Salud y Sexualidad

César Saballos, puente del erotismo


Eunice Shade

Presentamos a César Saballos, un joven que viene a refrescar la poesía con sus tonos entre formales e insolentes. Nacido en Diriamba, Carazo. Nos cuenta que le hace a la pluma desde los quince años, pero luego interrumpió su quehacer literario por un tiempo, seguramente por esas cosas del destino.
Pero el llamado de la palabra no se equivoca y Saballos regresó a lo suyo: la escritura, y ahora, según nos dice, “con el rumor de la prosa taladrando mis motores”, porque este caraceño además de cultivar el verso, trabaja también la prosa.
Actualmente cursa el último año de Comunicación Social en la Universidad Centroamericana y labora como productor de Radio Futura.
Aquí les reproducimos una muestra de su trabajo poético, un puente hacia el erotismo.
Fotos para atesorar bajo el colchón, junto al billete de diez córdobas y el librito de Neruda.
Foto 1: Alabastro
Nacaradas piernas
las celdas que custodian
su oasis. Su exquisita pulpa
ondea sobre sus aguas,
en el punto donde desembocan
precipitados los deseos.
Quisiera el céfiro
expeler sobre su marmórea desnudez
y ser espada en su copa.
Mujer de Vitrubio enmarañada,
caminos de carne,
arcilla, maíz, soplo y costilla.
Sobre ella caminan desnudos
los suspiros agobiados,
exaltados. Maniatados. ¡Excitados!
Logran revoluciones,
la arrullan y calan,
le suplican y veneran,
--se deshacen, se destazan--,
la apapachan...
Un momento.
Quiere volver la mente.
En arcadas y descalza,
recorre sus vueltas,
sus ángulos mustios;
explora la rudeza hormonal.
Martilla, persigue, acosa,
destroza a su paso,
rasga sin pensarlo,
busca su motor
con beat de cascabel,
mas no está.
Escurridiza yace oculta tras su templo,
tras sus celdas,
sobre el agua,
en su cuerpo.
Foto 2: Caduceo.jpg
Soplo.
Pelusa danza bajo tu vientre.
Arde esa pira
de tantos nombres,
pero de un solo hombre.
A tientas:
Allí estás.
Músculos enroscados,
corteza rolliza.
Los kandas se retuercen
húmedos. Salinos.
El océano precipita tus poros
entre el halo
de suspiros extenuantes.
Las nubes sudorosas
se alzan. Emiten un golpeteo
como hipnotizante himno monótono.
Ritmo balbuceante
con un acorde sostenido
en un atril que emerge.
A este punto:
El faro bajo tierra
dilata sus paredes.
Libera olas de placer
que se estrellan contra las rocas
de tu garganta.
Olas que nombran, gimen... ¡gritan!
Implosionan las materias,
agua, carne, tierra, fuego y aire.
El movimiento
acusa, rige, yergue, explota.
Jadeante:
¡Silencio!,
¡Nació el universo!
Supernova rosa,
caduceo viviente,
kanda vibrante,
inclinados soplos.
Foto 3: Sima (A Ara)
Se corren
las cortinas.
Tu silueta opaca serpentea.
La brisa golpea las ventanillas
como tu abdomen al mío.
Las sombras se trenzan
alargadas,
ambiguas,
unidas.
Los besos regados
andan sobre tus valles,
tus murallas
y en la cerámica pálida
de tus montañas.
Suena la liga,
se ilumina el cielo.
Electricidad
entre sima y cima.
La piel camina
con pies descalzos
sobre la grama,
mientras tu lengua
salada
revierte, combina,
formula.
Tus redondeces
palpitan,
mientras tus uñas
anclan
en mis espaldas.
Tus muslos ceden.
Sí, será una visita
fortuita
con espasmos
como petardos.
Mis extensiones
invaden tus selvas,
tus bosques lluviosos,
tus rocas carnosas
que me golpean,
friccionan, mojan...
Empiezan
los sismos.
Tiembla tu arcilla
mientras lava brota
de tu abismo.
La saliva retrocede,
el diafragma se contrae,
la brisa arquea
por las palmas
sobre la tercera vértebra:
Fricción sobre el punto.
¡Caos!
Descubrimos el mundo.