Política

El FSLN 27 años después


Trascender a una simple conmemoración es un proceso riesgoso, pero necesario. El pueblo nicaragüense tiene derecho a refrescar su memoria para reflexionar y hacer juicios más serenos a la luz de la experiencia. Una nueva generación estará ansiosa por conocer los fenómenos contados por sus propios protagonistas.
EL NUEVO DIARIO ofrece hoy, en voz de cuatro personajes, tres analistas y un político, una visión distinta de la efeméride tradicional del 19 de Julio, 27 años después. Sin ser profetas del pasado, examinaremos, de la mano de nuestros invitados: Freddy Quezada, Rafael Casanova, Aldo Díaz Lacayo y Jaime Morales Carazo, los procesos más intensos vividos por el partido de la Revolución, el Frente Sandinista, que sirvió de faro a muchos partidos, entonces ortodoxos, de la izquierda latinoamericana.
Paradójicamente, algunos de estos partidos lograron vencer sus tabúes y hoy son gobierno, mientras el partido nicaragüense sigue atrapado en conceptos conservadores que lo han llevado a dudar –-por sus hechos—- si realmente está a la altura de los procesos políticos modernos. La guerra, obviamente, fue un freno, pero no justifica todo.
¿Quién triunfa en Nicaragua en 1979?
Costó mucho que los dirigentes del Frente Sandinista reconocieran que fue la suma de muchos sectores encabezados por este partido los que pusieron punto final a la más oprobiosa dictadura que se haya conocido en este país.
El corto período de la bien intencionada Unidad Nacional fue efímera porque el ego de los principales dirigentes de la Revolución fue desestimando el aporte de los sectores no sandinistas hasta separarlos, y el colmo, en nombre de la Revolución, se reprimió a los sectores de la izquierda radical, acusándolos de contrarrevolucionarios y diversionistas ideológicos.
El historiador nicaragüense Rafael Casanova Fuertes se va más allá del fenómeno de la Revolución y nos explica que el Frente Sandinista emerge en 1961 como resultado de una nueva izquierda cuando un grupo de jóvenes se desprende del Partido Socialista Nicaragüense. “Esta nueva izquierda plantea como una única alternativa la lucha armada, y el aspecto organizativo y político pasaba a ser secundario. Este cambio de estrategia impactará 38 años después cuando este FSLN pasa a ser oposición y presenta debilidades organizativas”, contrasta el historiador.
Luego se refiera a otro hecho que se ha perdido en el camino cuando sostiene: “La mística que constituyen los valores con los cuales emerge el FSLN con jóvenes como Carlos Fonseca está basada en una disposición clara de ofrendar sus vidas por transformar la sociedad nicaragüense. Sus banderas eran la liberación nacional y el socialismo”.
Para fundamentar lo anterior, Casanova recuerda un hecho sencillo que ahora se puede ver como disparatado por la actual dirigencia, dueña de edificios, terrenos urbanos, fincas, hoteles. “Jorge Navarro se desplazaba por las calles de Managua con los 30 centavos del bus y con miles de córdobas en sus bolsillos producto de una recuperación bancaria y nunca los tocaba”. Ah, qué bueno hablar bien de los muertos pensarán, entonces dejémoslo en esta pregunta: ¿y por qué los sobrevivientes no son capaces de hacerlo ahora?
La suma de ejemplos de esta naturaleza, agrega el historiador, vino ganando las simpatías y la admiración del pueblo, y llegaron a ser respetados por sus enemigos, que lo llevan a triunfar la revolución de 1979 con ese FSLN construido en esa mística.
Triunfaron los universitarios
El analista político y sociólogo Freddy Quezada sostiene que quienes triunfan “son los universitarios; nada de proletariado, campesinados ni pobres urbanos, eso era discurso. El FSLN no es más que la representación de una clase media radicalizada, que no le vio salida a la dictadura”, considera.
