Política

“Dejar ideologías y apropiarse de honestidad intelectual”

Si el papel de la prensa está definido por su capacidad de fiscalizar, raras veces el ejercicio funciona hacia dentro. A los periodistas se les acusa de poca capacidad de auto reflexión y control, pero cuando esta habilidad se pone en práctica, las conclusiones sacan a flote ciertas debilidades, pocas veces confesadas, como que el periodismo investigativo involucionó drásticamente o que la corrupción se filtró en algunos niveles de la profesión. Las afirmaciones no provienen de alguien ajeno a los medios, sino de la periodista e investigadora argentina Sandra Crucianelli, ante el desafío de la prensa latinoamericana frente al año electoral más intenso de todo el continente

Humberto Meza

En Sandra Crucianelli el consenso de que periodismo y matemática son irreconciliables se frustra de inmediato. Durante los 17 años que laboró como reportera en la ciudad de Bahía Blanca, sur de Buenos Aires, aplicó el rigor de las matemáticas y estadísticas a la construcción de noticias, especializándose en el poco ejercido “periodismo de precisión”.
Como si no bastara la demostración de tanto eclecticismo, estudió Bioquímica en la Universidad Nacional del Sur. Más tarde se especializó en periodismo científico y periodismo de investigación, que le dio la habilidad para coordinar, desde hace ocho años, el servicio informativo en el Canal 7 de TV de su ciudad.
Hace un par de días, hizo trabajar a varios periodistas nicaragüenses, calculadora en mano, para determinar la fiabilidad de las encuestas electorales, como parte del programa de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, orientado a la transparencia electoral.
“Vieras que fácil fue. Los periodistas manejan muy bien la calculadora, mejor de lo que creen”, comenta. Pero desde sus interpretaciones, esta destreza no se ejecuta, paradójicamente, en algunos aspectos más sensibles de la profesión.
“En muchos medios de comunicación en América Latina hay una suerte de pasividad, como que no se entiende el importante rol de la prensa. Lo que habitualmente vemos en los medios son fuentes orales, hablando, personas que dicen cosas todo el tiempo. Este periodismo de cubre-fuentes, lleva mucho a la confusión popular, porque falta un elemento clave de la comunicación: el análisis e interpretación”.
Medios y candidatos
En sociedades como Nicaragua, generalmente se le exige a los medios definiciones políticas. Se tiene que responder a tal línea para satisfacer a tus lectores. ¿De qué manera esta demanda contradice la misma exigencia que pesa sobre los medios, por conseguir la neutralidad y objetividad deseada?
No creo en la objetividad periodística. Eso es una utopía, porque los periodistas y dueños de los medios no somos objetos. Tenemos ideologías políticas. Creo que debe imponerse y reflejarse en el producto la honestidad intelectual.
En el caso de los dueños de los medios, sobre todo en América Latina, son personas que tienen familias con ideas políticas, o una que otra amistad y sus propias conveniencias editoriales. Es lógico que las defiendan, pero que las defiendan en sus editoriales.
En la sala de redacción, las ideologías deben dejarse de un lado, y apropiarse de honestidad intelectual. Si hay siete candidatos a presidentes, la lógica indica que debemos profesarle el mismo trato a los siete.
Un factor que media en campañas electorales, además de la misma prensa, son las encuestas electorales, ¿qué tanto cree que las encuestas son, ahora, un factor decisivo en elecciones?
Las encuestas son instrumentos válidos para predecir resultados electorales. Lo que no tiene que haber, ni tampoco fomentar los medios de comunicación, es la guerra de encuestas, porque esto, a mi juicio, causa niveles muy altos de confusión popular, en especial cuando no sabemos quién las financia, o no han pasado por procesos de revisión crítica.
Hay muchos estudios que indican que a la gente no le importa tanto el resultado de las encuestas. Le importa más quién la paga y quién las hace.
No prestaría demasiada atención al tema de las encuestas, y sí me preocuparía por un periodismo con mayores niveles de profundidad, no tanto dominado por las fuentes orales, sino más interpretativo, que hiciera análisis del discurso político, de casos, y que cotejara las promesas de anteriores candidatos versus cumplimiento o no, y hasta las historias de vida de los candidatos. Muchas veces se vota sin saber quién es.
Pero este tipo de información, generalmente es explotada por los equipos de campaña de los candidatos. ¿Hay algún punto de equilibrio donde pueden llegar los medios?
