Salud y Sexualidad

El hombre feo


Julia ha recibido un ramo de rosas, “24 rosas”, dice la tarjeta, “por los 1440 minutos sin tu boca”. En la oficina se ha esparcido el rumor que la dama de hielo ha recibido rosas y casi se convencen que es casi una persona, un ser humano, ya sabían que respiraba, pero hasta ahora no tenían pruebas de su capacidad de despertar la más baja de las pasiones.
- Tu tigre --lee Julia el nombre del remitente en la tarjeta enviada con las rosas--. Mi tigre --piensa y siente fuego en el vientre, quiere estar en sus brazos y le envía un mensaje de texto avisando que le ha sorprendido el regalo, él responde que a su lado se sorprenderá de muchas cosas y Julia le cree, porque ha elegido creerle.
Lo ha conocido hace 36 horas en una verbena, de primas a primera no notó su presencia, porque había hombres dignos de portadas de revista en el evento, pero fue el único que con temeridad se acercó a ella y se ofreció para guiarla en la fiesta.
- Aquí todos quieren tener hijos contigo, yo sólo cosas perversas.
La sorprendió la cara dura con la cual lo dijo, no intentó sonar agradable, ni verse agradable, su cara --si acaso indicaba una cosa-- era la de un hombre dispuesto a poseerla bajo una mesa, si tal cosa era posible. Sintió cosquillas en el vientre, sabía que ese hombre la había atrapado con el deseo casual y desobligado.
- No estoy para traumas --procuró una defensa gélida Julia.
- No muerdo… muy duro.
- ¿Qué te hace pensar que quiero irme con vos?
- No lo estoy pensando… lo deseo.
Sin palabras, Julia no sabe cómo salirse de la situación.
- Es feo --piensa--, pero tiene un no sé qué.
- Experiencia --le dice él, como si ha leído sus pensamientos--, mucho entusiasmo y capaz de correr un maratón.
Julia, por respeto a su imagen de chica dura, trata de escaparse del embrujo del hombre feo.
- Feo y descarado --lo enfrenta Julia.
- Lo feo no me quita lo sabroso.
Julia quiere decir algo más, pero el hombre la agarra de la mano.
- Vení --dice el hombre con tono imperativo.
La lleva al parqueo tomada de la mano. Julia quiere protestar para salvar la imagen, pero está inmovilizada por el temple del hombre feo.
La introduce en el carro, la besa, la toca y desnuda como si todo lo de ella fuera suyo por derecho de nacimiento.
Hacen el amor, él se lo hace, pues ella está sorprendida, con despreocupada violencia, ante los ojos envidiosos de los asistentes que siguen el bamboleo del vehículo con indignación y envidia.
Julia pierde la cuenta, 4, 5, 9 orgasmos y el hombre en pie de guerra, luego pone en marcha el motor del vehículo y la lleva a un motel en donde no saldrán hasta 2 días después.
- Aún existe el trabajo --se queja él. Lleva a Julia a su casa y le promete verla de nuevo. Para ser más explícito: enseñarle lo que es bueno.
Julia ha perdido toda esperanza, hasta que llegan las rosas a la oficina. Está feliz. Sale de su oficina para sonreír su felicidad a todos los colegas, va de oficina en oficina para conversar un rato.
- Por hoy --piensa-- soy feliz, el mundo podrá venirse abajo mañana, pero hoy soy feliz.
El mundo se vendrá abajo otro día, al menos su mundo, pero eso es, como dicen, asunto forense.