Anotó que la división del FSLN “en tres pedazos” obedecía a razones estratégicas. Recuerda que Bayardo Arce argumentó en una ocasión que esa división respondía a la división de los papeles en que, supuestamente, la Guerra Popular Prolongada, GPP, se dedicaría al campesinado y la acumulación de fuerzas; los Proletarios trabajarían con sectores urbanos y obreros; en tanto los Terceritas harían los pactos y alianza con la burguesía y los partidos nacionales.
Anotó que la clase media nicaragüense era como ahora, “muy chiquita”. A su consideración “la conciencia más lúcida estaba en las universidades”, con una burguesía financiera y agro-exportadora también pequeña.
“La Revolución fue hecha por muchachos flacos, medio “mariguaneros”, medio locos, medio soñadores y medio idealistas. Eso le dio frescura a la Revolución, pero también eran totalmente inexpertos en el manejo de la política”, recordó.
Las tendencias
Define a las tendencias de la siguiente manera: “La GPP era una estructura “muy chiquita, que se estaba muriendo de hambre, pero tenía una concepción abstracta: creía que ya venía el imperialismo, con una estrategia totalmente ilusa y fuera de las coordenadas nacionales”, observó.
“Los Proletarios eran los chavalos que no se querían ir a la montaña, eran los (Jaime) Wheelock y (Luis) Carrión, y cuando los llamaron para irse, se asilaron a la Embajada de Chile y se fueron a estudiar allá. Éstos tenían algunas estructuras en las ciudades vinculadas a los colegios religiosos de secundaria, que era de donde extraían la mayor parte de sus cuadros; y algunos de la UNAN se quedaron aquí y empezaron a hacer de su cobardía una teoría y comenzaron a hablar del proletariado”, critica Freddy Quezada.
“La verdadera tendencia que de verdad pesó y arrastró a las otras dos fue la Tercerista, integrada por tipos menos ideologizados que los GPP y Proletarios, que tenían la teoría de Ho Chi Min y otras que trajeron del exterior, o la teoría de la dependencia latinoamericana, con un nacionalismo y marxismo raro que trajo Wheelock de Chile.
Los Terceristas no creían en esto. Era gente más pragmática, sabían que estaban mal en la montaña, que tenían problemas con estos “clasemedieros” de las ciudades, y entonces se dedicaron a hacer “alta política”, es decir, hacer política con los políticos, no estar haciendo discursos en nombre de los pobres y enmontañarse”.
Asegura que esa filosofía “llevó al pacto a los Terceristas. Primero coqueteando con Pedro Joaquín Chamorro, UDEL (Unión Democrática de Liberación), formación del Frente Patriótico Nacional y del MPU (Movimiento Pueblo Unido), incluso en el MPU, que era una alianza de la izquierda, no los dejaron entrar.
Las primeras alianzas
Para el profesor Rafael Casanova esas tendencias, entre ellas la insurreccional, lograron implementar una política de alianzas muy hábil en donde se involucró a grandes sectores, en parte a la gran empresa, en la lucha contra la dictadura, dejando de lado su actitud muy sectaria.
En el FSLN se dieron dos tipos de alianzas, sostiene el profesor Casanova. La Alianza Movilización Republicana en 1970, que es el primer gran intento de unidad de la izquierda, con un sector medio radicalizado de profesionales con cierta proyección, y el Partido Socialista, que tenía cierta base social en los sindicatos y el movimiento campesino en el campo.
Atrapados por el sectarismo
Luego viene otra alianza con el Grupo de los 12, donde se incluye a empresarios, que es encabezada por la tendencia insurreccional, dirigida por los hermanos Ortega y el comandante Víctor Tirado.
Paralelo a ésta se genera otra gran alianza, que es la Movimiento Pueblo Unido, donde están las izquierdas, el Partido Socialista Nicaragüense de Álvaro Ramírez y Julio Briceño Dávila, y el Partido Comunista de Elí Altamirano y los gremios, principalmente, estudiantiles y campesinos y el mayor peso lo tiene el Frente en el movimiento urbano juvenil y estudiantil.
