Política

Nicaragua en la lucha geopolítica del petróleo


Tomado de Proceso
San Salvador

Nicaragua, uno de los países más pobres de Latinoamérica y del mundo, ha estado siempre en los “ojos de los huracanes” internacionales.
En el pasado reciente y en el presente su enfrentamiento principal ha sido con Washington.
La pequeña nación de “lagos y montañas” está envuelta hoy en una pelea de moda: la geopolítica del petróleo, la que tiene entre sus principales protagonistas al presidente estadounidense George W. Bush, y al mandatario de Venezuela, Hugo Chávez.
El presidente Daniel Ortega --que retomó el poder en enero pasado bajo el “paraguas” de una gran unidad nacional, que abarcó a amigos y ex enemigos; empresarios y trabajadores-- suscribió en enero un acuerdo de cooperación con Venezuela bajo el marco de la llamada Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA).
El acuerdo implica un monto inicial de 600 millones de dólares y la entrega de 600 millones de barriles de petróleo al año, así como inversiones, y la adquisición de 36 plantas eléctricas para suplir el déficit en el abasto de energía que ha sufrido Nicaragua por más de cinco años, desde que la distribución de electricidad fue concesionada a la empresa española Unión Fenosa, con la que Managua tiene un fuerte litigio, a tal grado que la semana pasada Ortega amenazó con intervenirla.
No obstante, Venezuela ha ido más allá de lo previsto. Caracas suscribió en marzo un convenio por el que se iniciaría este año la construcción de una refinería de petróleo.
Ésta se edificará durante cuatro años y tendrá un costo de 2 mil 500 millones de dólares. Tendrá capacidad para procesar 150 mil barriles de crudo diariamente. Tal convenio fue firmado por los ministros de Energía de Venezuela y Nicaragua, Elías Jaua y Emilio Rappacioli, respectivamente.
Es decir, tres meses después que Ortega asumió el poder, el presidente venezolano le ha ofrecido un apoyo económico estimado en tres mil cien millones de dólares.

El contrapeso
En el otro lado de la balanza, Washington ofreció a El Salvador --a su más firme aliado en el área y que le ha apoyado incluso con tropas en Irak-- apenas 461 millones de dólares correspondientes a una llamada Cuenta del Milenio. Dichos fondos estarán destinados al desarrollo de la zona norte del país y serán altamente monitoreados y sujetos a condiciones por las autoridades fiscales de Estados Unidos.
Pero el pleito Caracas-Washington también tendrá un nuevo actor: México. Lo hará a través del muy cuestionado e inmóvil Plan Puebla Panamá (PPP), que lanzó Vicente Fox en su sexenio y que heredó al actual presidente Felipe Calderón.
Así, México --después de su convulsionado proceso electoral-- vuelve a sacar el proyecto de construcción de una refinería de petróleo en una nación centroamericana aún no definida, aunque ayer mismo el presidente Oscar Arias anunció que México apoyará una refinería en su país.
Luego de cinco meses de silencio e incertidumbre, el comisionado presidencial de Guatemala para la construcción de la refinería mexicana en Centroamérica, Víctor López, anunció, a través de una declaración publicada en el diario guatemalteco El Periódico --25 de marzo de 2007--, que este 1 de abril estarán disponibles públicamente las bases de la licitación para la construcción de la fábrica de productos del petróleo.
López informó que el costo será de entre 7 mil millones y 8 mil millones de dólares, y será capaz de procesar 360 mil barriles de crudo diarios, de los que México otorgará diariamente 230 mil barriles durante 20 años.
Este plan será revisado en la cumbre presidencial del PPP que los mandatarios de Centroamérica tendrán con Calderón Hinojosa en la Ciudad de México, los próximos días 9 y 10 de abril.

Disputa México-Venezuela
Según el experto en Relaciones Internacionales, Napoleón Campos, el proyecto no deja de ser complicado, ya que son varios países los que se disputan el proyecto, el que internamente en México tiene también fuerte
oposición.
Campos cuestionó duramente los intentos tanto de Venezuela como de México de querer invertir cantidades fabulosas en refinerías de petróleo, cuando es bien sabido que es un bien no renovable y cada vez más escaso, además de cuestionado por el deterioro ambiental que produce.
“Centroamérica debe y puede impulsar proyectos de energías renovables.
Somos productores de azúcar de caña y de maíz, que son la base del etanol, que se percibe como el sustituto del petróleo”, apuntó el analista, quien además cree que “esto de las refinerías me parece que cae en lo que ya se conoce como ‘diplomacia populista’, por demás poco sustentable, porque nadie garantiza que quienes están hoy en el poder no puedan ser cambiados en cuatro o cinco años, y ser sustituidos por líderes no afines a los proyectos vigentes”.