Política

Duros de convencer

Buscar la estrategia más acertada para atrapar a la tropa primeriza, será una tarea divina, propia sólo de un dios de la propaganda. ¿Cómo convencer a la “milicia” de más de 119 mil jóvenes, que estarán listos este noviembre para votar por primera vez, según datos del Consejo Supremo Electoral? ¿Planes de gobierno aterrizados? ¿Encuentros en discotecas o presentaciones en canales juveniles, al estilo de los candidatos presidenciales mexicanos? Esta generación pide algo más, y ellos mismos lo dicen. Sólo pensar que el cinco de noviembre estarán detrás de una cortina azul para depositar su voto por primera vez tiene tanta carga de adrenalina como la primera vez que hicieron el amor

A pesar de que son jóvenes entre los 16 y los 19 años, unos provenientes de las zonas rurales y otros de la capital, tienen claro que “la esperanza es lo último que se pierde”, más cuando se trata del rumbo que tomará Nicaragua a partir de las próximas elecciones.
Este año el voto primerizo será decisivo, y muchos partidos no lo ven así. Si nos atenemos a sus proyecciones, puede significar el 20 ó 25 por ciento de los votantes. Este sector es muy permeable a ser convencido por su inexperiencia, juventud y desinterés. Constituye a la vez, un segmento atractivo, pero, a la vez, aparentemente fácil de seducir. Sin embargo, entre ellos predomina la desconfianza.
La mayoría está por salir de la secundaria o cursando los primeros años de la universidad. Son novatos en el arte de politiquear.
Escoger la opción menos nociva no es suficiente para Martín Sánchez. ¿Escoger al mejor? Tampoco, porque no la hay. Lo ideal es escoger al menos peor. “Al final, todos tienen cola que les pisen”, dice.
Influencia del voto duro
Ha estado toda su vida dentro de una familia que ha tratado de inculcarle la cultura del voto duro, algo que no le interesa por ser cosa de disciplinados, de militantes, quizá de borregos que, ciegamente, persiguen al líder, sostiene. Mariela Fernández, habitante de El Rama, piensa todo lo contrario. Ella es partidaria del FSLN porque ésta es la inclinación política de su madre, pero admite que al final no sabe por quién votará.
“Siempre compiten los mismos partidos políticos y con las mismas propuestas. Sólo son el FSLN y el PLC, por esa razón nosotros como jóvenes perdemos el interés de votar”, expresa Mariela.
La inexperiencia estará a prueba
Por ser neófitos en fiestas electorales, analizarán a cada candidato y las estrategias concretas que éstos sean capaces de mostrarles. “Quiero a alguien que me demuestre con hechos. Si me promete mil empleos, que me diga cómo va a hacer para conseguir esos mil empleos”, dice Martín Sánchez, y refuerza la frase con un gesto patriarcal que denota seguridad.
Para Mariela Fernández, un buen candidato es el que tiene propuestas que incluyan a la juventud, la disminución de la delincuencia y la creación de plazas de trabajo. Lo esencial, según ella, es la personalidad y las propuestas de los candidatos, no los partidos políticos.
Lleguemos al punto: ¿Qué tendrían que hacer los candidatos para convencerte? “Tendrían que hacer una campaña humanística”.
La campaña humanística, de la que sólo habla Martín Sánchez, consiste en invertir en obras que perduren, no sólo en la memoria colectiva, sino a través de la historia, cuyo propósito principal sea satisfacer una necesidad de la población. Satisfacer la necesidad aunque no se gane la Presidencia de la República. “La reconstrucción del hospital psiquiátrico por ejemplo”.
Sería ideal que los millones de dólares que invertirán los candidatos en propaganda televisiva, escrita, radial y demás, fuese destinada a suplir las enormes necesidades de la población. Pero volvamos a la realidad, candidato que no sale en los medios de comunicación veinte veces al día, no existe. Utopía o esperanza, Martín Sánchez sigue a la espera de una campaña que le llegue.
Beliza Pérez, contrario a las de su edad, ya está convencida. Está en quinto año de la secundaria y sabe dónde pondrá la X este cinco de noviembre. ¿Cómo está convencida tan pronto, con sólo 17 años? “He visto poco, pero sé quiénes han hecho algo bueno por el país”.
¿De dónde saca tanta seguridad? De sus padres. Ellos son voto disciplinado. Le han inculcado algo en lo que ella cree fielmente. Esta joven quizá sea parte de una minoría de “raros” electores que no pertenece al ejército de indecisos, que determinarán las elecciones.
“Vale mucho lo que los candidatos hayan hecho por el país”, dice Diana Roa, quien aún no está convencida y, tal vez, poco interesada. Ella verá en el camino quién de los candidatos es el más confiable. Le faltan cinco meses en los que “analizará las actitudes de los candidatos” y el plan de gobierno que éstos presenten.
Al que prometa menos
‘Quien promete menos será quien menos te decepcione’, reza el dicho que Geiner Bonilla ha escogido para explicar el parámetro principal que usará al elegir al futuro Presidente de Nicaragua.
Viene de Santo Tomás, donde se han prometido cosas grandes y se han hecho cosas pequeñas. “Yo le creería más a la persona que prometa menos. Que propongan pocas cosas que en realidad puedan cumplir: fortalecer la educación primaria y secundaria, por ejemplo”.
Aunque está convencido de que los políticos nicaragüenses no merecen una pizca de confianza y que las promesas quedarán en palabras, votará, “porque es un derecho constitucional que le han otorgado, y porque no es correcto dejarle a otros la responsabilidad de elegir a los gobernantes”.
Lo que no quieren ver
Cae entonces la pregunta del millón: ¿Cómo te van a convencer? Geiner prefiere partir de lo más simple: “Que no me muestren lo que no quiero ver”. Como los demás jóvenes, no quiere la campaña sucia, típica en elecciones nicaragüenses. “Quiero que me den las propuestas, que no se enfoquen tanto en ver lo malo que está haciendo o que hizo el otro partido”.
Si se trata de enumerar lo que no le place ver, Geiner lo define en cuatro puntos. El primero: “Ver a un Daniel Ortega hablando a favor de los pobres mientras maneja su Mercedes”. Segundo: “Ver a un Montealegre que viene de la burguesía, tratando de verse bien con la gente de los mercados”. Y, por último, “ver a un José Rizo debajo de las faldas de un Arnoldo Alemán”. Por respeto a la memoria de Herty Lewites, omitimos el comentario referido a él.
Campañas coloridas
Es claro que los jóvenes dueños del voto primerizo quieren sentirse identificados con candidatos jóvenes. Ven en éstos un incentivo, una oportunidad para mejorar las condiciones de la juventud, el estudio y el trabajo. Pero no sólo se dejan llevar por las propuestas, sino también por la publicidad y las campañas coloridas de los distintos partidos políticos.
Para Crhistian Camacho, 17 años, el FSLN tiene consignas, movimientos de jóvenes que trabajan en los barrios, hacen fiestas y se preocupan por atraer el voto joven desde los mismos jóvenes, lo que para ella es una estrategia que acrecienta el triunfo del partido. Al final, la mejor técnica para convencer al voto primerizo, es a través de la imagen femenina y joven de los candidatos. Esos que en estas elecciones son invisibles.
Recuadro
Los jóvenes aspiran
* El futuro incierto es una de las principales inquietudes que expresaron los electores primerizos. ¿Qué hacer después de la secundaria? Si llegamos a la universidad, ¿qué hacer después de la universidad? ¿Ir a una maquila?
* Christian Camacho sabe por quién votará, pero lo que más le interesa es que los candidatos hagan propuestas que beneficien a los sectores más pobres del país, y “no como otros candidatos que le dedican sus mensajes al sector privado”.
* Mejorar la educación, el sistema de salud y disminuir la delincuencia son los principales pedidos de los jóvenes.
(*) Estudiantes de IV año de Ciencias de la Comunicación, UCA. Hacen su pasantía profesional en EL NUEVO DIARIO.

