Política

“El pueblo no ve estilos democráticos”


Para llegar a la clásica casona que hospeda a los obispos que administran la Diócesis de Jinotega hay que cruzar gigantescos baches de una calle central de la ciudad que ahora está en peor estado que los caminos por donde se saca la producción de este departamento.
La tarde fresca de septiembre hace más acogedora la sala donde vive este fraile, que nos recibe para ofrecer su primera entrevista a un diario nacional, dos años después de haber asumido la Diócesis.
Entre otras afirmaciones categóricas explica que no cree en la reconciliación que pregona la Comisión de Reconciliación y Paz que preside el cardenal Miguel Obando; critica severamente las promesas electorales incumplidas; resiente que la población no ve estilos democráticos en este gobierno y hace ruegos para que las relaciones entre el gobierno del comandante Daniel Ortega y los medios de comunicación no se tensen más, porque según él, estaría en peligro la libertad de expresión.
Su Diócesis tiene una relación muy particular con el campo. ¿Cuál es la situación actual del campesinado? ¿Es cierto que existe un estado de desesperanza?
En el aspecto social, todos recordamos que hace apenas unos meses los partidos políticos visitaban el campo para ofrecer muchas cosas; hubo ofrecimientos de apoyo al campo, entre ellos, acabar con el desempleo, pero vemos que siete meses después no se ha concretado nada, no existe ni un asomo de proyectos concretos, nada en la práctica.
Hemos visto una reactivación de cuadros en el gobierno, pero muy poco dirigido a la población. En el campo no se conoce el crédito, el campesinado sigue a la espera. Si algo ha revivido la esperanza es que las lluvias han sido copiosas, las cosechas saldrán y la gente tendrá algo que comer, habrá maicito y frijolitos nuevos.
Los caminos están malos, vienen tiempos difíciles porque habrá problemas para sacar esa cosecha.
¿Cómo expresa el campesino esa desesperanza?
La gente se acerca a nosotros, expresa sus necesidades y lo que más resiente es el desempleo, principalmente entre miles de jóvenes en el campo que son los más afectados porque están comenzando sus expectativas de vida. Hay que recordar que en estas zonas solamente se trabaja por temporadas, cuando hay cortes de café, después es difícil encontrar algún empleo.
La Diócesis de Matagalpa ha comunicado que no trabajará con la Comisión de Paz y Reconciliación que dirige el cardenal Miguel Obando. ¿Cuál es la posición de su Diócesis?
Nosotros no creemos en la base de esa reconciliación, no le damos importancia, no le vemos sentido a esa reconciliación, no sabemos hacia dónde nos lleva. Si viéramos que a través de esa reconciliación llegaríamos a proyectos concretos para ayudar a los ex combatientes de guerra, sería una gran cosa y no habría necesidad de verificar. El mismo clero y la Conferencia Episcopal han dicho que el señor Cardenal (Obando) ofrece un servicio personal, que él sabrá cómo lo hará.
Entonces, ¿ustedes como Diócesis no se van a incorporar?
Nosotros nos incorporamos a proyectos concretos, así trabajamos con Cáritas, que atiende la parte social. Podemos ayudar cuando haya situaciones difíciles de violencia en el campo, de injusticia; algún secuestro. Así trabaja la Iglesia.
Existió la percepción que por tratarse de un cardenal al frente de la Comisión de Paz y Reconciliación la Iglesia se sumaría automáticamente. ¿No es así?
No. Tuvimos un diálogo franco y abierto con el gobierno, ahí estuvo el Cardenal y quedamos en que él asumiría esa responsabilidad a título personal. Nosotros como obispos respetamos esa decisión, lo único que hubo fue un respaldo como cristianos y más que todo por tratarse de un obispo emérito. Pues si el gobierno vino a hablar con nosotros, el Cardenal tuvo la libertad de tomar su decisión.
La decisión de los obispos, ¿creó división entre ustedes? ¿hay divergencias alrededor de la comisión?
No. Como Conferencia Episcopal no, pero sí hay diferentes criterios. La misma propuesta que el gobierno le hizo al Cardenal se la planteó a los obispos, pero nosotros no la concebimos como Conferencia. Hubo expresiones de apoyo de los obispos más cercanos al Cardenal Obando en el sentido de ver cómo se le podía apoyar a él, pero en posición y doctrina como Iglesia no. Por lo tanto, la Iglesia no está dividida.
Como obispo, ¿cómo cree usted que deberían atenderse los problemas de los desmovilizados de guerra en el campo?, ¿qué tipo de políticas aplicar?
