Política

“La derecha le tuvo miedo a los Consejos”

El programa insigne del gobierno de Daniel Ortega, cuyo título se parece al de un utópico libro de autoayuda: “Hambre cero”, parecía haberse desmoronado tras la sustitución de su coordinador, el sociólogo Orlando Núñez, pero éste sale ahora a su rescate recordando la preponderancia que el programa tendrá durante este gobierno, pues, según asegura Núñez, el Presidente Ortega “está obsesionado por erradicar el hambre”

Lo que más llamó la atención del programa “Hambre cero” cuando la jefa de campaña del Frente Sandinista recorrió el país pregonándolo fue la persona que estaría al frente de él. Lo demás, en cuenta el nombre, fue catalogado como populismo en su máxima expresión.
Pero el futuro jefe, o coordinador en el nuevo lenguaje gubernamental, insistía en pasar inadvertido y ser apático a los flashes. Aunque más que apático parece ser escurridizo.
Ahora, en su afán por no dar motivos para que los medios de comunicación desvirtúen lo bueno que trata de hacer al gobierno, llega al extremo de intentar minimizar su figura. “Vos estás preocupada por mi empleo, habiendo un millón de desempleados en Nicaragua”, dice cada vez que las preguntas le dan la oportunidad de repetirlo.

¿Por qué pasa de coordinador a asesor?
“Bueno, porque la Asamblea Nacional no nos dio espacio en la coordinación de los consejos”, responde tajante, y luego agrega las palabras que le describen: “No importa donde estés, tampoco el cargo, si podés cumplir con la responsabilidad”.
Orlando Núñez, “Jerónimo”, para los guerrilleros que combatieron con él, es el principal promotor del proyecto que pretende enseñarle a subsistir a las familias más pobres de Nicaragua. Bono Productivo Alimentario es el nombre que le han dado a este componente del “Hambre cero”.
Una vaca o una cerda preñada, junto a un aparato que se llenará de estiércol, de donde saldrá gas y evita que los pequeños en el campo convivan en condiciones insalubres (y que los consabidos llaman biodigestor), además de la debida capacitación, serán las piezas claves en el gobierno de Daniel Ortega. Si fracasa el programa, con seguridad, el primer fracasado será Ortega y el segundo Núñez.
En el biodigestor converge la importancia y efectividad del programa. Aquí está en juego también la calidad de la capacitación. Núñez enumera sus bondades: “genera salubridad; el estiércol en vez de andar en el patio entra en la fosa, disminuye la producción de leña, disminuye el trabajo físico, se genera gas donde no había, no contamina la atmósfera y, lo que sobra, sirve como abono para las plantas. Al lado del biodigestor se hace una letrina y se evita la contaminación de la tierra, porque la excreta humana entra en una fosa séptica y se convierte en gas”. El bono incluye también semillas de granos básicos.
¿Y el Consejo de Soberanía Alimentaria?
Uno de los principales errores de Daniel Ortega en sus escasos dos meses de gobierno fue publicar en el diario oficial, La Gaceta, las reformas a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, antes que la ley fuese aprobada por la Asamblea Nacional. En la ley reformada se creaban tres consejos, uno de Comunicación y Ciudadanía, que dirige su esposa, otro de Políticas Públicas, y un tercero, el de Seguridad y Soberanía Alimentaria, que coordinaría Núñez.
Luego que los diputados de la oposición se percataran de la “novatada” del equipo legal de Ortega reformularon las funciones de los consejos y, aduciendo que sus coordinadores serían “súper ministros” los redujeron a simples instancias de consulta ciudadana.
Cuando el escándalo explota y las críticas empiezan a caer como goteras en casa con techo ruinoso, el Presidente Ortega da un paso atrás. La siguiente noticia en los medios, “gustosos de la confrontación”, dice Núñez, es su nuevo cargo. “Ahora el compañero Orlando será asesor”, dijo Rosario Murillo, dejando así la duda sobre el futuro del consejo que coordinaba Núñez.
“Se pensó que los consejos iban a coordinar, a formular, pero la Asamblea se asustó con los consejos, la derecha le ha tenido miedo a los consejos, le quitó presupuesto, le quitó funciones y los limitó. Eso fue lo que pasó, lo demás es pura especulación, y era todo lo contrario, la propuesta era fortalecer la institucionalidad”, explica Núñez. El Consejo ahora está coordinado directamente por el Presidente de la República, y sus proyectos, en cuenta el Bono Productivo Alimentario, pasan a los ministerios.

