Política

Nicaragua espera más de su vicepresidente

Cinco candidatos a vicepresidentes procurarán conquistar al electorado nicaragüense, que no es atraído por quienes quieren ser presidentes. Los aspirantes se disputan la corona del más útil, luego que los anteriores “segundos mandatarios” se han dejado ver sólo a través de las cámaras de televisión. Dejando a un lado las funciones que la Constitución otorga al vicepresidente, analizaremos algunas que pueden contribuir a mejorar la situación del país y que demanda la población

En los últimos años la función del vicepresidente ha sido decorativa, a veces protocolaria o inútil, sin embargo, para Manuel Ortega Hegg, del Centro de Análisis Socio Cultural (CASC) de la Universidad Centroamericana, estas funciones contempladas en la Constitución son “sabias”.
“Es sabio tener previsto lo que ocurrirá frente a una pérdida definitiva del presidente, con una segunda figura que ha sido electa para asumir una transición más adecuada, menos traumática, que le sirva al país”, comentó.
Aparte de los beneficios que significan las mínimas funciones del vicepresidente, están las grandes desventajas que eso conlleva. La inutilidad del cargo es la principal. Por esto, Ortega cree conveniente que el vicepresidente, en conjunto con el presidente, defina las principales políticas del funcionamiento del gabinete social y económico del país.
“Con esto se quiere decir que el vicepresidente puede aportar ideas y recomendaciones, que pueden ser tomadas en cuenta por el gabinete. Pueden hacer recomendaciones sobre la política exterior del país, y las relaciones de la presidencia con los partidos políticos y otras instituciones”, consideró.
Con voz y voto
La voluntad del presidente es lo que determina, en todos los casos, la labor que desempeñará el vicepresidente. Aunque la ley sólo señala tres funciones específicas, no niega ninguna, es decir, tiene la potestad e iniciativa de hacer proyectos y obras que contribuyan a mejorar las políticas económicas y sociales de la población.
“Por ley (los vicepresidentes) tienen menos funciones que un ministro, pero no está negado por ley que los vicepresidentes ejerzan más funciones que éstos, incluso encargarse de un staff completo, del gabinete social, por ejemplo. Lo que pasa es que esas funciones dependen de la voluntad política del presidente”, observó Ortega.
Lo ideal, según el analista, es que el vicepresidente se integre con voz y voto al gabinete, aportando ideas y recomendaciones. “Una función donde podrían utilizarse las habilidades, conocimientos y experiencias, en beneficio del país. Las demás cosas van a depender de la relación que se establezca y de la confianza que tenga el presidente en el vice, para delegarle funciones”, dijo.
Con la experiencia y su labor, los vicepresidentes --según la percepción de Ortega-- tendrían un papel de asesores que, más que ejecutores de proyectos o de asuntos protocolarios, aportarían ideas en beneficio de las políticas ya establecidas.
¿Y cuando no hay armonía?
Para Ortega, la figura de vicepresidente, contemplada en la Constitución, es correcta. Argumenta su apreciación en lo peligroso que es “establecer dos cabezas en el Ejecutivo. Las contradicciones que se presenten entre el presidente y el vicepresidente podrían llegar a agudizarse más. El vicepresidente tendría funciones establecidas por ley, que en determinado momento y en casos de contradicción, podrían utilizarlas en contra de la figura del presidente”, indicó.
Sin embargo, esto es común en Nicaragua. Las pugnas entre el mandatario y su segundo han sido muy evidentes, al punto de que el cargo de Vicepresidente se ha reducido a una contradicción del presidente.
“José Rizo tenía claramente diseñado un camino hacia la presidencia. De una u otra manera, asumió desde un primer momento la necesidad de ponerse a distancia y hacer clara diferencia entre él y el presidente. Tuvo un papel de vicepresidente con cero. Ningún aporte al país, y utilizó el cargo para (intentar) escalar a la Presidencia”. Cuando se le reclama por las acciones que dejó de hacer, fríamente responde: “Es que no me dejaron actuar”.
Otros vicepresidentes han escenificado una ineficiencia provocada, como es el caso del actual presidente, “que no jugó papeles sustantivos, y en el caso de la Comisión de Emergencia para el huracán Mitch, donde tuvo un papel relevante, no cumplió (las funciones) como debía. Evitó por todos los medios entrar en contradicción con el presidente, con la finalidad de impedir ser bloqueado a la presidencia en el período posterior”, destacó Ortega.
Algo básico: la confianza
Muchas de las fricciones entre el presidente y el vicepresidente, están determinadas por la desconfianza. La escogencia del candidato que complementará la fórmula presidencial, no siempre reúne entre sus características, una relación de amistad entre ambos.
“La tendencia, en relación con el lugar del vicepresidente, ha sido un cargo de transacción política. Alguien que es ubicado como parte de un control del presidente, o en determinado momento es ubicado como parte de alianzas políticas, no necesariamente refleja la confianza del presidente”, indicó.
Tampoco es imposible que exista una relación de confianza entre el presidente y su vice. El vicepresidente del gobierno sandinista, Sergio Ramírez, tuvo mucha influencia en el gobierno y la administración pública. “Sergio Ramírez fue un caso muy concreto, tuvo funciones de gobernante y las ejerció plenamente en armonía con el Presidente de la República”, recordó.
La excepción que confirma la regla de la “desarmonía”, según Ortega, es la fórmula presidencial del PLC. “Es una transacción que podría resultar conflictiva. Son dos personas muy fuertes, las dos de nivel para ejercer funciones de gobierno a plenitud. Ante un eventual triunfo, es probable que las pugnas internas por protagonismo pudieran generar conflicto”, vislumbró.
¿Habrá armonía en las fórmulas actuales?
Los demás partidos, con posibilidades de triunfar, a su criterio, no entrarían en contradicciones tan pronunciadas. “El caso del MRS (Movimiento Renovador Sandinista) es concreto, la fórmula está compuesta por un presidente (Edmundo Jarquín) con bastante manejo de la gestión de gobierno, y un vice (Carlos Mejía Godoy) con un fuerte sesgo hacia lo social y cultural. Es bastante probable que este vice asuma funciones culturales y sociales”, consideró.
En el Frente Sandinista (FSLN), Jaime Morales Carazo sostiene que hubo pláticas con el candidato a presidente sobre las funciones que podría asumir de llegar a la vicepresidencia. Además, según explica Ortega Hegg, Daniel Ortega ha demostrado que es capaz de delegar funciones importantes al vicepresidente.
“Igual ocurre con Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y Alternativa por el Cambio (AC)”, debido a que los vices de estas fórmulas presidenciales están orientados a campos diferentes del de los candidatos presidenciales.
Otras de las funciones que podrían aportar al mejoramiento de las políticas públicas, es a través del acercamiento del vicepresidente con el electorado, y con los diferentes sectores del país, para hacer que esas demandas sean puestas en discusión, de tal manera que se tomen en cuenta. O como dice Ortega, para que éstas se conviertan en políticas certeras.
La meta es que este próximo vicepresidente no se convierta, en “una figura para conspirar contra el presidente”, y que aporte a un verdadero cambio en beneficio de la gente.