Primero hay que ver quiénes como desmovilizados no han sido favorecidos en nada, los que están en completo abandono, y a ellos se les debe beneficiar con proyectos concretos. El gobierno debe proporcionar los instrumentos necesarios para que los desmovilizados que están en completo abandono trabajen y se valgan por sí solos.
¿Qué percepción tiene el campesinado de estos primeros siete meses de gobierno? ¿Qué impacto ha tenido la insistencia de crear otras formas de organización como los Consejos Populares Ciudadanos?
Cuando la gente se acerca y platica con nosotros (el clero), lo hace con cierto temor, piensan que estas nuevas formas de organización hagan retroceder al país a los años ochenta, se percibe que el gobierno está creando estructuras de organización más autoritarias que de servicio, y lo más lamentable es que la gente no tiene información alguna de estos organismos. Éste es el entorno que uno como guía espiritual percibe en cada momento.
El problema es que sumado a que no hay información, la gente observa que se favorece más a ciertos sectores con los proyectos y de ahí nace la desconfianza. La población no ve estilos democráticos.
¿Y eso cómo impacta en la gente?
El pueblo ve diferencias entre sectores y por eso no quiere participar en las formas de organización que ofrece el gobierno.
Los partidos políticos ofrecieron un banco de fomento para beneficiar al campo y no se ha cumplido. ¿Qué se dice en el campo?, ¿cómo ha impactado esta promesa incumplida?
Insisto, la política electiva es para llamar la atención de la población, para ganar votos. La realidad después de las elecciones cambia, la población no ve un camino claro para salir de la miseria y la pobreza. No existe una política económica concreta para comenzar a resolver los problemas.
Pero este gobierno se ha presentado como abanderado de los programas sociales. ¿Qué pasa, entonces, acaso no ha habido consecuencia con el discurso?
No. Ha habido un impacto muy pobre. El gobierno llegó a Matagalpa a repartir cerdas paridas, pero no sé a quiénes ni a cuántas personas. Éstas son cositas, más de manifestación popular que de otra cosa, no son proyectos concretos.
Estoy claro que la situación de pobreza de un pueblo no se resuelve de un día para otro, pero tienen que hacerse trabajos más específicos, aunque sea poco a poco.
Si el gobierno central llegara a Jinotega y organizara un acto parecido al de Matagalpa frente a la Catedral San Juan y lo invitara a usted a participar en el acto. ¿Cómo reaccionaría?
No participaría, no tiene sentido. Esto tiene un concepto político muy propio del que lo está haciendo, no creo que esté ofreciendo soluciones concretas. Son acciones que se prestan más a la manipulación de un partido, hay riesgos de manipulación. No es igual a que el gobierno abra un banco de crédito favorable para la mayoría.
El vicario de su Diócesis, el padre Eliar Pineda, ha expresado en sus últimas homilías que el pueblo está frustrado porque no se han castigado los casos de corrupción y porque el sistema judicial no está siendo consecuente con el ánimo de la población. ¿Usted comparte ese sentimiento?
No es ajeno a nadie que la justicia no está cumpliendo su cometido. Hay temas muy sensibles como el del narcotráfico, donde se deja en libertad a los más fuertes y a los pobres que buscan como peones, a los que cuidan la droga, los condenan apenas mayores. También preocupa tantos fraudes que ha habido con los bienes del pueblo. Es decir, se le está dando un gran espacio a la corrupción.
¿Por qué cree usted que no se está castigando la corrupción?
Hasta el momento no hemos visto esa voluntad. Los de arriba son más privilegiados que los de abajo porque siempre pagan los errores. No se está colaborando para que se construya una sociedad con valores de honestidad, respeto y honradez.
¿Usted cree que la población cree en sus instituciones o se percibe alguna orfandad?
La población no cree en las instituciones; los últimos regímenes no han dado respuestas a los problemas más sentidos, hay muchas dudas. Se ha perdido el sentido de la democracia.
¿Qué opinión tiene del papel de los medios de comunicación?
Los medios deben profetizar por la unidad de los valores, para salir del subdesarrollo y de tantas injusticias. Deben fiscalizar lo que hace el gobierno y la sociedad.
¿Qué opina sobre la relación entre el gobierno de Daniel Ortega y los medios de comunicación?
Espero que esas relaciones no vayan a tensarse más porque podemos caer en una falta de libertad de expresión.

