Política

Esquivos y moralistas


¿Qué haría usted señor diputado, que legisla para los cinco millones 142 mil nicaragüenses, si su hija, que lleva a su nieta o nieta en su vientre, tiene un embarazo de alto riesgo, como lo pueden tener los 2 millones 607 mil mujeres de este país cuando decidan tener un bebé? Fue la pregunta que algunos diputados tuvieron que contestar. Las respuestas son diversas, algunas interesantes, muchas esquivas, pero todas comprometedoras, pues cuando se habla de la familia las cosas cambian.
“Mi hija, además que la tengo señorita, no tiene ni novio, no piensa tenerlo por el momento, porque es una niña muy estudiosa”, dice la diputada Ana Julia Valladares, quien omitió pensar en el hipotético caso de que su hija, que ahora “ni jalando está”, sea una de esas 800 mujeres que sufren de embarazos ectópicos cada año en Nicaragua, según datos del Ministerio de Salud.
El aborto terapéutico, explica el doctor Efraín Toruño, Presidente de la Sociedad Nicaragüense de Ginecología y Obstetricia, se utiliza para salvar la vida de la madre, cuando ésta tiene alguna patología asociada. Se considera aborto a la terminación del embarazo antes de las veinte semanas de gestación, luego de este tiempo ya no se le denomina aborto, sino parto prematuro.
Las patologías asociadas, como le llaman los médicos, son enfermedades que hacen que el embarazo sea considerado de “alto riesgo”, es decir, que la mujer tenga posibilidades de morir en caso que pretenda terminar la gestación.
Una cardiopatía grave (enfermedad en el corazón), padecimientos en los riñones, entre éstos insuficiencia renal crónica, y los embarazos ectópicos, que son los que se desarrollan fuera del útero, son algunas de las enfermedades que, en mujeres embarazadas, son graves y ameritan la realización del aborto terapéutico.
Esquivo pero…
“No me gusta opinar sobre casos hipotéticos”, expresó Enrique Quiñónez al ser consultado. El diputado liberal, sin embargo, dejó notar una grisma de preocupación:
“Esperemos que me pase, si es que me pasa, ojalá y Dios quiera que nunca me pase”.
El día que retrocedimos 100 años
Un día nublado, con fecha de 26 de octubre de 2006, los nicaragüenses, con sus diputados a la cabeza, retrocedimos hasta el más recóndito extremo de la sociedad moralista. 52 diputados votaron a favor de que se derogara el artículo del Código Penal vigente donde se permitía el aborto terapéutico. Casi cuatro meses después la polémica sigue.
El diputado Wálmaro Gutiérrez prefiere ser responsable y respetuoso con este tema. No contesta por quién decidiría, si entre su hija o su nieta, pero es claro en decir que “si una figura jurídica ya estaba por más de cien años en nuestro Código Penal, sustraerla es un retroceso de carácter jurídico”. Gutiérrez dice que no votó aquel día, contrario a muchos de sus compañeros sandinistas.
“Como madre (me decido por) mi hija”, contestó segura Elia María Galeano, la “comandante Chaparra”. Galeano dice que ambas le dolerían, pero si tiene que escoger “entre un feto y su hija, que ya es una vida”, sin dudarlo, está primero su hija. Igual opina el diputado Juan Ramón Jiménez, quien “procedería positivamente para salvar a su hija”.
Mi hija decide
Alba Palacios no decidiría por la vida de su hija, ni siquiera hipotéticamente. “Mi hija es mayor de edad, tendría que decidir ella”. Para Eliseo Núñez, en cambio, la pregunta está mal hecha. “Haceme la pregunta correcta”, dijo, para luego agregar que “hay que tratar de resolver lo del aborto terapéutico a través de eximentes, porque cuando está en riesgo una vida, nadie comete un delito”.
Falta hacerle la pregunta a 85 diputados, porque juntos decidirán por esos dos millones de mujeres, incluidas sus esposas e hijas, por mencionar a las más cercanas.