Política

Gobierno debe enderezar rumbo

* Presidente debe escuchar lo que están pensando los sectores * Temores por los poderes espirituales de Rosario Murillo * Los aliados de ayer y los de hoy

Sergio Aguirre

En su análisis sobre los primeros 100 días del actual gobierno, el encargado del Área de Gobernabilidad de la Coordinadora Civil (CC), Guillermo Pérez Leiva, apuntó que más allá de decir que está aprobado o aplazado, la gran lección a aprender es que tiene que enderezar y reorganizar su rumbo y empezar a gobernar para dedicarse a resolver las necesidades prioritarias de la población, ya que hasta el momento no se destaca por ser parte de la solución a los problemas.
Pérez Leiva sostuvo que la visión que la sociedad en general tiene de este gobierno es de desarticulación en el engranaje administrativo, lo que crea una incertidumbre sobre qué es lo que persigue, causando inseguridad en torno a qué se puede lograr con un régimen que fue opositor a los gobiernos de corte liberal desde 1990 hasta la fecha.
“Una de las cosas que podría sugerir al presidente Daniel Ortega es que convoque de forma inmediata a un diálogo de nación, que evalúe estos 100 días y escuche las críticas de los diferentes sectores y, por otro lado, lo llamamos a dar un golpe de timón para que se replantee un rumbo definitivo”.
Los poderes de Murillo
En torno al grado de incidencia que tiene la primera dama, Rosario Murillo, en la toma de decisiones, el dirigente de la CC sostiene que “ella probablemente es de las personas con más poder y responsabilidad; es más, acumula mucho poder político, pero sinceramente creo que es una buscadora de poder espiritual, y para ello debe tener conciencia que un gran poder conlleva una gran responsabilidad y que los buscadores de poder espiritual pueden caer en la tentación, y ella debe superar esa prueba, al poner ese poder en función del bienestar de todos y no de los intereses económicos de un grupo”.
De igual forma, Pérez Leiva comparó el actual gobierno con el de la década de los ochenta, y lo primero que hizo fue preguntarse si realmente esta Administración es la continuidad de la anterior, y a su criterio está muy lejos de la experiencia histórica de la Revolución, aunque admitió que existen sus similitudes.
Los contrastes
“El primero y más obvio es que la forma en que el FSLN llega al poder en el 80 fue por la vía armada, y ahora, por medio de los votos; eso marca determinados límites, ya que cuando se llega al poder mediante la violencia existe mucha tendencia a hacer las cosas de hecho. Lo otro es que en el 79 no quedó nada del sistema anterior, ahora asumen con un Estado de Derecho y una institucionalidad que debe respetarse, lo que igualmente marca determinados límites”, señaló.
Asimismo, recordó que con el triunfo de la Revolución, el FSLN toma el poder con un grado de consenso nacional alto, por ello, la propuesta de unidad nacional trascendió hasta la oligarquía, dando como resultado un gobierno de unidad nacional. Ahora no existe ese gobierno, y ese gran consenso de los 80 se ha reducido a un pacto por muchos cuestionado.
Las alianzas
Otra cuestión, prosiguió, es que en los años 80 se pasa a una consolidación de la unidad del sandinismo, que inició como una realidad en el 79, pero ahora se observa a un sandinismo totalmente fragmentado. En aquella ocasión el FSLN estaba muy cerca de un proyecto de nación y además tenía su propuesta de partido, ahora se limita a un proyecto de familia y allegados.
“En los 80 el FSLN tenía una alianza con los sectores populares de la Iglesia, estaba en auge la teoría de la liberación y ahora está en total contubernio con el sector más reacio de la Iglesia Católica de Nicaragua.
No obstante, reconoció que este Gobierno no ha perdido en su totalidad la vocación social, algo que es muy importante, pues sólo el hecho de recuperar algunas de las conquistas de los años 80, como la educación gratuita, es un justo mérito.