Salud y Sexualidad

Las discusiones y la familia

Hasta la familia bien adaptada necesita desprender presión ocasionalmente, y también puede experimentar conflicto y tensión, por lo que es importante encontrar formas de resolver conflictos

La mayoría de las familias tienen por lo general diferentes tipos de conflictos, y que de manera general se pueden agrupar en cinco niveles:
1.-Debates sobre diferencias de opinión, cada quien quiere imponer la suya.
2.- Conflicto y tensión causados por ansiedad, falta de confianza y temor de perder el afecto.
3.- Disputas que provocan duras críticas o un intento por forzar a la otra persona a cambiar. Éste es un principio que difícilmente podemos entender y es que nadie puede hacer cambiar a nadie, a menos que lo desee, la clave es cambiar uno, eso sí se puede.
4.- Conflicto enraizado en la necesidad de herir a la otra persona., muchas veces se hace por resentimientos guardados, conflictos no resueltos.
5.- Se intenta la destrucción de la relación o de la unidad familiar, a veces mediante un comportamiento violento, esto se va convirtiendo en un vicio, porque una vez que se encuentra “atracción” por las discusiones, medir fuerzas, descargar ira, herir, de esa forma las discusiones se van tornando cada vez más agresivas, llegando a los golpes.
Las familias bien adaptadas aprenden a evitar que las discusiones se intensifiquen hasta pasar a la crítica personal y el descubrimiento de defectos.
Ser consciente de esos niveles le ayudará a identificar la causa de una discusión y de las posibles tensiones y resentimiento subyacentes, facilitándole así el afrontar el problema real.
Comunicación clara
Resulta más fácil resolver un conflicto si todos los miembros de la familia se pueden comunicar con claridad y son capaces de expresar sus sentimientos sin atribuir motivaciones a los otros y sin hacer suposiciones.
Es muy posible que se enfrente con mayor frecuencia y en voz más alta con miembros de su familia que con cualquier otra persona. Hasta la familia bien adaptada necesita desprender presión ocasionalmente, y también puede experimentar conflicto y tensión, por lo que es importante encontrar formas de resolver conflictos.
El dinero, la disciplina, las tareas del hogar, los parientes, los hábitos personales, el tiempo que se pasa fuera de casa o juntos y los planes para el futuro constituyen ámbitos habituales de conflicto en las familias.
Que la discusión sea útil o destructiva dependerá de lo bien que la familia sea capaz de afrontar las razones subyacentes al conflicto. Muchas grandes peleas parecen centrarse en cuestiones triviales sobre todo si alguien de la familia ha reprimido sus sentimientos por un tema diferente.
Consejos
Procure escuchar más que hablar, admita lo que le dice el otro sobre sus sentimientos, y sea abierto al expresar los suyos, evite tratar de decirle al otro lo que cree que él siente, déjelo hablar por sí mismo. Sepa qué es lo que desea de la discusión, probablemente no será una pelea. Sea específico en su queja y trate de sugerir una solución razonable.
Lic. Ledia Gutiérrez Lanzas. Psicóloga clínica. Consultorio psicológico “Mente Sana”, Reparto Bello Horizonte B II 84. Tel: 2490536 y 8122460.
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