Política

“Aventurado de la boca”, llaman a embajador


El presidente de la Contraloría, Luis Ángel Montenegro, y el magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Francisco Rosales, lamentaron las declaraciones del embajador Trivelli, sobre todo porque representan una intromisión directa en los asuntos internos relacionados con la actuación de las instituciones del país.
Montenegro declaró que “nosotros trabajamos con nuestro propio sistema, nuestra propia cultura e idiosincrasia y manejo político, y por eso creo que mal hace el señor embajador en meterse en lo que no le compete o corresponde”.
Señaló que él podría decir que la entidad de cuentas de Estados Unidos “está en contubernio o pacto” porque ha habido fraudes enormes, como el Túnel de Boston, donde se han perdido 30 mil millones de dólares, en administraciones demócratas y republicanas, sin que nadie se haga responsable.
“El embajador es aventurado de la boca y por eso debería de preocuparse más por lo que pasa en su país, con problemas como el que te mencioné, en lugar de venir a decir aquí cosas que no le corresponden”, concluyó.
“No tiene autoridad moral”
El magistrado de la Corte Suprema de Justicia, CSJ, Francisco Rosales opinó que “Trivelli no tiene autoridad moral para criticar a las instituciones nacionales, cuando representa a un imperio que a diario viola los derechos humanos a nivel mundial, por ejemplo, con la dizque lucha contra el terrorismo que ellos mismos inventaron porque crearon a Bin Laden”.
La crítica de Trivelli carece de objetividad, porque no se atreve a abordar el tema de la propiedad, que es el problema más grande del país desde hace muchos años, y en el que están involucrados los norteamericanos, porque a diario aparecen nuevos gringos “caitudos”.
Trivelli cita casos desafortunados, “por ejemplo, dice que los Cenis son una persecución política, pero no menciona que una empresa norteamericana vino a subastar bienes del Banco Central de Nicaragua y no recuperó ni el diez por ciento, lo cual es una vulgaridad”.
Afirmó que el mismo Trivelli reconoce que los problemas de los nicaragüenses deben ser resueltos por los propios nicaragüenses, quienes deben decidir si su clase política está manejando la práctica de la democracia.