Opinión

Reflexiones de fin de siglo (II)


— Carlos Tünnermann Bernheim —

Ante un mundo en proceso de cambio, la educación permanente aparece como la respuesta pedagógica estratégica que hace de la educación asunto de toda la vida y dota a los educandos de las herramientas intelectuales que les permitirán adaptarse a las incesantes transformaciones, a los cambiantes requerimientos del mundo laboral y a la obsolescencia del conocimiento, característica de la ciencia contemporánea que se renueva en períodos cada vez más cortos, a la vez que se incrementa a un ritmo cada vez más acelerado. Se estima que la base del conocimiento se amplía cada cinco ańos. Las tecnologías, a su vez, cambian constantemente. El conocimiento tecnológico actual, dicen los analistas, será tan sólo el 1% del conocimiento tecnológico del ańo 2050.;


En Europa han llegado a la conclusión de que hoy día las personas tienen que estar preparadas para cambiar de empleo cinco o seis veces a lo largo de su vida laboral. En los Estados Unidos se estima que para el siglo XXI todo empleado profesional requerirá aproximadamente treinta créditos de estudios superiores adicionales cada siete ańos, si quiere mantenerse vigente en el mercado laboral. Dice al respecto, Peter Bonfield: Ťsi usted aprende algo hoy y lo sigue haciendo tal como lo aprendió cinco ańos después, lo único que se puede garantizar es que lo estará haciendo malť.;


Esta nueva visión de la educación, que es la visión para el nuevo siglo, implica cambios en el quehacer de los docentes y en su formación inicial y continua. Ellos también necesitan ser formados en la perspectiva de la educación permanente.;


Podemos entonces afirmar, que los educadores para el próximo milenio necesitan formarse en un nuevo paradigma: el paradigma del aprendizaje, en el cual los educadores, son primordialmente diseńadores de métodos y ambientes de aprendizaje, que trabajan en equipo junto con sus alumnos, de suerte que en realidad devienen en co-aprendices. Como nos lo recuerda Miguel Escotet: Ťla universidad nació centrada en los aprendices. En el siglo XXI volverá a estar centrada en ellos y no en los que enseńanť.;


En la educación para el siglo XXI, como ya lo dice la ŤDeclaración Mundial sobre la Educación para Todosť (Jomtien, 1990), lo importante son los aprendizajes realmente adquiridos por los educandos, que se traduzcan en un desarrollo genuino del individuo o de la sociedad, de suerte que adquieran conocimientos útiles, capacidad de raciocinio, aptitudes y valores.;


ŤLa educación en la era tecnológica, escribe León Trahtemberg, habrá de sustentarse en valores como la flexibilidad, la creatividad, la autonomía, la innovación, la rapidez de adaptación al cambio, el estudio permanente y el trabajo cooperativoť.;


A su vez, Jacques Hallak, Director del Instituto Internacional para el Planeamiento de la Educación, asegura que para responder a los desafíos de la globalización parece necesario preparar a las personas para un mundo del trabajo donde las tareas que hay que efectuar estarán en constante evolución, la jerarquía cederá su lugar a una organización en redes, la información transitará a través de canales múltiples e informales, la toma de iniciativa predominará sobre la obediencia y donde las Ťlógicasť en juego serán particularmente complejas debido a la ampliación de los mercados más allá de las fronteras de los Estados. ŤPor tanto, afirma, la educación debe ayudar a las personas a realizar tareas para las cuales no fueron formadas, a prepararse para una vida profesional que no tendrá un carácter lineal, a mejorar su aptitud para trabajar en equipo, a utilizar la información de manera autónoma, a desarrollar su capacidad de improvisación, así como de creatividad, y, en fin, a forjar un pensamiento complejo en relación con el funcionamiento del mundo realť. Más que para el empleo se trata ahora de formar para la Ťempleabilidadť, que es diferente.;


Managua, septiembre de 1999.;