De cómo se capitaliza al campesinado
La Asamblea Nacional aprobó en el Presupuesto General de la República diez millones de dólares para el Bono Productivo que, en el primer año, se destinará a cinco mil familias y que tendrá un valor de dos mil dólares por familia. Según Núñez, el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comunidad Europea, entre otros organismos cooperantes ya han visto los resultados del programa que se ejecuta en zonas rurales del país y se han ido “persuadidos”.
Faltan 20 millones para que el dinero esté completo. Núñez cree que no será obstáculo conseguirlo porque por primera vez el Estado está dando una parte del dinero necesario.
Al menos 500 organizaciones no gubernamentales agropecuarias con presencia en la zona donde se desarrollará el programa darán asistencia técnica a las familias beneficiadas. Por cada cincuenta familias habrá un técnico que les capacitará y acompañará durante un año.
Cuando Daniel Ortega entregue la banda presidencial, 175 mil familias tendrán una mejor alimentación y ya estarán comercializando las crías de las vacas, cerdas o gallinas que le fueron dadas. Y, por supuesto, ya tendrán que haber pagado el 20% del bono.
Según explica el viceministro del Ministerio Agropecuario y Forestal (Mag-For), Benjamín Dixon, se priorizarán las zonas más pobres, y esto se hará analizando el Mapa de Riesgos. La Costa Caribe y los departamentos del Norte del país, principalmente Madriz, pueden ser las localidades donde inicien. La escogencia de las familias dependerá de las alcaldías, de los organismos con presencia en la zona y de los delegados de los ministerios.

Mujeres a la cabeza
Sin la mujer este sería un programa más que fracasa, expresa Núñez, quien desde el Centro para la Promoción, la Investigación y el Desarrollo Social y Rural (Cipres) ya ha ejecutado este proyecto.
“Pusimos a la mujer en el centro, ella es la propietaria, el hombre es el mozo, ella le dice ‘andá ordeñá si no no te doy leche porque esa vaca es mía’”. La razón del por qué la mujer es el centro es simple: “El programa necesita ser sostenible, no se pueden vender los animales al comienzo y la mujer es la mejor garantía, es la más responsable, tiene mayor empeño en darle de comer a sus hijos y valora el alimento”.
En las mujeres recae otro problema que pretende ser tratado desde el programa “Hambre cero”, la desnutrición infantil. “Se resuelve la desnutrición crónica si la mujer le da el pecho al niño”.

“Estamos aquí por utopías”
Hay interrogantes que a simple vista incomodan a Orlando Núñez, pero que responde con la típica sonrisa de un anuncio de pasta dental. Sonriente siempre y con sus ojos “zarcos”, este hombre, osado por haber discutido de política en la España de Franco, es tan difícil de encontrar, y lo único que hizo posible una conversación con él fue el hecho de haber empeñado su palabra en un momento de ofuscamiento. “Cuando aprueben el bono alimentario te hablo de lo que querrás, te lo prometo, llamame sí”.
Quizá pensó que luego de dos meses de búsqueda la llamada no se daría. Lo cierto es que allí estuvo, con la palabra empeñada y la disposición para mostrar el gas que produce el biodigestor, alimentado del estiércol y los orines de la cerda gorda, tan grande como una vaca, y de los doce cerditos que no paran de amamantarla, todos habitantes del Ciprés.

Volver por los fueros en el campo
Oriundo de Somotillo y educado en La Sorbonne de París, está aquí por la utopía, por negar la realidad que le entorna, porque no le gusta. “La utopía es una forma de superar la realidad, es como una visión, a lo que vos aspirás. Nosotros aspiramos a erradicar la pobreza extrema”, dice, mientras el viento mueve su cabello lacio, con rastros de que “ya la edad se le viene encima”.
Núñez asegura que la utopía del nuevo gobierno ya está validada por el campesinado. Hace 50 años, recuerda, en el campo se comía tortilla con cuajada, queso, y se bebía leche, todo lo que el nuevo gobierno pretende llevar ahora.
“No estamos hablando de algo que nunca ha pasado, ya antes la madre le daba el pecho al niño sin necesidad que se lo dijeran”. Lo utópico sigue siendo el “cero” que le antepusieron “al hambre”.