¿Quién es monseñor Carlos Herrera?
Tiene muy marcadas sus características de hombre del campo y es que sus raíces están en la comunidad de Namanjí, vecina a la tierra natal del general Pedro Altamirano, lugarteniente del general Augusto C. Sandino.
Los abuelos de monseñor Herrera nacieron en Namanjí y luego sus hijos se marcharon en línea recta a La Trinidad, municipio de Estelí, donde nació este obispo de 58 años y ordenado como tal hace dos años.
A monseñor Herrera es difícil no vincularlo al fraile Odorico de Andrea, el santo de los sanrafaelinos, pues trabajó con él desde sus inicios, antes de trasladarse a la provincia de Asís y después a la provincia de Nuestra Señora de Guadalupe de Centroamérica y Panamá.
Antes de ser ordenado obispo y sustituir a monseñor Pedro Lisímaco Vílchez en la Diócesis de Jinotega, monseñor Herrera ofreció sus servicios sacerdotales en la iglesia de la Colonia Centroamérica de Managua; Juigalpa, León, Darío, Matagalpa y San Rafael del Norte.
El ámbito de su trabajo está en recorrer las comunidades más remotas del departamento de Jinotega, desde Ayapal hasta las más cercanas. Recorre estas comunidades por lo menos de dos a tres veces por semana y supervisa programas sociales que desarrolla Cáritas, entre ellos algunos de alfabetización en Wamblán y Wiwilí.
Hoy día es el único obispo franciscano en la Conferencia Episcopal, antes estuvieron los frailes Julián Luis Barni y Carlos Sancti, ya fallecidos.

Jinotega conmovida
Dos hechos de profundas repercusiones humanas han impactado a esta ciudad, abrazada por valores muy conservadores. El obispo Carlos Enrique Herrera no está ajeno a estas dos noticias que han conmovido los cimientos morales. En las esquinas, el parque y las pulperías no dejan de ser temas de conversación y asombro.
A una mujer, muy conocida entre la población, le fue diagnosticado sida y siete años después ella se da cuenta que no era cierto. Un ciudadano de 38 años de edad se casa con una adolescente de apenas doce años, con el consentimiento de los padres de la adolescente.

¿Cómo ve estos dos casos, monseñor?
En el caso de la mujer a quien le diagnosticaron sida y después ella misma comprobó que no tenía tal enfermedad, me parece que se trata de una falla profesional, se cayó en problemas éticos y crearon sufrimiento humano. Es una situación muy delicada que nos llama a preguntarnos qué hay detrás de ese hecho.
Y respecto del matrimonio entre un adulto y una adolescente, es un acto que va contra la ley; aunque se haya consumado con el consentimiento de sus padres, se ha fallado, no debió ocurrir.