Salud y Sexualidad

Historia de la tristeza

Desde la más remota antigüedad y en diferentes culturas, existen descripciones del inexplicable fenómeno de la depresión. Son muy parecidas a las de hoy, aunque expresadas en sus diferentes lenguajes y con interpretaciones religiosas o mágicas, o de tipo científico oficial según los criterios de la época

Los sentimientos de abatimiento o de depresión son viejos compañeros de la raza humana, y seguramente en sus formas menos graves tienen funciones adaptativas, como por ejemplo, recabar la atención y el cuidado de los demás, constituir un modo de comunicación cuando uno se encuentra en una situación de pérdida o de separación, o también puede ser un modo de conservar “energía” para poder hacer frente a ulteriores procesos de adaptación. Sin embargo, si este sentimiento de tristeza aumenta en intensidad, se convierte en una enfermedad que interfiere gravemente en la vida psíquica, de pareja, de familia, social y laboral de la persona que sufre, en ese caso amerita tratamiento psicoterapéutico y farmacológico.
Desde la más remota antigüedad y en diferentes culturas, existen descripciones del inexplicable fenómeno de la depresión. Son muy parecidas a las de hoy, aunque expresadas en sus diferentes lenguajes y con interpretaciones religiosas o mágicas, o de tipo científico oficial según los criterios de la época.
Qué dice la Biblia
La descripción de la tristeza está ya reflejada en el Antiguo Testamento (Libro de Job, hacia el siglo XV a.C.). En otros textos bíblicos (hacia el siglo VIII a.C.) también queda constancia cuando se narran los graves episodios de tristeza y melancolía de Saúl, quien inicialmente respondía a la terapia musical de su hijo David, finalmente llega a un estado tal de depresión que intenta dar muerte a su hijo.
Los intentos más remotos por comprender “científicamente” la tristeza se deben a Hipócrates (460-375 a.C.), a quien piden diagnostique al filósofo Demócrito, que aparentemente se había vuelto loco.
Por los datos que tenemos parece que Demócrito padeció primero una fase depresiva y después de la inactividad que acompaña a la depresión, inició una fase de hipertermia con actividad febril que a sus contemporáneos les pareció muy extraña. Vivía rodeado de esqueletos y restos de animales a los que disecaba. Al recibir la visita de Hipócrates, Demócrito le contó que había sufrido tanto con su enfermedad que deseaba descubrir un tratamiento para curarla a otros y prevenir una recaída propia. En los cadáveres buscaba la sede de la “bilis negra”, fuente de la tristeza (melancolía).
Hipócrates encontró razonable y meritoria la actitud del filósofo, era también la suya; busca la causa natural e intenta encontrar la cura. La etimología de la palabra melancolía deriva precisamente de este concepto griego de la bilis negra (melas- negro, chole- bilis), que va a perdurar muchos siglos, con añadidos tan pintorescos como la “melancolía ventosa”, y sustituciones de la bilis como agente causal por “los vapores del bazo” el “fermento demoníaco” y la “suciedad melancólica”.
Es impresionante mencionar como los griegos “ya lo han dicho todo”, bueno, esto en lo que respecta a la descripción clínica de la enfermedad; pero no en lo referente a sus causas y tratamiento, en Homero, Aristóteles, Areteo, Asclepíades, Plutarco y tantos otros encontramos descripciones nítidas de procesos depresivos.
Con las invasiones de los bárbaros, se eclipsa la cultura greco-romana en Occidente. Desaparece la figura del sabio profano. Los eruditos y pensadores son casi todos religiosos y entre muchas cosas nos encontramos con un enfoque nuevo, el enfoque “espiritual” de la depresión. La observación de algunas formas de depresión, en las que los pacientes están tan cargados de sentimientos de culpa que hace que se interpreten ciertas manifestaciones depresivas como formas de pecado.
Los místicos medievales tropiezan con una fuente de desorientación: las ideas de culpa y de condenación que tiene el deprimido, es el período de la “Santa Inquisición”, muchos dementes fueron a parar a la hoguera precisamente por la dificultad de comprender una enfermedad psíquica.
Tome nota
Estimado amigo lector, si usted, un hijo suyo, un familiar o un amigo está padeciendo de un cuadro depresivo no dude en buscar ayuda. Llame a la Clínica San Francisco, de Camas Luna Montoya 90 varas arriba, calle 27 de Mayo. TEL. 2222494 o al celular 8771894, en donde le ofrecemos diferentes planes económicos según sus posibilidades, para que usted pueda recibir la asistencia que necesita. Dr. Javier Martínez. Dearreaza. Neurólogo-psiquiatra