Política

Editorial


Referendo quedó atrás y hay que ir más al fondo

Las demandas de un referendo para las reformas constitucionales que metieron en crisis el año pasado al Poder Ejecutivo con la Asamblea Nacional, se justificaban por la falta de legitimidad en el mandato electoral de esta última, para transformar la naturaleza de las instituciones del Estado y sus consecuentes atribuciones, con la simple aplicación del mecanismo establecido por la Constitución para sus reformas parciales.
Al haberse postergado la vigencia de esas reformas para después de concluido el actual período presidencial, y estando de por medio un proceso electoral de autoridades supremas para noviembre de este año, una consulta al pueblo sobre enmiendas a la Constitución como la que está proponiendo el presidente Bolaños es digna de mejor causa.
Diferentes organizaciones de la sociedad civil y la casi totalidad de la sociedad política, expresada a través de los partidos, con mayor o menor sinceridad, han coincidido en que el Estado nicaragüense necesita una transformación total que dé paso a verdaderas instituciones democráticas, a un auténtico Estado de derecho, a una sociedad dotada de recursos para controlar el uso del poder, a un ejercicio de gobierno realmente soberano, que fortalecido con esa nueva institucionalidad pueda enfrentar con dignidad, eficacia y transparencia el reto mil veces postergado de acabar con el atraso y la miseria de las mayorías.
Se impone, entonces, una mejor previsión para alcanzar estos fines, como el volver a atribuirle --ya se hizo en 1985-- a la Asamblea electa en noviembre la función de elaborar una nueva Constitución.
Es imprescindible, sin embargo, que esa nueva Constitución sea antes concertada en sus aspectos fundamentales por las conclusiones consensuadas que surjan de una debate nacional, e incluso frente a posiciones encontradas en ese debate, someter las diferentes propuestas a un plebiscito que, no dudamos, contaría para su realización con el apoyo de la comunidad de países amigos de Nicaragua.
Estamos en tiempo de legitimar, al fin, un pacto, un pacto de nación, y si fuera necesario ante cualquier sorpresa desagradable con la nueva asamblea electa, someter la nueva Constitución a un referendo.