No escuchan a los jóvenes
Matilde Córdoba Núñez
La línea divisoria entre las aspiraciones y sueños y un pesado desánimo es tan sensible entre la juventud, que fácilmente “tendremos jóvenes frustrados porque tienen ideas, propuestas, y quieren hacer, pero no se les permite”, dice el psicólogo y catedrático de la Universidad Centroamericana, Alberto Sánchez, al explicar el rol que los jóvenes tienen en la sociedad.
La indiferencia y ansiedad de los jóvenes se debe a que, en la mayoría de los casos, los políticos hacen propuestas imposibles de cumplir. Sin embargo, se ve una cierta contradicción en esto, debido a que aunque la juventud está apática, no está renuente a votar.
Suele ocurrir, opina, que los jóvenes se apropian de los ideales de la familia, lo que está fundamentado, según Sánchez, en una insistente búsqueda de identidad.
Los jóvenes actúan con rebeldía, a veces hasta revolucionariamente, utilizan camisas con el rostro de iconos como el Che Guevara, pero esto no significa que exista alguna conexión entre el joven y el partido político explica Sánchez. “Muchas veces es identificación con la idea”.
Propuestas insuficientes
No existe un lenguaje ni color adecuado para convencer a los jóvenes. Es sólo cuestión de escucharlos. “Incluso cuando se les oye no se les está escuchando. Generalmente sólo se hace la mueca”.
La fórmula perfecta para atraer a la juventud es dándoles roles preponderantes, donde tengan la posibilidad de hacer cosas importantes, en espacios que sean visibles, expresa Sánchez.
“Las plataformas políticas de los últimos años se han caracterizado por abultar propuestas, pero en realidad, es muy poco lo que se sabe de los jóvenes y lo que se hace por ellos”, explica.
La propaganda dirigida a los jóvenes se enfoca en prometer cosas complicadas y casi imposibles de cumplir por lo que en el corto tiempo, van al fracaso. “El caso de la Secretaría de la Juventud es un ejemplo”.
Propuestas ideales
Para Alberto Sánchez, hay que partir de algo claro, al joven no se le propone, se le utiliza. Sólo existe “la idea del joven como plataforma, como voto, pero no la idea del joven como grupo etario con una propuesta y con una capacidad crítica”.
“La lógica del joven es sumamente local, no llevándotelo a otro lugar, fortalecer el barrio, ayudándolo allí, y que de esto surjan propuestas”.
A través de foros juveniles, explica, y con la red de alcaldes y concejales, se puede llegar a la juventud, porque éstos están más y mejor enterados de las necesidades de los jóvenes. Lo más correcto es incentivar a los grupos ya existentes.