Política

Reformas eliminan “tradición hiper-presidencialista”

* Recuerda que en 1995 suscitó simpatías, pretendía limitar facultades presidenciales y fue aprobada por unanimidad

Humberto Meza

El ex presidente de la Asamblea Nacional, Luis Humberto Guzmán, rechazó que las reformas constitucionales, aprobadas durante su mandato legislativo en 1995, sean las responsables del descrédito del Poder Judicial, como lo sugirió el ex ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo.
Lacayo aseguró a END que aquellas reformas dejaron “un portillo abierto” a la corrupción judicial, cuando limitaron las funciones del Ejecutivo, que tenía posibilidad de incidir en la composición de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), la que trasladaron al Poder Legislativo.
“El portillo para entrar a debilitar al Poder Ejecutivo y comenzar a pasar atribuciones a la Asamblea Nacional se abrió en el 95, y con consecuencias catastróficas, sino miremos el Poder Judicial que tenemos”, dijo Lacayo.
“No hay ningún vínculo. Si algo ha fallado son las personas, no los mecanismos legales. Se trata que el control sobre el Poder Judicial no venga de una sola persona, sino de un Poder más plural. Los que fallan son las personas, no los mecanismos”, respondió Guzmán.
Pero al margen de esta controversia, Guzmán asegura que detrás de ese traslado de competencias, existe un proceso de transformaciones necesario, que empezó en los años noventa, con la intención de eliminar gradualmente la “tradición hiper-presidencialista” que se extendió a lo largo del siglo XX en Nicaragua, al punto de prolongarse en el mismo período sandinista de los años ochenta.
Diferencias de Ley Marco
“Nicaragua viene de una tradición de gobiernos dictatoriales, y a excepción de los años noventa y en esta ocasión, el Parlamento ha sido un poder marginal. Con esos antecedentes de hiper presidencialismo, nos cuesta habituarnos a que la Asamblea actúe como un poder verdadero, de contrapeso al Poder del Presidente, que sigue manteniendo las mayores facultades”, valoró.
Bajo ese entendimiento, las reformas que el Parlamento pretende congelar mañana con la aprobación de una Ley Marco, que posterga su vigencia hasta el 20 de enero de 2007, sugiere el debate de una transformación pública tan profunda, que inevitablemente resultará en un nuevo sistema parlamentarista.
En este aspecto, según Guzmán, radicaría la principal diferencia con las reformas y la consecuente Ley Marco, aprobadas hace diez años.
“Las reformas del 95, al menos suscitaron simpatías. La idea no era limitar facultades presidenciales. También se crearon instituciones que afortunadamente han servido al desarrollo del país, como la autonomía municipal. Las de este año están sujetas a la controversia, y surgieron sin que hubiera algún compromiso de los partidos políticos. No estaba en la agenda de nadie, y por eso lo aplicaron en medio del mandato presidencial”, añadió.
Una segunda diferencia radica en que la Ley Marco de entonces, fue aprobada por votación unánime, contrario al actual, en que el presidente Enrique Bolaños y la bancada sandinista sugieren una votación de mayoría simple.