Política

Inusual “tour” presidencial

* Presidente de Venezuela se encargó de contrarrestar la sed de un niño pobre con el agua francesa de consumo presidencial

Matilde Córdoba

-- “¿Cuántos semáforos faltan, Daniel?”
Esa fue la pregunta de un presidente agotado que tres horas antes había sido recibido como héroe, besado a más de 20 niños, abrazado a una decena de mujeres, y visto la miseria de una capital empobrecida durante un tour que podría denominarse “presidencial y poco concurrido”.
Hugo Chávez, Presidente de Venezuela, preguntó un tanto fatigado a su aliado incondicional, su homólogo de Nicaragua, Daniel Ortega, a quien le afloja la billetera repleta de petrodólares, y quien le saca “al pueblo” a agasajarlo en las calles.
La pregunta la hizo bajo el sol ardiente de la hora en que murió Cristo y con más de 37 grados centígrados, en el mercado más popular e inseguro de esta capital.

Chávez en “El Oriental”
Llegaba al Mercado Oriental la comitiva de ambos mandatarios, compuesta por una caravana de no menos de 40 vehículos, más de la mitad conformada por la delegación venezolana y policías de seguridad personal, cuando Chávez mostró su impaciencia.
Allí, justo en el “Gancho de Caminos”, las mujeres del mercado se desvivían por verlos. Nadie quitó la basura que normalmente se halla en este sitio, tampoco hubo quien evitase el ruidaje de los buses que se pelean con sus bocinas en esa carrera diaria que deja a más de un peatón golpeado.
Un cordón de policías molestos y sudados evitaba que los mandatarios fuesen arropados por la gente. “Voltéyese que sólo le vemos la camisa…”, gritaba una mercadera por aquí, y otra embarazada a su lado discutía con los periodistas “ingratos” que le impedían ver a los gobernantes.

Un súper tour
Durante cuatro horas y medias, Chávez y Ortega recorrieron Managua. Ésta es la sexta vez que el mandatario venezolano visita el país durante la Administración sandinista, y hasta ahora realiza semejante periplo.
Partieron del aeropuerto poco después de la una de la tarde, y llegaron a la Secretaría del Frente Sandinista a las seis. Repartieron besos y abrazos como los curas la bendición, y cargaron más pequeños que niñeras en guardería.
Chávez ofreció su médico personal a un niño calenturiento, dio de tomar agua francesa a aquellos que parecían morir de sed, quitó un instrumento a un chichero para bailar en media calle, cantó y cantó y recibió un CD con música hecha especialmente para él.

Ortega ya no convoca
La caravana presidencial no tuvo la acogida esperada. No parecía que aquel Daniel Ortega que arrastraba masas por doquier y paralizaba la ciudad era quien pasaba por Campo Bruce, Larreynaga, La Tenderí, el Teatro González. No. Era sólo un presidente sudado, chaqueta verde, pelo al viento y sonrisa de rótulo, quien una vez más detenía el tráfico.
El mismo a quien jóvenes estudiantes de los colegios demostraban sus dotes de bailarinas al ritmo de sus bandas sonoras.
Ante cada movimiento de las colegialas, los mandatarios respondieron con abrazos y besos. Y más abrazos y más besos. Y más sonrisas. Y más. Así se agradece la cooperación, decía el locutor en la radio oficial. “Y el pueblo sale a recibirlos con algarabía, no alcanza tanto entusiasmo”, seguía el locutor, pero apenas eran curiosos que salían de sus casas ante el bullicio anormal.
El ocaso los llevó hasta el Puerto “Salvador Allende”, donde se embarcaron y hablaron del partido de sóftbol que jugarán. Chávez le explicó a su hija, Rosa, quien le acompañó, sobre los puertos lacustres, y dijo que él y Ortega eran “sólo dos tipos que andaban por allí”.
Ambos “tipos”, ya sin gente que les siguiera, arribaron a la Casa de Gobierno y también casa del Presidente, y se reunieron por más de tres horas para hablar de acuerdos de cooperación. De la visita del mandatario venezolano sólo quedaron los gestos de agradecimiento ante el recibimiento “del pueblo” en las calles, y un sabor amargo a campaña electoral.