Política

Próximo gobierno arriesgará su capital político

* Quien gane, o gobierna para la inmediatez o apuesta al futuro * Cómo gobernar en un país donde el 80 por ciento de la población vive con menos de dos dólares al día

Esteban Solís

El presidente que asuma en enero próximo y cuyo mandato termine en 2012 o en 2017, sin importar su ideología o referencia política, en los primeros seis u ocho meses de su mandato con toda seguridad verá reducido su caudal político por las grandes limitaciones sociales y económicas que padece la mayoría de los nicaragüenses que sobrevive con menos de dos dólares al día.
Esa es una de las conclusiones del académico y analista político Arturo Cruz, quien razona su tesis desde la base de que Nicaragua tiene una renta per cápita de 800 dólares, y eso significa que aunque crezcamos al cuatro por ciento año tras año y con un factor de crecimiento demográfico de dos puntos, “los beneficios de ese crecimiento en el corto plazo son poquísimos”.
En el marco del foro La Nicaragua Posible, el profesor pleno del Incae dijo que el presidente Enrique Bolaños, con cierta astucia, intentó gobernar para la inmediatez, y cuando así lo hizo hubo estabilidad que dio como frutos acuerdos con el FMI o la ratificación del Cafta.
Sin embargo, cuando quiso gobernar para transformar este país buscando cómo romper el oligopolio de la sociedad política tradicional (PLC-FSLN) con sus respectivos dueños, se vio acosado por esas mismas fuerzas.
El populismo
“Cuando una sociedad que está abrumada por la inmediatez y querés construir futuro, políticamente eso no es rentable, por eso es que siempre hay la tentación hacia lo que se llama populismo, que no tiene ideologías, simplemente son gobiernos independientemente de su signo político, que ante las necesidades inmediatas de la gente prefiere responder a ellas conscientes que de cara al futuro habrá limitaciones”, razonó Cruz.
Se preguntó ¿cuál es el precio de transformar de raíz un país como Nicaragua en el corto plazo? “Usualmente ingobernabilidad, sobre todo cuando al transformador se le pide que lo haga sin los recursos que dotan a su autoridad de poder y cuando el objeto de la transformación es precisamente la sociedad política tradicional que es la que cuenta con los recursos que le faltan al mandatario”.
Ese es el pensamiento del académico y analista político Arturo Cruz, quien afirma que en Nicaragua el dilema es o se gobierna con el país que se tiene resolviendo lo inmediato o se gobierna para transformar Nicaragua con los riesgos ya señalados.
¿Legado?
Cruz piensa que en los dos primeros años del gobierno de Bolaños la economía creció de forma modesta por la herencia económica, pero después de ese período el crecimiento ha sido vigoroso sobre la base de inversiones privadas, y pese a la incertidumbre que acarrea todo año electoral, cifras respetables señalan que habrá un crecimiento de cerca del cuatro por ciento.
Dijo: “Yo empiezo a vislumbrar al final de su mandato esa Nicaragua posible, creo que es un tema que hay que reconocer, aunque dentro de la inmediatez éstas son gotas, pero con el pasar del tiempo van a ir construyendo un legado que se va a apreciar”.
Añadió que Bolaños impulsó la nueva sociedad política hasta donde la gobernabilidad de Nicaragua se lo permitió, y por eso
es que muchos se decepcionaron porque si seguía empujando, descarrilaba al país.
Se hizo otra reflexión y es que Bolaños se enfrentó a todo dilema de un gobernante en este país, porque el 80 por ciento de la población vive con menos de dos dólares al día en unas condiciones de inmediatez extraordinaria cuyos recursos fiscales son pobrísimos.
¿Cómo mediar como gobierno entre la sociedad y el Estado con un presupuesto de mil 200 millones de dólares con más de cinco millones de habitantes y cuando el 35 por ciento de esos mil 200 millones viene de los ahorros externos?, se preguntó.