El problema es que esta alianza y estas expresiones de izquierda, en el mismo 1979, son desarticuladas y de nuevo el FSLN pasa a una actitud sectaria y se pierde la oportunidad de generar un movimiento amplio que aísle a los sectores más conservadores del país y externos.
Pero Jaime Morales Carazo, en ese tiempo muy ligado al poder económico de Nicaragua, luego opositor al FLSN y hoy aliado expresa: “Nadie le puede negar el legítimo derecho a quienes vanguardizaron esa lucha. Esto no quiere decir que se excluye a otros sectores que también participaron, pero no se puede negar el papel destacado que jugaron los sandinistas”.
El costo de ser gobierno
Hace 27 años ocurre un extraordinario fenómeno nacional e internacional: triunfa la Revolución Popular Sandinista.
Según Freddy Quezada, con el triunfo de la Revolución se impone una estructura en la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN), con Violeta Barrios y Alfonso Robelo, que tenía la misión de reorganizar el sistema que gobernaba Nicaragua con Somoza Debayle.
Lamentó que de entrada se haya producido una supuesta persecución a la izquierda, y mencionó el cierre de El Pueblo, periódico del Movimiento de Acción Popular-Marxista Leninista (MAP-ML), además de persecución al Partido Comunista (PCdeN).
Casanova coincide con Quezada y va más allá cuando afirma que el FSLN se queda solo y forma algunas alianzas, pero formales o de cúpulas, y la Convergencia que aparece en el año 2001 es la que debió hacerse en 1979.
“En lugar de ampliar su alianza popular en 1979, reprime a los movimientos de izquierda como el MAP-ML, Partido Comunista y Partido Socialista, y los absorbe. Uno de los remanentes de esa absorción es Nathán Sevilla”, ilustra.
Los primeros rebeldes
Quezada recuerda que algunos sectores empiezan a desobedecerle a la dirigencia de la Revolución, y cita ejemplos como “Charrasca” (Fernando Toruño), “Pescado lucio”, “Tío Canda”, que son los verdaderos héroes populares, de quienes nunca se dice nada. Éstos fueron los primeros que se pararon el primer día de la Revolución”, historió.
Sobre el gobierno, Quezada dice que la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, JGRN, fue puesta para reconstruir el estado burgués, a pesar de la propia voluntad del FSLN. Tenían que hacer el Ejército, reconstruir el Parlamento, dividir los poderes, llamar a elecciones, y fue lo que hizo la JGRN, pero ahí se rompió por el rejuego, los ritmos y velocidades de esa reconstrucción”, analiza.
Casanova recuerda que “el FSLN como tendencia general terminó solo en los años 80, y el desgaste no sólo toma al gobierno, sino a la organización popular, porque para ser justos con la historia la Revolución hizo obras de impacto en Nicaragua y hoy son una reserva moral para el futuro de Nicaragua. Quiérase o no, a partir de los años 80 se desarrolla el pluralismo político a diferencia de los años antes del 79, donde solamente había dos partidos políticos, y así el FSLN organiza las elecciones de 1984 y 1990.
Las elecciones
Tanto Quezada como Casanova creen que el FSLN debió haber llamado a elecciones en 1980 para institucionalizar un gobierno de la Revolución, pero no fue así.
Recordó que el FSLN no quería soltar el Consejo de Estado “porque tenían que llamar a elecciones presidenciales, como estaba acordado, pero el FSLN, como es un burro, creía que iba a estar allí toda la vida. No llamó a elecciones el primer día de la Revolución, que hubiera sido las más populares del planeta, pero las tira para 1984”, recuerda.
“De toda manera hubiera ganado, pero el FSLN se quedó arriba, con un Consejo de Estado controlado por ellos. La gente se fue retirando y se quedaron solamente las organizaciones populares controladas por ellos. De ahí la JGRN comenzó a no mandar, sino que mandaban ellos (el FSLN), y empezaron a dividirse por feudos, con la Policía, el Ejército, Ministerio del Interior, por un lado, y ministerios económicos con Jaime Wheelock por otro lado”.
