Salud y Sexualidad

Se casa el niño

Estelí soñaba ver a “su huevitos de oro” casado con una matagalpina con rasgos vikingos de familia ganadera o cafetalera

Cuando el niño de Estelí, su terso, sano, casi-casto hijito de 16 años anunció su matrimonio con la novia de 16 años, flaca, huesuda y cara de infeliz, a su señora y casi-santa madre, el alma le rebotó en los tobillos y estuvo a punto de escapársele por la boca, de no ser por la buena dentadura que atrapó el alma de Estelí de un pie etéreo hasta convencerla de la imposibilidad de una vida sin la materia (al menos no por ahora), ya estaría enterrada con las lágrimas protocolarias propias de la ocasión y el gesto de su niño “de ni modo”, pero bajo ninguna circunstancia arrepentido.
“¿Cómo se boicotea el matrimonio de un fruto de tus entrañas?”, pregunta Estelí a las amigas que la asisten a su lecho de madre pronto a ser abandonada. “Yo esperaba que se casara… nunca, total yo no le he impedido tener relaciones sexuales en la casa… yo creo en el ejercicio muscular para evitar las distrofias”.
“Es normal – quiere ser realista Julia –a su edad los chicos se enamoran, es una fase. Mirá a Romeo y Julieta”.
“Ese no es un ejemplo adecuado – sale al paso Margarita, para evitar que Estelí siga como una Magdalena llenando de lágrimas su lecho, que pronto llamará: Nido Vacío. “Los jóvenes ahora viven más rápido, más peligrosamente, por lo menos él quiere casarse”.
“Pero si ella es una flaca fea, sin estudios, fanática del rock… una modelo de portada de revista en potencia”, apostilla Estelí, que soñaba ver a “sus huevitos de oro” casado con una matagalpina con rasgos vikingos de familia ganadera o cafetalera.
“¿Pero ya hablaste con él? --pregunta Julia con una inocencia típica de “La Pequeña Casa de La Pradera” – tal vez siente que le has quitado libertad y se casa en rebeldía”.
“¿Cuál falta de libertad?, si el niño redefinió la palabra orgía”, informa Estelí, como si le doliera la costilla que Dios le prestó a Adán para colocar a Eva en el mundo, desde entonces los hombres andan faltos de equilibrio en el mundo, como si esa costilla imposible fuese la misma esencia de la existencia y ya pérdida para siempre, ya que todo hombre la entrega para encontrar su Eva en el mundo, quedando así, como despojo, pues toda cosa buena, la única cosa buena, le fue arrebatada en el principio de los tiempos. Estelí sabe que debe conversar con su hijo adorado, aunque él heredase de su padre esa costumbre de “Te informo”, quizás – las personas con sus esperanzas tan vanas – puede reconsiderar el asunto después de hablar con su madre, cuyo amor es tan incondicional.
El niño ha traído comida de la calle, consciente que su noticia afectó la salud emocional de su madre, le ha comprado su favorito; quesillo nagaroteño con tiste. El favorito de él, se entiende, pues su madre tan exquisita gusta de pez globo. Y el niño previendo que casi la mata con la noticia de su boda, prefirió no tentar al destino con un pez globo mal cortado.
Antes que Estelí dé sus razones y llore para ver si a nivel emocional le llega, el niño lo tiene claro.
- Jugó la Lotería de New York y se la sacó, son como 100 millones de dólares. Me caso con ella, pasamos unos 5 años juntos, termino mis estudios y después me divorció pidiendo la mitad de su dinero.
- ¿Qué?
- No voy a arruinar los mejores años de mi vida.
- ¡Sos igual a tu padre!
- No, mi padre es gay, yo un patán.
Finiquitado el asunto, el niño partió, contrajo matrimonio. Por eso, nada que ver con los amantes suicidas del cuentista inglés.