No me interesa lo que el equipo de campaña me quiera decir. Lo que me interesa es lo que quiero saber como periodista. Por eso digo que la agenda temática la debe decidir el medio y el periodista, no el candidato. Si el candidato quiere hablar por sus propios medios, para decir algo específico, que es su máxima voluntad, que ponga un aviso publicitario.
Hay que saber diferenciar monólogo político encubierto, de noticia pura, información legítima.
Cobertura de campaña
Se dice que en campaña, la imagen sustituye a la palabra, ya que ése es el primer contacto del votante. ¿Le parece que eso ha replanteado el tipo de cobertura que deben hacer los medios, sobre todo los no visuales, a las campañas electorales?
Me parece que todavía no, aunque la TV sigue siendo el medio de comunicación de masas por excelencia. El proceso de vídeo-politización está presente de manera muy marcada. Antes, la gente debía imaginarse cómo era el candidato, a lo sumo veía una foto.
Muchos de esos candidatos, tal vez no hubieran ganado si hubiera existido la TV, mostrando hasta sus gestos. Sin embargo, la TV existe ahora para inventar o destruir a un candidato. Depende del uso que se haga de la herramienta, y claro, de quien la use.
¿Cómo se posicionan los diarios impresos ante eso?
La influencia de la TV es innegable sobre todos aquellos que no compran, ni leen el diario, que es un grupo muy amplio. Sin embargo, en los grupos de poder, en las elites económicas y sociales de los países, la influencia de los medios impresos es esencial.
¿Cuáles son las trampas más comunes en que caen los medios, sobre todo en elecciones?
Los candidatos siempre van a querer ganar las elecciones. Es lo básico. Hay mayores o menores niveles de honestidad en este proceso, pero el objetivo es ganar las elecciones.
Hay unos que pueden llegar a ser inescrupulosos, comprando voluntades periodísticas y logrando acuerdos empresariales que protejan a ciertos aspectos débiles de su vida y su plan de gobierno. No creo que sean zancadillas, porque todo se enmarca en el plano de la corrupción, y como bien dice la frase: “La corrupción es como el tango, se necesitan dos personas para bailarlo”.
Usted cataloga a la función mediática como la del “perro guardián” de la sociedad, pero apenas sobre los candidatos. ¿Cuál debe ser la función sobre la institución que organiza las elecciones, que dicho sea de paso, no está en competencia?
Ése es uno de los grandes agujeros en las coberturas electorales, empezando por los padrones electorales, el control en la llegada de las urnas, distribución de las boletas, traslado de votantes, etc. No hablo de fraude, aunque deben de haber maniobras, pero también es cierto que en nuestros países los niveles de fraude han disminuido, comparado con décadas anteriores.
Nadie puede asegurar en América Latina que tenemos procesos electorales transparentes. Creo que hay mayores niveles de control social en la misma gente, a raíz del impacto de los medios sobre la vida cotidiana. Por ejemplo, hubo un buen nivel de periodismo investigativo en la década de los noventa en varios países de América Latina, que hoy están ausentes, lamentablemente.
Pero al menos esto causó un impacto, no en términos de trasladarlo a las instituciones, sino en alertar a la gente para motivarla y reclamar cuando hay irregularidades. Se motivaron hábitos de conducta diferentes en los ciudadanos. En definitiva, eso es lo único que nos está salvando.
Voto joven
Lo que no agotó su papel
Todo lo contrario, pero se ha evidenciado una involución. Tuvimos un periodismo muy responsable e incisivo sobre los gobiernos altamente corruptos, pero luego en los sucesivos gobiernos no se vio. Una investigación muy reciente en mi país, Argentina, determinó que un factor muy dañino fue el de la publicidad oficial, convirtiendo en secretos, muchos elementos públicos.
¿Cómo cree que las nuevas tecnologías, el internet, el uso masivo de celulares, etc., hayan trastocado la dinámica de las campañas electorales?
Puede haber incidencia tal vez entre los más jóvenes, que tienen más acceso a este tipo de tecnologías. A mí no me preocupa tanto, porque la internet sigue siendo patrimonio de una minoría. Quizá el sector más influenciado sea el de los votantes entre 18 y 25 años, pero también contra eso conspiran programas anti spam, o portales de protección contra este mercadeo encubierto.
¿Qué es lo que influye al voto joven, entonces?
Para mí, los jóvenes son un misterio. No termino de entender sobre la base de qué mecanismo se decide. Antes era por la tradición familiar, pero hoy se ve un cambio radical sobre ello, y ya no es la tradición familiar la decisiva.