Las señales
Recordó que cuando doña Violeta y Robelo renunciaron de la JGRN, el FSLN los sustituyó con otros dos miembros de la misma clase. “Entra Rafael Córdova Rivas y Arturo Cruz. El FSLN comenzaba a enviar señales a la comunidad internacional de que no harían otra Cuba, sino una nueva Nicaragua, pero lo que realmente estaban haciendo era reconstruir el estado burgués”.
“Ellos (el FSLN), que se creían antiburgueses, que empezaban a amenazarlos con colgarlos en los postes y todas esas locuras que decía Humberto Ortega, lo decían en momentos que bastaba que (los amenazados) se presentaran como burgueses a los bancos, para que les dieran cantidades de dinero para las inversiones. Aquí las condonaciones de las deudas se las hicieron a todos ellos, todas esas condonaciones internas, que alimentaron la inflación, se la hicieron a todos esos burgueses que después alimentaron a la Contrarrevolución”, indicó el analista político.
Recuerda Casanova que hubo una situación que compartieron algunos intelectuales latinoamericanos y es que las elecciones debieron celebrarse en 1980 y no en 1984 y, aunque en el campo de la historia no hay derecho a especular, ésta fue una situación real.
En Nicaragua, entre 1979 y 1980, hubo dos personajes famosos, Tomás Borge y Edén Pastora, y hubo quienes pensaron en una fórmula presidencial con ellos, pero la dirigencia optó por esperar a que Daniel Ortega tomara experiencia y liderazgo. Ortega era el segundo en importancia en la tendencia Tercerista y esa espera se prolongó hasta 1984. Casanova cree que si se hubiera institucionalizado un gobierno, para Estados Unidos se hubiera hecho más difícil una agresión armada contra Nicaragua.
Los beneficiados
Lo que vino después, recuerda el historiador, es que los socialcristianos se fueron, también los socialdemócratas, el somocismo se organizó alrededor del PLC y al final se formó una oposición más fuerte y ese fue un craso error.
Freddy Quezada sostiene que “la política económica impulsada por el FSLN fue aprovechada por los burgueses. Ahí estaban los Pellas, ellos vivieron todo eso. Ningún grupo era más mimado que ellos. Esos tipos subsistieron los 10 años de la Revolución. ¿Por qué no se fueron del país? Porque tenían garantizado el subsidio en la producción, no les tocaron las empresas”, reprochó.
Según Quezada, cuando el FSLN es derrotado en las urnas, en febrero de 1990, “quedó diezmado, con una fuerza partidaria desencantada, desilusionada y hecha pedazos. Después se le van los sectores intelectuales. Una ideología política, sobre todo el nacionalismo que practicaba el sandinismo, que no tiene intelectuales que se la dibujen, teoricen la situación entre ricos y pobres, no sirve. Los únicos intelectuales de calibre que quedaron con el FSLN son los que siguen ahí, Oscar René Vargas y Orlando Núñez, pero los demás se le fueron”, observó.
Indicó que antes de la escisión de los intelectuales que conformaron el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), hubo una depuración interna “cuando empezaron a atacar a la gente de forma individual o por racimo, que no hicieron partidos, porque vieron que el FSLN, en vez de radicalizarse a la izquierda, se estaba congelando en una especie de centro raro”, indicó.
Despiece
El costo de no asumir el debate interno
En su libro El Frente Sandinista después de la derrota electoral, Ediciones Centauro, 1994, Aldo Díaz Lacayo ilustra el inicio de una gran oportunidad que tuvo el Frente Sandinista de debatir su futuro cuando se celebra su primer congreso después de la derrota electoral.
“El Frente Sandinista (...) invita a todo el pueblo (...) a participar en el primer congreso (...) Con este llamado damos inicio el proceso de discusión abierta, fraterna y constructiva... Éste fue el mensaje central en el acto conmemorativo del XI Aniversario de la Revolución Popular Sandinista, el 19 de julio de 1990”, escribe Díaz Lacayo, para indicar posteriormente que inspirado en esa ligera esperanza escribió un controversial artículo donde exponía, entre otras cosas, la necesidad de cambiar la estructura organizativa del partido y dejar a la Dirección Nacional como un referente histórico y pasar a elegir una comisión ejecutiva.
