Salud y Sexualidad

La pasión

La pasión no siempre comienza con un flechazo. Se puede sentir hostilidad e incluso desprecio hacia alguien del que después uno se enamorará perdidamente

Las modalidades y las condiciones de los encuentros varían, pero hay una cosa que se repite, porque es fisiológica: el estado amoroso.
El flechazo y la pasión son estados tanto fisiológicos como psicológicos. Los científicos explican que el estado amoroso es similar al que provocan las anfetaminas. Los circuitos nerviosos están saturados de endorfinas, esas moléculas parecidas a la morfina que segrega nuestro cerebro.
La adrenalina estimula excitación sexual, la época de la pasión es muy sexual. Ebrios de deseo, podemos hacer el amor una docena de veces al día, estar juntos en la cama días enteros. A la larga, la hipófisis se satura de adrenalina, la libido cae y los deseos compulsivos de los primeros días se apaciguan.
Algunos no soportan esta disminución y cambian de pareja para revivir la intensa excitación de los primeros tiempos. Estas personas, auténticas adictas del amor, necesitan constantemente nuevas parejas.
Euforia después del amor
Tras la conmoción amorosa viene un período de euforia. Se tiene unas ganas irreprimibles de expresar la alegría que se siente, de proclamar ante el mundo que se ama.
El neocórtex es estimulado por las catecolaminas, las inhibiciones naturales desaparecen: un enamorado se atreve a hacer cualquier cosa. Estar en contacto con el amante llena de goce y de serenidad... sin él, la angustia nos invade. La ausencia del amado provoca un descenso del índice de endorfinas en el cerebro.
Tenemos el síndrome de abstinencia, exactamente igual que un drogadicto.
La separación no sólo nos causa tristeza, el malestar es también físico. Irritabilidad, ansiedad, nerviosismo, aburrimiento, falta de interés por el mundo exterior, replegamiento, postración, alteraciones del apetito, del sueño... cuando el otro aparece de nuevo, las sinapsis (las conexiones nerviosas) se recargan de sustancias morfínicas y se recupera la alegría.
Dependencia “amorosa”
/b>La dependencia amorosa recuerda la dependencia de la madre durante los primeros meses de vida. Afloran los conflictos, las emociones inhibidas, los sufrimientos vinculados con ese periodo, el amado, hombre o mujer, encarna a la madre. Es alternativamente la mamá buena, cuando está presente y dispuesta a darlo todo, y la mala, cuando se halla ausente y provoca frustración.
Si las emociones de la pasión son muchas veces violentas, intensas, tanto en sentido positivo como negativo, es porque reactivan las vivencias arcaicas del bebé. Por lo general, las pasiones tienen una duración limitada. No es habitual que los amantes lleguen a compartir la vida. Los que están dominados por la pasión se miran a los ojos, vibran y respiran al unísono, y ese estado de fusión les impide distanciarse lo suficiente como para mirar juntos en la misma dirección.
El amor duradero es una relación difícil entre seguridad y libertad, entre pertenencia y personalización, entre fusión y separación, entre vínculo y autonomía.

Licenciada Ledia Gutiérrez Lanzas, psicóloga clínica del consultorio psicológico “Mente sana”, Reparto Bello Horizonte, B II 84. Teléfonos: 2490536 y 8122460. lediagutierrez@cablenet.com.ni