Ciudadanos sugieren funciones

Tatyana Luna

Independientemente de la voluntad y aspiración de cada uno de los candidatos a la Vicepresidencia de la República, esta posición sigue siendo de lujo, por tratarse de un cargo en el cual se devenga un jugoso salario sin hacer mucho por el país.
A menos de una semana del inicio oficial de la campaña electoral, en la que cinco aspirantes se disputarán el cargo, END ofrece la visión de potenciales electores sobre el futuro del vicepresidente que resulte electro.
Vilma Lechado, abogada y notario público, expresó preocupación porque considera limitada la función del vicepresidente, y poco creíble por su falta de compromiso social. “Estos personajes han fungido como infuncionales y decorativos”, observó.
Según Lechado, un vicepresidente debe “velar, supervisar y controlar el plan de gobierno que ofrecieron en la campaña electoral, informar a la población de los avances realizados por el gobierno, hacer públicos los actos de corrupción o anomalías, y no esperar hasta que concluya el período, para hacer énfasis en ello”, advirtió.
Funciones son muy generales
La comunicadora Martha Amador piensa que el vicepresidente debe asumir su trabajo en ausencia del presidente. “Muchas veces, el vicepresidente es opacado porque en Nicaragua sólo toma las decisiones el Presidente, dejándole sólo un nombre al papel que desempeña, porque no han funcionado como debe de ser”, opinó Amador.
Rafael Silva, Administrador de Empresas, consideró que el vicepresidente debe ejecutar “las tareas administrativas, tendientes a resolver los problemas de la población”, entre éstas, coordinarse con los demás órganos locales, como las alcaldías, reunirse con otros equipos del gobierno para observar y fiscalizar los problemas administrativos. “La función de la mano derecha del presidente ha sido muy discreta, desconocida y sin ningún protagonismo”, recordó Silva.
Se les debe exigir más
Selene Casanova, estudiante de Comunicación Social, opina que el vicepresidente debe encargarse única y exclusivamente de los asuntos exteriores. “Debe recibir a las comisiones internacionales, mejorar la gestión del presidente en el ámbito internacional”, dijo.
Fungir como vicepresidente es una responsabilidad, no (es ser) una llanta de repuesto, como suele decir el ex vicepresidente Virgilio Godoy.