La idea fue como un sombrerazo. Daniel Ortega lo tomó a mal y solamente el doctor Danilo Aguirre y el ingeniero Dionisio Marenco estuvieron de acuerdo. Ahí terminó todo y el FSLN se volvió a encerrar en su dirigencia con la consecuente desarticulación después.
Cómo asumen la derrota
Díaz Lacayo reconoce en su libro que “el Frente Sandinista ha sido y aparentemente sigue siendo capaz de manejar la pérdida del gobierno no como una derrota estructural sino como un retroceso coyuntural. Es decir, el Frente Sandinista tiene el mérito de haber percibido correctamente el sentido y el estilo del cambio histórico actual y de actuar en perfecta consecuencia sin perder el control de sí mismo, y conservando la hegemonía política en la coyuntura que él mismo ha impulsado.
El híbrido ideológico de la Revolución Popular Sandinista fue asumido de manera diversa bajo el signo político e ideológico de sus observadores, simpatizantes o no, situación que terminó por convertirse en una de las características vitales de la revolución al costo de diferir la superación de las contradicciones en el marco de la teoría revolucionaria.
La Revolución Popular Sandinista no perdió el gobierno solamente porque no tuvo tiempo de superar las contradicciones a nivel teórico, formulando sus aportes a la teoría revolucionaria, ni porque la agresión norteamericana la obligó a privilegiar la vertiente marxista leninista, más aún, es necesario enfatizar esta afirmación agregando que en el momento electoral, ni siquiera fueron estas las causas principales”.
Más adelante, Díaz Lacayo sostiene en su libro que “el Frente Sandinista se convierte en un partido con un inmenso vacío de liderazgo intermedio, con una dirección colegiada ampliamente cuestionada por la derrota electoral con un fuerte liderazgo personal del líder y con una alta propensión al caudillismo y una precaria unidad de sus bases”.
El Frente Sandinista de hoy
Freddy Quezada es de la opinión que después del año 2000, cuando el FSLN hace el pacto con el PLC, “la gente empieza a desconfiar de quienes dicen representarlos. El FSLN no tiene todo el favor de la población, pero no están todos los que debieran para ganar las elecciones de noviembre próximo. Hay crisis por arrancar el voto a los chavalos, que están preocupados por el deporte, la música y no están pensando quiénes asisten a las elecciones”.
El profesor Casanova ve esta etapa como el abandono de la organización territorial por parte del FSLN y recuerda lugares donde había organizaciones hasta de 900 militantes hoy reducidos a mínimos grupos. “El FSLN pasa a ser una organización electorera que abandona a sus bases en momentos cuando no hay elecciones. Abandonó la organización de los sindicatos y se va a hacer un pacto sin organizaciones fuertes”.
Para Casanova se edita de nuevo el error de 1979 y no existe acercamiento con fuerzas como la de Herty Lewites, sino que les plantea un ataque visceral. “Es insólito que en el FSLN ocurran estas situaciones”.
¿Madurez o exclusión?
Jaime Morales Carazo es el candidato a la Vicepresidencia del FSLN bajo el concepto de una alianza. Desde su perspectiva política, “el FSLN está a las puertas de una cuarta etapa en su proceso histórico que se definirá con la toma del poder por la vía electoral. Su análisis lo basa en las transformaciones que ha experimentado desde que fue una organización político-militar hasta convertirse en partido serio, maduro y bien estructurado con una disciplina envidiable”.
Morales Carazo reconoce que “el poder es indivisible porque gobernar en cuerpo colegiado después de una revolución conduce a una etapa de mayor centralización y de definición en donde jóvenes gobiernan un país. Recuerda que gobernar se hizo más difícil para los sandinistas por la confrontación interna, por la acción bélica patrocinada por los Estados Unidos”.
