Política

Secretismo y autoritarismo guían la gestión de Ortega


Sergio Aguirre

Los primeros tres meses de gestión del gobierno del presidente Daniel Ortega se han caracterizado por el afán del secretismo, un tinte indiscutible de autoritarismo --desconcertado por el poder-- y una intensa fase de organización partidaria alrededor de un líder, desplazando así a la vieja guardia del FSLN por una agrupación de jóvenes muy disciplinada que sirve al caudillo.
El ex canciller de la República, Emilio Álvarez Montalván, en entrevista con El NUEVO DIARIO analizó de esa manera los primeros 100 días de la Administración del gobernante rojinegro, quien según el ex diplomático, hilvana una política exterior congruente e independiente que sienta una posición que sea reconocida por la gran mayoría de los nicaragüenses.
Refiriéndose al secretismo señaló que no hay acceso fácil a las autoridades para poder dilucidar cualquier contratiempo o algún tipo de equivocación.
“Basta decir que no quiere atender en la Casa Presidencial, que es una especie de urna transparente donde la gente puede ir a visitarlo o inquirirlo, por el contrario, se recluye en su casa, la cual forma parte de lo que se conoce como Secretaría del FSLN, en otras palabras, la sede partidaria”, censuró.
Para el analista conservador, el autoritario gubernamental con el que está diseñada la estrategia del Poder Ejecutivo se manifiesta por acoplar una organización paralela a la que ya existe constitucionalmente hablando, aludiendo a los Consejos Ciudadanos que intentan imponer en todas las alcaldías, ministerios y entes autónomos.
Considera que esa decisión provocará una gran confusión y mucha desconfianza, pues según él, ni a los mismos alcaldes sandinistas les gustará que su autoridad sea puesta en duda.
En cuanto a la reorganización partidaria, Álvarez destacó que el FSLN está actuando arduamente, aunque cree que “no se nota, pero ahí están trabajando, especialmente en los Organismos No Gubernamentales (ONG), de tal forma que se deshicieron de la vieja guardia, para comenzar a instruir a una juventud leal y disciplinada al líder, a como los hicieron Emiliano Chamorro, José Santos Zelaya y Anastasio Somoza García, en sus tiempos de caudillos”.
Pese a esos señalamientos, el ex jefe de la diplomacia nicaragüense valoró positivamente el interés que Ortega puso en resolver el problema de la energía, aunque advirtió que lo hizo fuera de la ley, porque la cartera petrolera de 300 millones de dólares no fue incluida en el Presupuesto Nacional.
También elogió la disposición de reducir los megasalarios en el Gobierno central, no obstante, precisó que esa iniciativa no podrá ponerse en práctica en el resto de poderes del Estado.
Inconsistencias de política exterior
Abordado sobre la política exterior en los primeros 100 días del nuevo Gobierno, comentó que no observa una congruencia, aduciendo que Ortega quiere mantener relaciones cordiales con países controversiales como Irán, que ha sido sancionado por las Naciones Unidas por no suspender el enriquecimiento de uranio.
De igual manera, Álvarez criticó que el gobernante retomó el discurso antinorteamericano del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, pese a que Estados Unidos mantiene su programa de ayuda para Nicaragua.
“El problema está en que Ortega ligó su política exterior a la de Chávez, y ahora resulta que esa política ha sufrido un estancamiento, y esa burbuja no ha podido reclutar más que a Nicaragua, Venezuela, Cuba y Bolivia, mientras que Ecuador está por resolverse o dilucidarse en el próximo referéndum”, acotó.
En ese sentido, Álvarez advierte que esa liga que encabeza Chávez no logrará más adeptos, puesto que Brasil se arregló con el presidente norteamericano George Bush con el proyecto de fabricación de etanol; y México nunca ha querido formar parte de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA).
En cambio, mencionó que Chile se acercó a México para exteriorizarle que está más cerca del país azteca que de Venezuela y Perú, mientras, agregó, Colombia fue invitada a participar en la cumbre presidencial realizada en Campeche.
El ex diplomático estimó que la participación de Colombia en esa cumbre está totalmente desligada del diferendo territorial con Nicaragua, recordando que históricamente ese país ha rivalizado su influencia en Centroamérica con Venezuela.
“Esa ha sido una discrepancia muy antigua que nada tiene que ver con problemas limítrofes”, expresó.