejor amigo del feo no se pone firme, no puede o no quiere, vaya usted a saber, olvidó la viagra, al menos tomarla unos minutos antes por un comercial en el cual se advierte no acompañar con alcohol. Y Julia, de rodillas, le canta todos los himnos nacionales que conoce, las canciones más románticas, las de Juan Gabriel, ven pornografía, pero nada, como niño encogido por el frío permanece dormido.
Julia decide dormir, después de todo piensa, en la vida hay cosas más importantes que el sexo, por ejemplo, estar con la persona amada en una noche que supera todas las noches anteriores… al menos eso piensa o desea creer, pero está enamorada y no lo sabe.