Política

De partido revolucionario a familiar

* El libro muestra la metamorfosis del FSLN, y el acumulamiento de poder en la figura de Daniel Ortega, un inesperado legado en su historia

Matilde Córdoba

El libro “Nicaragua y el FSLN (1979-2009)” analiza la trasformación del partido de gobierno, y responde las interrogantes que inquietan a los muchos que critican la metamorfosis que sufrió a partir de 1990. El libro hace una remembranza histórica desde los inicios del Frente Sandinista como organización política-militar, hasta su conversión al servicio del actual líder, Daniel Ortega.
En el análisis de Salvador Martí i Puig, español, doctor en Ciencias Políticas e impulsor de esta recopilación de ensayos, la “mutación” del Frente Sandinista se explica desde varias ópticas, abordando las diferentes etapas de la historia contemporánea. Queda flotando, sin embargo, una pregunta que no puede ser respondida en el mediano plazo: la modificación del Frente Sandinista a un partido familiar.

La desinstitucionalización del FSLN
“Desde su llegada al poder en 2006, parece acentuarse el control personalista de Ortega (y de su esposa), hecho que –si continúa- puede suponer un proceso de desinstitucionalización. Fenómeno que quizá dará al partido y a su líder una gran capacidad de maniobra táctica para que, a la postre, puede terminar por convertirlo en un apéndice de intereses personales y espúreos”, considera Martí i Puig, uno de los trece autores del libro, quienes en su mayoría son extranjeros.
En sus inicios, el libro le da al Frente Sandinista el lugar que ocupa en la historia. “Nicaragua hizo su aparición en el radar político mundial con la Revolución Sandinista. Era una revolución ‘diferente’, sobresaliente por la amplitud de la coalición revolucionaria, su falta de dogmatismo y el liderazgo colegiado de los sandinistas”, escribe Martí i Puig y David Close.
El paso del FSLN a partido electoralista
Más allá de esto, el libro trata insistentemente de explicar las razones por las que el Frente Sandinista se adaptó al nuevo contexto a partir de 1990, y en 1995 cuando se dio la escisión que creó la renovación que lo llevó a ser un “partido político de corte ‘electoralista’ y con una organización fundamentalmente ‘personalista’. Anota, además, en qué aspectos se dieron los cambios: formato organizativo, militancia, dirigencia, discurso y estrategia.
El libro da especial importancia al papel de opositor que durante 16 años jugó el FSLN y hace énfasis en que los conflictos políticos han dejado de ser militares para centrase en los límites electorales.
David Close sostiene que cuando el FSLN se convirtió en partido de oposición se replanteó “tres grandes cuestiones: su recomposición organizativa, su discurso y su nueva estrategia”.

Un gobierno sin políticas de Estado
Antes de analizar el nuevo escenario de este partido (que “gravita en torno al liderazgo de su secretario general, Daniel Ortega, reforzando la cultura política nicaragüense vinculada a la idea del hombre fuerte”), el libro escudriña las debilidades y fortalezas de la actual administración sandinista, pero sin obviar las de la década de los 80.
“Un punto interesante es que el FSLN ha tomado prestada muchas de las políticas sociales innovadoras del Brasil, de Lula, hecho que sugiere la incapacidad que tiene el partido de diseñar políticas”, agrega, sin ver de lado las relaciones con países como Taiwan, Venezuela, Irán y Libia. A estos dos últimos los ubica como socios, aunque hasta la fecha su influencia y contribución no son comparables con la de Venezuela.

Triste legado
Martí i Puig y Close concluyen que “es difícil pensar que las políticas de redistribución implementadas puedan cambiar la situación de miseria en que vive la mayoría del país, pero lo que realmente es crítico, es la acumulación de poder alrededor de la figura de Ortega y su partido. Sería triste si esto fuera el único legado de la Revolución Sandinista”.