Política

Un día en la nueva Asamblea

Los “padres de la Patria” que recién se estrenan en el oficio están poniendo a prueba sus capacidades de oratoria y de persuasión. Unos están reacios con los medios de comunicación; a otros les encanta la farándula, aunque todos se ven extraños conviviendo en un mundo donde hacer leyes no es la principal habilidad que se requiere.

Un día de tantos. 9:20 de la mañana. Entre la bulla, los aplausos y el griterío todo transcurre normal. Inicia la sesión. Cualquiera pensaría que éste es un inmenso salón de clases, lleno de lujos, como los que no hay en Nicaragua, donde las jóvenes se alisan el cabello y alistan el mejor vestido para dar buena impresión, y donde los jóvenes --muchos de ellos díscolos--, visten su mejor traje y portan el accesorio de moda que cueste más dólares y sea más ostentoso.
En este gran salón unos cuantos hablan, pero nadie escucha. Los entretenimientos sobran o se buscan, y van desde hablar por teléfono, cuchichear con el vecino y recorrer el sitio, hasta tertuliar con los periodistas que se amontonan a las orillas buscando la primicia del día.
Ésta es la Asamblea Nacional con sus noventa y un diputados. Falta uno, el ex presidente Bolaños quien, después de decir que “iba a agarrar de los más ralo a los ‘padres de la patria’”, será uno de ellos.
Empieza la sesión
Empezó la sesión. Como el maestro nicaragüense que atiende a más de cuarenta chavalos desobedientes, el presidente de la Asamblea Nacional, René Núñez, recuerda la efeméride del día o cualquier otro acontecimiento importante. Él es, según comentan los periodistas que religiosamente asisten a las sesiones parlamentarias, “un presidente negrero”, porque hace que los diputados retrasen sólo veinte minutos la sesión legislativa.
Con los aplausos por el recordatorio de la efeméride empieza también la habladera y la comilona. Wálmaro Gutiérrez, diputado sandinista reconocido por su elocuencia, come sus rosquillas y se mece en la silla, mientras Mónica Baltodano y Mario Valle, ambos electos por el Movimiento Renovador Sandinista, MRS, quienes días antes se sacaron “sus trapitos al sol”, conversan y sonríen amenamente.
Al parecer, entre la mayoría de los parlamentarios, existe una competencia tácita por ver quién habla más por su teléfono móvil. Los nuevos, muchos de ellos poco acostumbrados al trajín de la Asamblea, se recuestan silenciosos en sus asientos y parecen atender las confrontaciones del partido contrario.
Los nuevos
La joven Jenny Martínez, sandinista electa por Masaya, y una de las potenciales candidatas a conformar la Junta Directiva de Edad dentro de dos años, sonríe tímidamente. No se le conoce la voz todavía, sólo conversa con el compañero que está a su diestra y escucha las negociaciones improvisadas que el jefe de la bancada sandinista, Edwin Castro, indica.
Igual que ella están los más de treinta diputados que recién estrenaron su silla en la Asamblea Nacional. Cada uno distribuye su tiempo y atención de diferente manera, pero siguiendo la misma tónica del partido político por el que llegaron hasta allí.
Los liberales de la Alianza Liberal Nicaragüense, ALN, todos con su saco y corbata, al mejor estilo de los impolutos senadores republicanos, leen y escriben en sus páginas, no se sabe qué exactamente, pero sus ojos miran fijo hacia el papel que les acompaña en el espacio donde resienten la derrota electoral, detrás de sus antiguos compañeros del Partido Liberal Constitucionalista, PLC.
El sobrino del ex presidente Bolaños, Alejandro Bolaños, debuta con su corbata verde, como el típico conservador que recuerda sus raíces a cada instante. Él y el leonés Carlos Langrand pasan la mayor parte del tiempo interesados en lo que leen y escriben, aunque ya alzaron su voz para defender al jefe supremo de su bancada, el liberal disidente Eduardo Montealegre.
Cuando el clima se calienta
El punto candente en el plenario comienza cuando de las propuestas y los argumentos pasan al ataque verbal y luego a la “réplica”. “Estás sentado al lado de los corruptos”, le recordó Carlos Gadea a Eduardo Montealegre, quien sentado desde su asiento y con una sonrisa forzada le miraba fijamente.
Terminando de vociferar Gadea salió a la carga Eliseo Núñez Hernández, “para que no sigan repartiéndose, uno tuyo, uno mío”, sólo entonces, cuando los “argumentos” iban de las brasas al fuego, el presidente pidió “respeto con los comentarios”.
“No tenga miedo señor presidente”, gritaba la diputada Ana Julia Valladares, vestida de un negro que combinaba con su cabello rubio, al tiempo que la bancada liberal, ubicada en el ala derecha del hemiciclo, se convertía en una barra beisbolera que pedía al presidente “el derecho a réplica”.
Entre los más adaptados al devenir parlamentario está Maximino Rodríguez, que llega al extremo de silbar para secundar el comentario de la diputada Valladares. Por un instante, y teniendo de referencia el sombrero de Douglas Alemán, la Asamblea Nacional perdió su identidad.
En la otra esquina
En el lado izquierdo estaban algunos que seguían entretenidos en otros quehaceres, poniéndose al día con las noticias, como José Martínez que leía el periódico, o saludando a la mitad del personal de la Asamblea Nacional, como el diputado Tomás Borge, que recorrió asiento por asiento saludando a sus colegas.
Vestido con un pantalón y saco morado, con su infaltable camiseta negra con la palabra “Che” llegándole hasta la pretina del pantalón, Borge distrajo a cuanto diputado sandinista amenazaba por caer de sueño.
Francisco Aguirre reflexionaba y lograba captar la atención de sus compañeros de al lado, aunque no tanto, porque mientras Wilfredo Navarro tertuliaba con todo periodista que tuviese de frente e insistía en la “primicia” de la dinámica con la que se efectuará “el cumpleaños de Arnoldo”, y Allan Rivera, un diputado jinotegano, miraba “al icaco”, Aguirre filosofaba sobre el nuevo pacto que permitió la postergación de la entrada en vigencia de las reformas constitucionales.
El matizón callado
Por fin Hipólito Tórrez encontró las credenciales que tanto buscaba. “Al suave, al suave”, respondió Evertz Cárcamo, el diputado “matizón”, cuando algunos periodistas le preguntaron por qué no había abierto la boca en el plenario, mientras su compañero Jasser Martínez, ex líder estudiantil, llegaba al hemiciclo con nítidas huellas de desvelo, y, como siempre, con algunas horas de retraso para luego levantarse de su asiento.
Y así, unos reposan el cuello sobre el asiento anaranjado que las mujeres de protocolo le han asignado --muchas de ellas sacan a los diputados de la sesión para entregarles papeles--, algunos parecen atender las palabras de los que gritan queriéndose hacer escuchar, pero la gran mayoría discurre con su vecino sobre temas que ellos conocen de sobra.
Freddy Torrez y Aguirre.