Salud y Sexualidad

Otoniel Guevara, sin cursilerías

Desnudo, sin más que su melena felina, este salvadoreño se adentra en el organismo del lenguaje

Eunice Shade

Detrás del traje de Otoniel Guevara está un poeta, pero no un poeta común, de esos que adquieren accesorios esnobistas para diferenciarse de los demás. Guevara busca su individualidad hasta en los confines de la palabra. Desnudo, sin más que su melena felina, se adentra en el organismo del lenguaje. No importa si es amor, desamor, erotismo, locura, revolución, corrupción, odio, rencor o amistad, Guevara se encuentra cara a cara con monedas de oro literario que funde para adaptarlas a la forma que su ser le dicta.
Salvadoreño, originario de Quezaltepeque (1967). Periodista y poeta. Desde sus inicios en la poesía obtuvo varios premios, entre éstos los juegos florales de: Zacatecoluca, San Miguel, Ahuachapán, Apopa, premios en los certámenes Roque Dalton, Alfonso Hernández y Juventud Literaria.
Muchos de sus libros han sido traducidos al inglés, italiano, sueco, francés, eslovaco, húngaro y alemán.
Actualmente dirige el suplemento cultural de Diario Colatino (El Salvador) y el Encuentro Permanente de Poetas de su país.
Los poemas que publicamos en esta edición pertenecen a su selección “Cuando la lluvia se techa de prodigios”.

Amor
Tanto te cubrió mi abrazo
que mi sombra cicatrizó tu piel
Tanto tuve que dejarte
que tu piel se convirtió en mi sombra.

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Vos mi secreto

Nadie sabe de vos
nadie conoce
el limpio a b c diario de tu sangre
ni el color de tus ojos cuando ardes
ni el olor de tus puños contra el hambre
Vos mi secreto
mi oráculo encendido allá en la tarde
mi pálido con qué
mi excomunión de dios y sus compadres

Para reptar tu piel
ya ni mis dedos saben las señales

Homenaje

En vos
me acumulo
escancio mis bosques
destrozo el abrigo de la seriedad

en tus senos encuentro la muerte
encuentro la calma
por ellos pierdo el empleo y pierdo la cordura

y si hubo alguien que concibió esta maravilla
yo le convido con todas mis ventanas
y le dedico las flores de mi secreto cementerio

y si hubo alguien que te pensó y te dibujó y te deletreó para mí

yo le deseo buen viaje

mis labios siguen llenándose de heridas pero beso tus omóplatos

con dientes perrunos despedazo la rabia del mundo

en vos yo me amo y el beso que te frutezco
me lo doy en la frente que suda
en el brazo que acuna y se desperdiga por toda su piel salobre y vaporosa

y nada
ya nada, nada, nada podrá apagar
el voluptuoso susurro del amor
con que me he creado en vos.

Fortuna

Qué suerte que tu falda sólo tapa tu sexo
y no tu boca,
pues así puedo adivinar las historias
que un beso desdibuja

Qué suerte
porque tapa tus nalgas
pero deja al descubierto tu mirada

Qué suerte
porque sus cerraduras no detienen al viento:
lo que tu falda prohíbe lo inventa mi deseo

Qué suerte que tu falda
sólo tapa tu cuerpo, sólo ciñe tu talle,
sólo insiste en misterios

Qué suerte que tu falda
no te tape de mí.

Hora tres

I
La ropa no te toca como yo

tus piernas caen en la tentación
cuando las besa el viento
de mi aliento

tus pezones no conocen más lenguaje
que el de mi lengua

y tu cintura no soporta más talle
que mi abrazo

nada puede tocarte como yo

De ayer

A Patricia Pereira

¿Cuánto duró la escena
en que mi trastornado aliento se dibujó en tu cuello?

Ahora veo que nada. Ahora estoy seguro
que del clamor con que mis manos recibían tu cuerpo
quedan tan sólo retazos nebulosos de momentos.

Si no hubiera tenido tan roto el corazón.

Si por las noches me hubiese dedicado a contemplar tu sueño.

Si hubiese tenido con qué pagar tus lágrimas.

Pero aquello se rompió en el fondo de un pozo demasiado seco
Y yo soy sólo un hombre que te mira alguna tarde
y se consume lento, lento, lento
como un oprobioso cigarrillo.

Fotografía: Cortesía