Salud y Sexualidad

Julio Valle Castillo, exteriorismo erótico

Julio Valle-Castillo, uno de los escritores más fértiles de la literatura nicaragüense. Es pintor, poeta, novelista, crítico y promotor cultural

Eunice Shade

Su poesía es representativa del exteriorismo, una de las tantas opciones de hacer poesía que existen en nuestro país. Originario de Masaya. Cursó sus estudios en Lengua y Literatura Hispánicas en México. Se ha desempeñado en diferentes puestos culturales tanto en instituciones particulares como estatales. Es un prologador empedernido. Su poesía es dueña de un tono de furia. Cuando en sus versos se refiere a las mujeres lo hace con cierto desdén, indiferente. Para él es más importante la virilidad literaria. Aunque las ame, el macho siempre tendrá esa cualidad “única”.
Muchos han escrito de la poesía de Julio Valle-Castillo, nosotros ofrecemos en esta edición su poesía sin recurrir a ningún exordio. Estos poemas pertenecen a su libro El Niño Amor, contrario de sí mismo que aparece en la obra Con sus Pasos Cantados, la cual aglutina su poesía escrita desde 1968 hasta 1998. Con ustedes: Julio Valle-Castillo.

Nota roja en la crónica deportiva
Con aquella bata de baño / negra
cinta roja tela de toalla / parezco
un boxeador peso pluma al amanecer /
que sube al ring o a la vida
sin aplausos / no gritos/ o con mis propios
alaridos/
con partidarios o sin fanaticada
/Pero solo/
con tu ausencia u olvido en la sala / en la cocina
en el baño / en el pecho/ en el aposento /
en no sé dónde y bien sé que en todas partes
Exacta tu ausencia / tu extensa ausencia para que
aparezca tu fantasma y fajarme con él
/cuerpo a cuerpo/ para quedar noqueado al primer asalto
con un derechazo brutal
Y a la lona: ceja partida /
nariz chata / el rostro una sola masa
/casi desfigurado/
y esto que únicamente es con tu fantasma / Qué tal
si concertáramos la pelea/ Qué tal
si nos enfrentáramos de veras/ yo quedaría hecho tiras
y el amor triunfante/ brazo en alto/ dando saltos
más destructor que de costumbre…
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A pierna cerrada
Que no quieres hacer el amor ahora conmigo.
Perfecto. Este tigre ni se sorprende ni se entristece,
porque cuándo, qué día o noche, en qué lecho
o rincón del mundo deseaste hacer el amor.
Es cierto que muchas veces en un jadeo sudoroso
me pedías la boca, izabas las piernas y entonces
yo no sé si mi cuerpo o tu cuerpo eran tumba
o foso, yo iba por ti y tú te venías allí
donde la vida y la muerte gustan equivocarse,
juntar sus labios y olvidarse del encuentro.
Pero eso no es el amor. El amor es toditito
eso y otras cosas.

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Debería de llamarte Circe
Debería de llamarte Circe
(hasta tienes de la puta-bruja ésa la hermosa
cabellera)
porque nada, ni las criaturas,
ni las rosas amarillas haciendo su agosto
en el mercadito de Luz Saviñón,
ni el peor Julio que es el mejor y forrado
de lo mismo,
ni siquiera las tardes marítimas como el día
se salvaron.
Nada se salvó de que lo empuercaras,
de que lo precipitaras en tu pocilga.

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Ganas de gustar de lo mío
Ganas de gustar de lo mío,
de que tus dientes delanteros y abiertos,
Coneja, muerdan mis labios
para que mis labios existan de veras.
Ganas de sentirme pendiente de nuevo
de un ombligo por el mundo que es tu ombligo
y con vos en junta de ombligos.
Rabia de que mi lengua ascienda
por tus lomos-cuello-pezones-espalda
y lo mismo que himno deseoso
o columna encendida en plena cama,
como en un valle, te me levantes.
Ganas de vos que soy mi cuerpo,
rabia que aumenta si lanzo otro hueso
que no es mi cuento.
Ganas de blandir mi sable lúbrico, invicto,
listo para arremeterte, fragante,
con el olorcito ese que despide la boca de los dioses
sólo cuando tienen de esta tierra un vaguísimo recuerdo.