Política

¿Oportunismo o reacomodos políticos

Desde que se restauró la democracia en Nicaragua con las elecciones de 1990, se ha generalizado entre las agrupaciones políticas la aparición de personajes públicos que cambian de ropaje para conformar su propio partido, pasar a formar parte de otras agrupaciones ante su inconformidad por la práctica excluyente de la conducción partidaria o porque simplemente son oportunistas.

La falta de espacios para expresar las ideas, la no democratización interna y las voces autoritarias y hasta dictatoriales, son, entre otros, los factores que llevan a grupos políticos mayoritariamente o en minoría a buscar tienda aparte, a separarse de la matriz del partido que los vio nacer y crear una nueva institución sin que ello signifique que abandonen su ideología, salvo casos excepcionales.
Sandinistas, conservadores, socialistas, socialcristianos, liberales, socialdemócratas, etc, se han fragmentado y han sido obligados, por las circunstancias ya señaladas, a formar otras agrupaciones políticas, algunos con ideas tal vez más avanzadas que se acoplen a los nuevos tiempos, pero sin perder su identidad ideológica.
Algunos dirigentes partidarios, como el ex presidente del Parlamento, Luis Humberto Guzmán, miembro de la Convergencia que encabeza el Frente Sandinista, prefiere denominar el travestismo político como “reacomodos” partidarios, aunque admite que no está exento de actitudes oportunistas.
Reacomodos partidarios
Los reacomodos políticos iniciaron en la Asamblea Nacional, con la primera escisión del Frente Sandinista, cuando el diputado y ex vicepresidente sandinista, Sergio Ramírez, arrebató a su antiguo partido la mayoría de legisladores y pasó a formar el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS). En el mismo Parlamento, se observó la división de la Unión Nacional Opositora (UNO), entre un sector legislativo que respaldaba a la presidenta Violeta Barrios de Chamorro y el otro que respondía a los intereses del titular del Parlamento Alfredo César.
Uno de los casos más emblemáticos es el de la diputada Jamileth Bonilla, lideresa del extinto Partido Comunista, quien pasó a ser secretaria de organización del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y ahora es dirigente de Alianza Liberal que preside Eduardo Montealegre.
Este fenómeno también se puede ilustrar con otro de los casos más absurdos: el del ex diputado Miguel Ángel Casco, quien era miembro de la Dirección Nacional del Frente Sandinista, principal suscriptor del pacto libero-sandinista, y al poco tiempo dio un giro de 180 grados al trasladarse al PLC y posteriormente respaldó las posiciones del gobierno del presidente Enrique Bolaños.
“Son fenómenos no exclusivos de la sociedad nicaragüense. Creo que hay que entender las circunstancias en que el sistema de partidos de Nicaragua todavía está en formación como resultado de las tres elecciones presidenciales desde 1990, ha emergido en principio un bipartidismo que es más producto de la voluntad de los electores que de las reglas electorales”, observó Guzmán.
Guzmán cree que, pese a esos reacomodos políticos, en Nicaragua no se ha producido un nuevo liderazgo, porque, según su criterio, han emergido partidos políticos nuevos con viejos dirigentes y mencionó a Montealegre, quien fue directivo del PLC y ahora es el líder de Alianza Liberal. En iguales términos se refirió a Herty Lewites que fue expulsado por el congreso del FSLN y ahora dirige la Alianza “Herty 2006”.
Bonilla se defiende
“Uno quiere que ese partido funcione democráticamente, actúe transparentemente sin exclusiones y respetando los criterios y derechos de los demás, pero no te permiten nada de eso y uno sigue con su pensamiento, con su corriente y lo único que conseguís es que te excluyan, aunque no necesariamente eso signifique que abandonás tu ideología”, razona Bonilla.
Ella dice que el Partido Comunista, prácticamente ya desaparecido, se anquilosó, se estancó en el tiempo, pero destaca el papel beligerante que jugó esa formación política dentro de la UNO en la formación, preparación y ubicación de cuadros para garantizar el triunfo sobre el FSLN.
Recuerda que, a principios de los años 90, tenía ideas renovadoras, modernizadoras para el Partido Comunista, pero no fue posible y “yo avancé, me separaron y hasta dije que no volvía a meterme en política”.
Arnoldo Alemán le pidió en el 94 que coopere con el PLC para la campaña electoral del Atlántico y posteriormente le solicita ayuda para su propia campaña en el 96 y “asumo la responsabilidad de organización electoral y defensa del voto sin todavía ser miembro del PLC”.
Incluso, cuando Alemán asumió el poder y ella fue nombrada en la titularidad del Ministerio de Acción Social, todavía no era militante del PLC. “No fue una cuestión de la noche a la mañana y fue hasta en el 1998 que el entonces secretario nacional del partido, José Antonio Alvarado, dice que quería tener el honor de afiliarme al PLC”.

“Entronización de liderazgos provoca tensiones”
El precandidato de Alianza por la República (APRE) José Antonio Alvarado estima que cuando se entronizan los liderazgos en las instituciones “se crea tensiones en las transformaciones democráticas, eso es natural”.
En lo que parece ser una velada crítica hacia los máximos dirigentes del PLC y el FSLN, Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, respectivamente, a quienes se les señala de haberse entronizado en sus respectivos partidos políticos, Alvarado piensa que los liderazgos son para poder encaminar y guiar las transformaciones cuyo elemento fundamental es la renovación.
¿Hay apertura en el PLC? “Yo siento que hay más amplitud que hace tres meses, pero no es suficiente y se expresa ahora en que por ejemplo antes no hablaban de elecciones primarias y ahora sí, no podemos dejar de reconocer los buenos pasos y hay que estimularlos para que se puedan dar más pasos”.
Alvarado nació, creció y se desarrolló políticamente en el PLC. A principios de 2000, abandonó sus filas precisamente porque reclamó más espacios y acusó a Alemán de haber secuestrado al partido, creó su propio movimiento, se arriesgó como candidato a la vicepresidencia de un Partido Conservador y ahora, desde la formación APRE, intenta aparentemente un retorno al PLC.
Considera que en política no hay nada más permanente que lo temporal. Pone ese ejemplo, porque cree que el PLC efectivamente está en un proceso de apertura y no por una cuestión estrictamente coyuntural de cara a un proceso electoral.
Alvarado afirma que jamás ha renegado del liberalismo, ideología de la que se siente orgulloso, tras destacar que, a pesar de la fragmentación del liberalismo en varios partidos y agrupaciones, todos, el PLC, el PLI, el PLC, entre otros, han aportado a la historia de Nicaragua.