Política

Carta de Tomás Borge a Fidel Castro


Managua, 13 de agosto de 2006

Querido Fidel

Durante el homenaje, en Panamá, al general Omar Torrijos, recibí llamada de mi eficiente secretaria Judyth, dándome a conocer la repentina crisis de salud de usted. De inmediato se lo hice saber al presidente Martín Torrijos, a Felipe González, a Rolando Araya, a quienes les provocó consternación la noticia. Armando Hart se retiró angustiado de la ceremonia.
Poco después compartí mi zozobra con Daniel y Lenín Cerna. Lamé a mi compañera Marcela, quien me dijo: “No se preocupe. Fidel está protegido por nuestro amor”.
Esa misma noche llamaron Ramsey Clark y el poeta italiano Roberto Pascualini, entre otros, creyendo, los tontos, que yo les podría dar informes adicionales.
Hago estas referencias para agregar indicios del cariño mundial hacia usted.
Con mis amigos he decidido, por razones obvias, no hacer fiesta con motivo de mi cumpleaños que por coincidencia, es el 13 de agosto. Daniel Ortega con su habitual --y poco conocido-- sentido del humor, me da halagadoras bromas sobre mi edad, “vos naciste el mismo día, el mismo año y hasta la misma hora que Fidel”.
No celebraré mi cumpleaños, pero estaré presente en todas las misas organizadas por miles de nicaragüenses donde se le pide al Dios de los cristianos por su salud.
Usted, Fidel, es entrañable. El ruido obsceno del imperio y de sus pobrecitos acólitos no logra acallar el repique de campanas en los corazones de millones y millones de seres humanos cuando se escucha su nombre.
Usted, Fidel, aunque decirlo parezca un lugar común, vivirá --su ejemplo, sus ideas--, hasta los siglos de los siglos.

Fraterno siempre

Tomás Borge