Salud y Sexualidad

Gordo infeliz


Jove

Margarita tiene ánimos de detener el tráfico, hace buen tiempo que no le gritan una grosería en la calle y siente que lo viene necesitando, pero no tiene en su humilde guardarropa un vestido que le talle y permita (a quien le observe) admirar su curvilínea figura; por eso (por vanidad y no por necesidad) ha decido adelantar las compras de la semana y en lugar de tomar primera clase a Miami decidió probar fortuna en la ropa usada de los centros comerciales de la capital.
- No seas creída, si esa ropa la compra la gente más fina del país – la regaña Estelí, ofendida, pues ella es cliente de las tiendas exclusivas y no tolera esa mirada de "te vistes con ropa del ejército de salvación" que Margarita le suelta de vez en cuando.
- Este país no se caracteriza por su fineza querida- responde Margarita, observación que calla a Estelí y le hace jurarse que la próxima vez se irá de compras a New York, promesa que, sabe, incumplirá, ya que los tiempos no le permiten esas excentricidades tan propias de Margarita.
- ¿Qué vas a comprarte?
- Algo que me haga ver bien de enramada.
- ¿En qué?
- Rama, rame…
- Ah, de trabajadora del sexo pues.
- Más respeto, rame y trabajadora del sexo no es igual; la segunda lo hace por necesidad, la ramera por deporte.
Para el ojo analfabeto, las tiendas son grandes, para Margarita, que se quedó encerrada en el Mall de las Américas por entretenerse con uno de seguridad, lo nacional no es otra cosa que un rancho con 4 postes de cemento y está a punto de irse del local cuando observa unos pies peludos en el vestidor de damas.
- Pornografía – le avisa a Estelí y deciden esperar a que la pareja salga del vestidor para atraparlos con el brillo en los ojos y avergonzarlos con gestos desaprobadores.
Margarita y Estelí no tienen nada que hacer, esperar y nada más. Recuerdan su teléfono móvil y llaman a todas sus amistades, con urgencia claro está, pues el polvo promedio en un vestidor dura 4 minutos, quizás la hora le permite a Alberta, Toto, Claudia y Julia llegar justo al final de la función, al fin de cuentas los amantes estaban tan absortos en lo suyo que ni enterados estaban de la audiencia esperando. Julia se ha atrevido a sacar su cámara digital para tomarles la instantánea.
Hay cosas en la vida que toda persona no debe saber: los padres tienen relaciones sexuales, se divorcian, se odian, consiguen nuevos amantes, los amantes por días se aman y luego de a poco urden las traiciones, por esa incapacidad humana de vivir a gusto con lo que se tiene.
Incluso, peor que enterarse es tener una toma digital del momento en que el amor de tu vida sale del vestidor de mujeres con una chaparra, fea y chintana, y todas tus amigas estén en primera fila observando los cuernos que te han puesto.
Julia no merecía, pero quién merece una traición, quién se levanta en la mañana con la esperanza de ser traicionado por la persona que más ama.
Julia mantiene la compostura, el gordo-chaparro-feo intenta dar una explicación, pero no la consigue, fue atrapado en el acto y atina a decir lo de siempre.
- No es lo que estás pensando.
- No estoy pensando en nada, no pienso, no quiero… nada. Margarita, en su arranque de solidaridad, saca de su bolso el spray de pimienta y le llena los ojos al gordo-chaparro-maldito-y feo. Para Julia ya es bastante tarde, la verdad, y se pone a llorar.