Destaca, sin embargo, que “el FSLN después de su derrota electoral en el 90 negocia la sobrevivencia mínima de sus espacios vitales. Se insertó en el entorno internacional, lo que demuestra su madurez como partido político”.
Al hacer un balance de lo ocurrido hasta hoy, piensa que “el FSLN y el mismo Partido Liberal han propugnado por la consolidación de los liderazgos unipersonales o caudillescos, a diferencia de los conservadores, que han tendido siempre hacia las oligarquías, es decir, el manejo de cuerpos colegiados o corporativos de poder”.
Sin embargo, un hecho que destaca Morales Carazo ha sido la enorme habilidad que ha tenido Daniel Ortega que en 16 años fuera del poder “ha mantenido un partido fuerte, organizado y con mística de triunfar porque el partido que no se institucionaliza, desaparece”.

Impacto de la derrota electoral del Frente Sandinista
Pérdida de consenso.- Éste solamente se establecía en el seno de la Dirección Nacional y no en otra estructura. Surgió una fuerte corriente para renunciar al sentido revolucionario, las tesis estratégicas de la antigua tendencia Tercerista.
Pérdida de las estructuras.- Al desaparecer los organismos de barrios y las estructuras en los trabajos se desarticularon todas las formas organizadas existentes.
Protocolo de transición.- Un instrumento que facilita el desarme, la reconciliación, la paz y la seguridad nacional al respetar la institucionalidad del Ejército y la Policía, y que el nuevo gobierno reconociera la institucionalidad del gobierno de la Revolución y el estado de derecho revolucionario. Este paso fue negociado por los comandantes Humberto Ortega y Jaime Wheelock.
El Primer Congreso.- No se asumió el debate para la formulación de un nuevo Frente Sandinista y frustró las corrientes de opinión existentes en su seno, y se eligen los cuadros intermedios por voluntad de los comandantes Ortega y Sergio Ramírez, al final esta nueva Dirección Nacional fue impugnada por el mismo doctor Ramírez porque desconoce la opinión de la militancia que plantea el voto directo, universal y secreto. Esa Dirección Nacional no funcionó y los debates se abrieron al público.
El fraccionamiento del partido en cinco corrientes.- Los que cogobiernan, que lidera Humberto Ortega; los que trabajaron cerca del doctor Sergio Ramírez Mercado en el Estado y que defienden la tesis de la democratización; la tercera que dirige el comandante Daniel Ortega que sostiene la tesis de la defensa de las conquistas sociales, la fuerza real en las estructuras; una corriente de centro que simpatiza con las dos primeras y la quinta es sandinismo no orgánico, la inmensa y dispersa masa sandinista de las bases que reivindica la ética y el apego a los principios sandinistas.
La Dirección Nacional.- Desaparece y da paso a la elección de un secretario general que centraliza el mando en el FSLN y ahí se afianza el liderazgo de Daniel Ortega.
El reacomodo socioeconómico.- Las comodidades de los cuadros más importantes, el enfado de otros y la toma de distancia de las tareas del partido y en consecuencia el monopolio de Daniel Ortega.
El doble discurso.- Se acerca al gobierno y se hace un discurso reivindicativo; se critica el neoliberalismo, pero se hace discurso para reconocer que el gobierno debe ajustarse a los nuevos planes; se reivindican los principios revolucionarios, pero se habla de los nuevos cambios en el mundo; se reafirma la dirección colectiva y se asume un discurso individual; se proclama la unidad y se hace otra cosa con la disidencia y se excluye a quienes critican.
Discusión interna.- No hubo y nunca se aborda el papel de la oposición y la necesidad de la concertación que no debe negar la lucha por la defensa de las conquistas, aceptar que sin oposición no hay democracia y en consecuencia, concertación.
La estructura agotada.- Ésta colapsó porque desde la Dirección Nacional fracasó, también la Asamblea Sandinista y las siguientes estructuras.
(Versión resumida de una porción de texto del libro El Frente Sandinista después de la derrota electoral)